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23 jun 2022

¿Qué carajos es eso de "gestores culturales"?

El asambleísta nacional del Ecuador, Fernando Villavicencio, lanza un tweet que da título a esta entrada. ¿Qué carajos es eso de "gestores culturales"? escribe, y aunque parecía que ya el tweet en sí mismo era una ola risible e inaudita, el tsunami llegó con los comentarios de las personas que respondían a ese tweet.

Sin embargo eso no fue lo único relacionado a los últimos acontecimientos nacionales que vinculaban al trabajo artístico cultural con la recepción que tiene este ¿oficio? desde la ciudadanía. Por allá días antes del titular de esta nota, en un tweet de Fernando Cerón, presidente de la sede nacional de la casa de las culturas, había también alguna comedida que respondía al tweet de Cerón muy enérgica y molesta diciendo que le quiten las "s" a la casa de LA CULTURA, porque ese era su verdadero nombre.

Ambos ejemplos, muy chiquitos, sirven de piedra angular para el mayor de los atentados que sufrió -y sigue sufriendo adicional que agravándose- el mundo cultural en esta semana, la toma a la casa de las culturas (con s), por parte de la policía nacional.

Esa toma, ya de por sí abominable, violenta, fragilizante, y ni qué decir tengo, inconstitucional; obtenía un carácter de bélica (esa sí, no las velicas que buscaba la policía) cuando la ciudadanía, en su rechoncha mayoría CELEBRABA esa toma, para que "las fuerzas del orden controlen a los indios que vienen a atacar a Quito".

Esta introducción debería llevarnos a todas las y todos los trabajadores de las culturas a preguntarnos. ¿Qué "carajo" estamos haciendo? porque está claro que lo estamos haciendo no solo mal, sino que pésimo. Extiendo la pregunta, ¿realmente estamos logrando algo con la gestión cultural?

En estos últimos días ha bastado el mínimo impulso o detonante para que las y los ecuatorianos destilen todo tipo de odio y no empaticen ni de casualidad con sus co-humanos, ni entiendan por qué es importante el notar que los discursos de "identidad" que defienden son profundamente racistas, clasistas, ignorantes e hirientes. Todo lo que se lee, desde noticias hasta redes sociales, es un goteo de veneno horrible, polar, binario y vergonzoso.

Yo siempre he sostenido, como trabajadora cultural, que somos un grupo endogámico que seguimos mirando hacia nuestro ombligo porque las grandes conversaciones académicas no tienen indígenas, ni negros, ni estudiantes secundarios (a todos se les invita a ratos), y siempre he sostenido que la gestión cultural tiene que pensarse desde la educación básica hermanada con las artes. Para eso recomiendo que lean mi tesis de maestría.

Sigo sosteniendo que nuestra relación es endógena, que para hablar de gestión cultural solo estamos entre gestores culturales, y que siempre se habla dentro de la academia, que siempre se habla como si fuera lo más trascendental del mundo para alimentar nuestros egos, sentirnos muy importantes y arrechonchar nuestros currículos, y a nadie le interesa, únicamente a nosotr@s.

Somos perros mordiéndonos la cola hasta el infinito.

Pero hoy en día, esto ha superado tanto los límites que me pregunto ¿por qué seguimos tan lejos de la gente del común? y con del común no quiero ser despectiva, con tanto odio que se desborda por allí no quiero sumar una raya más al tigre. Con del común me refiero a las personas que no tienen estudios culturales y no tienen por qué tenerlos, a las personas que estudiaron otras cosas, que se especializan en otras áreas técnicas, o que de pronto no estudiaron nada y se dedicaron solo a trabajar, y a los miles de estudiantes que se están formando en muchas cosas que no tienen nada que ver con las culturas, las artes o los patrimonios.

El grueso de la sociedad ecuatoriana -y lo confirman los comentarios de los tweets que cité al principio y que de verdad les invito a que lean- siguen pensando que las y los gestores culturales y de paso las y los artistas somos una bola de marihuaneros, vagos, piojosos, sucios, borrachos y desaliñados que no servimos para nada.

Honestamente parece que en esto último han tenido razón.

La invitación, es a notar lo lejos que está la labor de gestión cultural de las y los ciudadanos de a pie. Con actitudes súper cuestionables que han valido cientos de miles de comentarios negativos, como lo de la Universidad Andina que enfoca un porcentaje enorme de su discurso formativo al estudio de la condición indígena en América Latina y en Ecuador e, inconsecuentemente cierra las puertas a las y los indígenas que, aunque es su derecho como institución autónoma, también envía un mensaje claro, profundo y enorme a sus potenciales estudiantes y a sus actuales miembros.

¿De qué nos sirve estudiar esto? ¿por qué sigue siendo inútil el acercamiento? Bueno, si yo tuviera que responder, diría que es justamente porque no hay acercamiento, porque la academia sigue siendo burguesa y burócrata (y me refiero a toda la academia ecuatoriana, no solo a la universidad mencionada), porque no le interesa salir a la calle fuera de las horas de vinculación obligatorias, y por supuesto porque ese discurso sobre el que todas las academias se establecen, es un discurso inconsecuente con su proceder real.

Mi director de tesis de maestría hace unos meses atrás me hablaba impactado sobre la guerra en Ucrania y Rusia y yo me impactaba el doble por su idea de querer hacer un libro del tema. Porque para las personas que vivimos aquí en este país hoy, nuestra guerra no está en Ucrania ni en Rusia, nuestra guerra está en las cárceles en las que se asesinan impunemente por poder, porque la guerra es no tener qué comer, porque la guerra es no tener trabajo ni posibilidades de estudiar, porque las cosas suben de precio todos los días y los sueldos son miserables para quienes tienen un trabajo, nuestra guerra son los niños y jóvenes expendedores de droga por unos dólares, nuestra guerra es la inseguridad que no nos permite saber con certeza si llegaremos con bien a casa. ¿Qué nos importa que Rusia aplaste un botón, si nuestra guerra está a miles de kilómetros de allí? ¿Acaso ese botón que extinguiría la humanidad no nos haría un favor ante tanta injusticia e indolencia?

Volviendo al tema central, la academia, el círculo de intelectuales de este país y, muy tristemente debo decir, también las y los gestores culturales, estamos más interesados en conversatorios a los que no va nadie, o en hacer documentos que reposarán en alguna linda biblioteca en el mejor de los casos, pero no se está centrando en escuchar y en distribuir lo que sabe.

Hace un tiempo, que inicié mis labores en una corporación cultural, invitaban al cine a Monte Sinaí, al Guasmo, y yo me decía (admito que nunca había mencionado esto públicamente): por qué traen a esta gente acá si no deben ni entender estas películas tan rebuscadas, con el tiempo entendí que esa es de hecho, la única manera. Si no hay accesos a las artes, entonces trae a esos barrios hacia los centros donde se distribuye ese material, y dialoga, y conversa, crea lazos, arma comunidad.

Siento que las y los gestores culturales hemos fallado en nuestras labores, y este es un gran jalón de orejas, una gran apertura de ojos. Estas humillaciones públicas por parte de la nación debe servirnos para notar que nuestro trabajo es infructuoso si seguimos mirando nuestro reflejo como Narciso.

Queridas y queridos gestores, hagamos esa pregunta en serio, para adentro, hacia nosotras y nosotros mism@s sin romantizar nuestras respuestas; dejemos de echar la culpa a los otros, a los que no saben qué somos, ni quiénes somos, ni qué hacemos. Nosotros hagamos una reflexión sesuda y consciente. ¿Qué estamos haciendo para que la ciudadanía de esta nación sepa qué es un/a gestor/a cultural?

Una vez que nos bajemos del ego, del privilegio por supuesto, pero sobre todo de la endogamia que nos consume y terminará por extinguirnos, encontraremos la posibilidad de construir un trabajo conjunto y colaborativo con niñas, niños, adolescentes y ciudadanía en general donde el señalar con el dedo no sea una posibilidad y donde todas las almas de este desnutrido país, espiritual y fisicamente, puedan reconocerse como iguales, dejar de tomarse todo tan a la defensiva y salvaguarden el patrimonio material e inmaterial que es herencia para todas las generaciones, que constituye y constituirá nuestra historia, y es nuestro fin primario o debería serlo, desde la conciencia del territorio.

21 mar 2022

Introducción a: Violencia sistémica en la educación, alternativas desde la pedagogía de las artes para la mejora continua de la escuela

En un contexto pandémico atípico, en medio de un modelo de educación típicamente violento, la virtualidad da la posibilidad única en su tipo, de modificar las relaciones educativas para siempre. La escuela como territorio cultural en disputa, tiene ante sí un comodín que puede ser verdugo silencioso, o agente de cambio. Ese comodín es la pedagogía de las artes.*

La pedagogía de las artes, como formadora académica de quienes, a su vez van a formar en artes, debe asumirse como gestora cultural que propicie una interiorización humana que modifique las relaciones sociales para poder mejorar la escuela y debe cuestionar los roles de violencia que aquejan su carácter constitutivo.

Violencias educativas como la fragmentación de saberes, el analfabetismo funcional, el vocabulario educativo inadecuado, la alarma de los medios de comunicación, la deserción escolar, entre otras, pueden ser derrocadas mediante la educación responsable en artes.

*Ponencia del Primer Foro de Pedagogía de las Artes - Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana.

Cuando escuchamos la palabra violencia, seguramente pensamos en primera instancia en violencia física: golpes, empujones, violencia sexual o alguna agresión que repercute de manera material en las partes del cuerpo. Puede que se piense también en violencia psicológica en la figura de insultos, gritos, regaños, humillación, infravaloración, acoso, entre otros, que también tienen un buen componente anímico y emocional. No se nos ocurre que la escuela es un reproductor de violencia hasta que miramos por segunda vez.

La violencia escolar es un espacio de zozobra, de angustia, de encogimiento para cientos de niños y niñas en la educación, porque es un generador de mal-estar, de mal-trato en la figura de miedo, desasosiego, soledad, presión, pesos y tristezas de distintas maneras; además, afecta no solo a la o el estudiante sino a sus docentes y familia también sumergidos en ambientes hostiles. Esa violencia, con todos sus componentes, en lugar de decrecer es progresiva y se convierte en sistémica.

En el contexto ecuatoriano, la educación ha sido siempre impositiva, con la ley de ordenar y obedecer entendido como disciplina, además la educación esconde otro tipo de violencias como la fragmentación de saberes, el analfabetismo funcional, el vocabulario educativo inadecuado, los medios de comunicación como ‘trivializadores’ de experiencia y conocimiento, la deserción escolar, el abandono a las y los docentes, la estigmatización de las y los estudiantes, los siempre cuestionados métodos de calificación, entre otras violencias que se han exacerbado en el cuadro pandémico actual.

La huella que dejan los escenarios educativos en todas las personas es una memoria que nunca se rompe, que está herida, y sigue lastimando porque el recuerdo forma tu historia y a partir de ella te relacionas con los otros, con los espacios, con las condiciones de vida, con tus propias emociones. El dejar ese recuerdo sin sanar, es desposeerte del poder de elegir no repetir esos ciclos dolorosos para nadie más. Esa memoria colectiva ultrajada, perpetúa un ejercicio de violencia que se replica generación tras generación.

Esta investigación, a punto de publicarse, y de la que dejo este abreboca justamente para abrir el diálogo, pretende preguntarse de qué lado de la violencia se encuentra la pedagogía de las artes en la escuela, y qué puede hacer la academia para detener la violencia sistémica en la educación.

12 jun 2021

Anécdotas docentes: El estigma

Hace unos años, era la profesora nueva que llegaba a dar clases de inglés en uno de los colegios en que trabajé. El Vicerrector académico me dice: tú, con tu carácter tan firme, te vamos a poner a cargo del grupo más difícil. A mí eso ya me pareció un indicador extraño de cómo se relacionaban con los chicos en aquella institución.

Sin embargo, el verdadero shock me lo llevé un día después, cuando una profesora que se jubilaba me dice -déjame ver tu lista de estudiantes-; yo se la paso y saca los ojos mientras exclama -uy, tienes a Daniel Salas*, ya desde ahorita puedes ir haciéndole perder el año.

Casi me caigo de la silla. No podía creer que una profesora pudiera decirme eso de uno de sus estudiantes. Como es sabido, los maestros empezamos clases antes de que los chicos ingresen, así que tenía muchas ansias de comenzar el año y conocer al famoso Daniel, que tan mala fama había ganado con esa docente, y la verdad no era la única que tenía una apreciación similar del estudiante.

Cuando el año escolar inició y me enfrenté a todos estos "estudiantes difíciles", descubrí como imaginaba, que estaban exagerando y que era muy triste cómo veían a los estudiantes allí. Llegó finalmente el turno de conocer a Daniel, sin duda era un muchacho rebelde, indisciplinado, irrespetuoso, no negaré que la primera clase la transformó en una pesadilla para mí.

Joven como era, decidí hacer uso de esa característica para quedarme a solas conversando con él luego de la clase, me parecía mejor tomar al toro por los cuernos. Descubrí un muchacho solitario, con una madre con cáncer, un padre que hacía todo lo que podía para abastecer su hogar y a su familia, y sorpresivamente, el chico era muy bueno en inglés, solo que toda la vida le habían hecho creer que era el peor de su clase y de la escuela.

Daniel se transformó en uno de mis mejores estudiantes, y en las casas abiertas o exposiciones yo siempre lo ponía a él primero, para destacarlo y que todos notaran lo equivocados que estaban. Pero quitarle su mala fama no iba a ser tan fácil. Un día, llegan a la inspección los niños de octavo de básica a decir que dos estudiantes estaban haciendo actos indebidos en el aula. La inspectora fue y encontró a una estudiante manteniendo sexo oral con Daniel.

Lejos de ser una narración moral, quiero transformarla en una narración cronológica de los hechos. Se hizo una comisión disciplinaria y decidieron expulsar a Daniel. Nadie le preguntó nunca su versión de los hechos o cómo pasaron las cosas. La responsabilidad cayó sobre él y la chica fue catalogada y tratada como una víctima.

Como nadie se había dado el trabajo de conversar con él, o de preguntar nada, yo me senté con él en el patio y le pregunté lo obvio, qué pasó. Él me cuenta que la chica lo había besado, eso fue lo que vieron los otros compañeros y segundos antes de que llegara la inspectora, la chica se agachó, le bajó el calentador, y eso fue lo que vieron. Es cierto que él no se negó, sin embargo ella fue quien inició la actividad, y debió ser sancionada al igual que Daniel.

El tiempo me dio la razón, el año siguiente, encontraron a la misma chica en un baño del colegio teniendo relaciones sexuales con otro estudiante, una vez más iniciado por ella.

Daniel perdió el año, no conmigo, sino con otros de los docentes que desde que iniciamos ya tenía en su mente que el chico iba a perder el año por todo lo malo que en él veían. Yo recuerdo con cariño a Daniel, recuerdo sus perspicaces ojos verdes, y su sonrisa malévola que se transformó en mi aliada. Aún ahora estamos en contacto y suele recordarme que nadie vio en él lo que yo vi.

A mí me queda repreguntarme por enésima vez, qué hacen en la educación este tipo de personas que ni siquiera le dan al ser humano la posibilidad de cambiar, de ser otros, de intentar hacer las cosas mejor que en el pasado. Ahí comenzó mi obsesión con la educación, porque como Daniel, hay decenas de estudiantes que llevan sobre sus hombros la carga de lo que pasó antes, de lo que hicieron ayer, de una reputación que les violenta y que llevan consigo muchos años, creyendo que en serio son malos, tontos, insuficientes, malcriados, etc.

*El nombre fue cambiado para precautelar la identidad del chico.

7 jun 2021

Anécdotas docentes: De tal palo, tal astilla.

Una de mis estudiantes tenía una vida privada compleja, su madre la había tenido a muy corta edad y su padre la despreciaba; él incluso había llegado a afirmarle a ella misma, que si la iba a visitar o a ver no era porque le interesara sino porque buscaba regresar con su mamá.

Esta criatura era educada por su abuela, quien era una mujer con una historia similar a la de su hija, y estaba sola a su cuidado. Con el tiempo entenderíamos en la escuela la influencia que tenía la señora en la educación de la niña.

Un día, vino a visitarme su abuela, pues la niña le había dicho que yo le dije que era tonta, fea y negra, entre otros adjetivos que yo, por supuesto, nunca usé. Lo cierto es que el departamento de psicología de la escuela me llamó a preguntar por qué reaccioné de esa manera con la niña, a lo cual contesté que no era verdad.

A las semanas siguientes, yo recibía al menos un mail al día, y dos visitas a la semana en relación a las cosas que le decía a la niña. Ella aseguraba que yo le había dicho que me reconocía en ella porque era una niña rebelde que perdió tres veces el año, y que ser así de irreverente era algo que estaba muy bien.

Cuando las mentiras de la criatura salieron de control, hubo un ejercicio del departamento de psicología en que estaba mucha gente involucrada, ahí, frente a mí, la niña volvió a sostener que yo le había dicho lo de perder el año tres veces, y que ella era negra, tonta y fea. Para mí fue un shock muy grande, pues la representante del departamento de psicología me supo manifestar que la palabra de la niña tenía más validez que cualquier cosa que dijera yo.

Al acabar esa reunión, yo lloraba tanto que la misma niña se acercó a ofrecerme disculpas por mentir, pues era su abuela la que le enseñaba a mentir porque decía cosas en casa para ocultar su presencia a su padrastro y tenía con ella prácticas tóxicas, que yo inmediatamente comuniqué a la psicóloga. A partir de que la psicóloga confrontara esto con la abuela de la niña, ella adquirió una fijación en contra mía.

Con el tiempo entendí que siempre debía tener un testigo cuando hablara con la niña, y evidencia de cualquier índole. Para mi sorpresa, las cosas no terminaron allí.

Era el programa de navidad, y entre la locura de las presentaciones nos habían asignado la obra de teatro, es decir el evento central, el auditorio era tres pisos arriba de nuestra aula y había quienes, como siempre, se olvidan algo en el aula, o dejaron algo por allí. Lo cierto es que multitudes de personas van y vienen sin parar de un lado a otro.

El evento de navidad es el último antes de las vacaciones de diciembre y el regreso a la escuela se hace en enero. Cuando el evento terminó, y dejamos todo limpio y listo, salimos a comer con varios compañeros de trabajo. Al querer pagar la cuenta me percaté de que mi billetera no estaba, así que tuve que pedirle al jefe de servicios que por favor me abra el colegio al día siguiente, un domingo.

Llegué al aula y no encontré nada, y yo estaba segura que nunca saqué mi billetera de la cartera. Sin vacaciones porque tuve que sacar todos los documentos de nuevo, me resigné y me enfurecí, pues era la segunda vez que algo mío desaparecía en un evento con padres. Se lo comuniqué a mi jefa y ella me dijo que escriba a los padres, a ver si alguien vio algo.

Inmediatamente supe que era algún padre, porque mi aula siempre permanecía abierta, mis cosas siempre estaban a la mano, y jamás durante clases mis niños se acercaban o tocaban nada. Si solo pasaba en los programas escolares, es porque alguien que ingresaba justo allí era quien tomaba las cosas.

Llegó enero. Ya había sacado mis papeles de nuevo, y había comprado una nueva billetera. Cuando llegué al colegio, una compañera de otra sección me detiene en la puerta y me dice que la abuela de esta niña, la que mentía, la había llamado debido a que quería saber si había cámaras en las aulas porque yo había culpado a su nieta de robarme la billetera. El dato curioso es que yo nunca mencioné a los padres qué era lo que me habían robado, así que era impresionante que lo supiera.

Corrí a contarle esto a mi jefa, quien me llevó a las cámaras de seguridad, que grababan hasta 15 días atrás, pero ya habían pasado muchos por lo que yo no tenía mucha esperanza. Igualmente revisamos y efectivamente, notamos cómo en la cámara se ve a la abuela de la niña en actitud sospechosa; en honor a la verdad, no se le ve directamente tomar la billetera, pues las cámaras registran los pasillos y no las aulas, pero es evidente que retorna a hacer algo que la deja notablemente nerviosa después, y arroja algo en el basurero del baño.

Cuando escribo a los padres un nuevo mail mencionando que, debido a lo ocurrido, ningún padre de familia podrá volver a permanecer en el aula sin mi presencia, la abuela de la niña llega al otro día a decirme que se siente muy preocupada de las "desapariciones" de mis cosas. Jamás se desapareció nada de ninguna criatura. Yo la miro a los ojos y le digo: ya sé quién fue, porque vi el video de la cámara.

Los ojos y la cara de esa mujer cambiaron a espanto, por supuesto nunca me devolvió nada, pero yo me encargué de comunicarlo a todos mis compañeros. La señora nunca más volvió a aparecer en la escuela, y a partir de allí, dejó de ser la representante de la nena, para que sea la real mamá, la que haga frente.

3 may 2020

En representación de la memoria

Cuando me iba a graduar de tercer nivel, hubo un cambio brusco en mi Universidad. Despidieron casi a 400 trabajadores, entre personal de limpieza, mantenimiento, administrativo, docentes y autoridades. Hubo cambio de rector, y recuerdo con especial tristeza la salida de mi coordinador de carrera.

En 9 semestres conocí dos rectores de la Universidad, 4 decanos de mi facultad, y 5 coordinadores de carrera. Un escenario extraño, porque en teoría, tantos cambios solo podían ser fruto de una condición extraordinaria. Justo esos cambios, los más bruscos, se dieron en medio de mi proceso de titulación, y recuerdo con nostalgia que el ambiente que se vivía era lúgubre, penoso, con el aire contenido y las respiraciones muy tensas, nadie sabía si sería el próximo en irse.

Yo vivía mi propia crisis personal, mi directora de tesis llegó a ser sub-decana de otra facultad en otra universidad y no le quedaba tiempo ni para respirar, peor aún para dirigir mi tesis; así que prácticamente tuve que obligarla a que renuncie, porque no tenía tiempo ni de hacer efectivo el documento. Y las coordinadoras que llegaron después de quien había sido el coordinador toda la carrera, eran más una piedra de tope que una ayuda.

Recuerdo ese tiempo de grado con una tristeza aguda, es más, no tengo ganas de recordarlo porque representa una especie de trauma o capítulo felizmente cerrado, pero con una herida no cerrada. Viene a mi mente ahora, porque mi proceso de titulación de cuarto nivel ahora está frente a mí, y es tétrico y aterrorizante, ver cómo el escenario se empieza a repetir delante de mis ojos sin que yo pueda hacer nada.

El ambiente que se vivía en mi Universidad en tercer nivel era particular, silencioso, casi podías respirar el miedo de quienes todavía se quedaban, y el dolor de ver perdidos a amigos que habían trabajado décadas en esas instalaciones. Gente que reconocías de toda la carrera, y que ahora ya no ibas a volver a ver porque habían sido destituidos.

La noche del 30 de abril de este año, ha sido una noche que desencadena un escenario similar, pero con 6 años de diferencia. Ya no hay rector, se ha cesado en funciones a quienes eran las cabezas de lo que sería “mi facultad” y me da pánico sentirme de nuevo en una historia similar, sobretodo porque ensombrece procesos felices, como deberían ser los grados.

Aparte del golpe horrible de ver ejecutada la educación pública en estos momentos, creo que nadie se detiene a pensar en el daño colateral, o en los cientos de daños colaterales que un recorte implica. Son dos episodios distintos los de mi tercer y cuarto nivel, y con razones diametralmente opuestas, pero me deja pensar que quien toma las decisiones de recortar personal, no se da cuenta de cuánto daña, de todo lo que asesina, de lo mucho que lastima y los muchos a quienes hiere con decisiones “en beneficio” de quienes se quedan.

Para mí fue hacer relaciones desde cero con quienes no conocía, para que no se enturbie mi proceso, y puedan conocer de mi valía como estudiante, y de que había calidad en mi trabajo, pero por dentro, era una sensación horrible de no recibir sonrisas, solo presión y rostros que no sabían muy bien cómo enfrentarse a un panorama insensiblemente nuevo.

Que sirvan estas líneas para nada más, que para hacer saber que la educación es un lazo que nunca se rompe, que siempre te vas a sentir parte de esas aulas, de esas personas, de toda la gente que estuvo en el proceso aunque sean personas que no elegiste, como quién te atiende en el bar, o quién te cobra en colecturía, o quién barría tu pasillo. Son latigazos a la memoria, es un ultraje a los recuerdos, es desposeerte de las imágenes que te acompañan y forman tu historia.

A todos esos miles de trabajadores que están siendo despedidos, y que son parte de las estadísticas esclavas de este profundo calvario que no terminamos de transitar, sepan que van en los recuerdos de los estudiantes, siempre van, siempre van a ir y siempre van a estar. No podríamos graduarnos sin ustedes, no podríamos haber estudiado sin ustedes. Nuestra experiencia educativa es otra porque fueron parte, y duele mucho no poder decirles más que gracias.

Hay recompensas, que no nos corresponde dar a los actores de una vivencia, sino a quienes heredan la historia. O eso quiero creer para consolarme.

5 mar 2019

Puñado de pequeños

-Ah… y eres dirigente de primero de bachillerato, de paso te advierto que es el peor curso del colegio.

Así sin más, ni siquiera me preguntó si quería o si podía, primera inmersión en el mundo educativo establecido y formal, y ya me chantan el muerto. Llega el primer día y en efecto el dichoso curso parece ir de pésimo a peor, con un comportamiento de temer y un irrespeto al himno nacional. Si ni ese se salva –pienso yo- tengo las horas contadas.

¿Cómo se manejan los padres de familia? ¿Qué les digo para que me respeten pero no me odien? ¿Cómo se es buena gente sin que se me carguen?

Entran todos al aula donde esperan una bienvenida magistral de la tutora nueva, tanto padres de familia como alumnos están expectantes. Finalmente opto por ser la profesora pesada, me decanto por ganarme primero miedo, y luego como vayan las cosas, su cariño.

…ya no son más niños, han pasado a la etapa bachillerato, y a los padres de familia no quiero ni verlos por acá, estamos todos ocupados trabajando como para que vengan ustedes a traernos más problemas. O educan a sus hijos en la casa, o acá no es. Acá no se hace magia, si sus hijos son unos patanes, será porque lo heredaron de ustedes.

Salen todos, y ya sé que lo hice todo mal. Entra el vicerrector, a quien le debía tan gratísima labor de ser tutora. Ya ser profesora de una de las materias que más odia todo estudiante en el colegio era duro, pero ser dirigente fue mi graduación.
Los días pasaban entre darme cuenta que ‘el peor curso del colegio’ necesitaba algo muy distinto a la mano dura que les habían aplicado siempre, que nadie les había preguntado por sus verdaderos problemas y que ir de a gritos y reclamos había sido una táctica aplicada por todo el personal, y siempre fallida, porque como los muchachos no se reconocían en ese trato, lo rechazaban. ¿Quién funciona a putazos? –Ellos- me contestaba el vicerrector.

Entre mi clase de inglés y mis malabares con la dirigencia, fui descubriendo que era el sistema el que estaba mal, y conocí a un Martín* que me ‘bulleaba’ todo el tiempo, o me ponía el pie para hacerme tropezar, a Doris que llegaba cada mañana a las 07h00 en punto a llorar a mi aula y a recibir un abrazo; a Amaro que había sido rechazado por papá y mamá y sus profesoras lo detestaban porque era muy conflictivo. A Daniela, que tenía una definición errada del amor, y decidía enviar fotografías de su cuerpo desnudo a sus compañeros.

El rector, cada vez que hablaba yo con la psicóloga sobre una posibilidad de ayuda a aquellos jóvenes y niños tan perdidos, él contestaba jactándose que en los veinte y tantos años, el colegio nunca había tenido problemas. Me preguntaba yo, cómo llamaba él al intento de acuchillar a otro alumno que cometía Elías unas semanas después, o a que un niño de sexto de básica presenciara la escena sexual anal entre dos estudiantes de octavo de básica, si no era grave para él que los estudiantes consideren que la mejor forma de prevención sexual sea la abstinencia no por evitar ETS o embarazos no deseados, sino porque es un pecado que ‘hace enojar a diosito’.

Este colegio –religioso por cierto- me terminó de sorprender en cada aspecto, pues los estudiantes tenían realmente muchos problemas, a los que los ‘maestros’ solo ponían más candela cuando les decían ‘ustedes son el peor curso del colegio porque no sirven para nada, solo van a servir para vender agua en los semáforos’, ‘ustedes no dan más que para limpiar parabrisas’ como si esos trabajos fueran lo más denigrante, como si fallar en un examen fuera siempre una decisión.

Y estaba yo ahí, escuchando en mis horas libres, en mis recreos cómo más de la mitad no conocía a su papá, cómo a muchos los criaban sus abuelos, cómo a otros se les habían muerto sus hermanos, cómo otros trabajaban para pagar su casa. Y los acogía y jamás les negué un abrazo. Me di cuenta que aunque yo no me había formado como profesora, era mucho mejor maestra para ellos que los otros que solo los desmoralizaban y los trataban como una basura.

Me pregunto hasta hoy si esa técnica funciona.

Llegan los padres y es otro cuento, llega un padre de una nena de 12 años, y nos dice: mi hija puede tener los novios que ella quiera, porque está en edad de experimentar. Fue a ella a la que encontraron haciéndole sexo oral a un alumno mayor, y en posición de mesa en el baño frente a vicerrectorado. Llegan los padres a lapidar al maestro cuando quiere ayudar. Le digo a la mamá de Daniela lo que su hija está haciendo, y me dice que su hija es una santa y que va a denunciarme.

En medio de todo este fuselaje derretido de un avión que se ve que va a caer, el alivio son ellos; ellos que a pesar de sus problemas me los cuentan todos, ellos que a pesar de sus dolores sonríen, y que a pesar de que los humillan siguen guerreando. Supongo que ser adolescente nunca fue sencillo, pero serlo en este siglo es aún más complicado, porque nadie te mira, ni siquiera tus padres, y cuando te miras tú, te sientes ajeno a ese cuerpo, a verte tan físicamente grande pero de corazón y mente todavía tan inocente y frágil. Me duelen porque los adultos se aprovechan y se aprovecharon siempre de esa ingenuidad.

Y llega Camila, que aunque no puedo decir mi favorita, es la que más me enseñó y de la que más aprendí. Me cuenta su tía, que es su representante, que la tuvieron que sacar de la casa de la mamá –de Camila- porque la señora tiene un novio que quiso abusar sexualmente de Camila, y cuando ella lo denunció ante su madre, ella prefirió creerle a él. Sus tíos la obligaron -a la mamá- a poner la denuncia, pero nunca la terminó, porque amaba mucho a ese hombre.

Camila me enseñó que ser maestra es algo sagrado porque ella seguía todos mis pasos. No hubo lunes que no la viera llorar, porque pasaba el fin de semana con su mamá, y la extrañaba. Camila lloraba todos los días prácticamente, porque cuando superaba el fin de semana, se acordaba que lo estricto de sus tíos tampoco la dejaba ser una adolescente normal. Y en medio de eso, llegaba a vivir en un lugar al otro lado de la ciudad, en otro clima, en otro espacio físico, con otra familia, otros compañeros y hasta otra comida.

¿Cómo hay padres que tienen hijos para hacerlos sufrir? Algunos de los padres consideraron que darles todo a sus hijos, era la mejor forma de brindarles la educación que ellos no tuvieron, como si educar fuera un sinónimo de atiborrar de cosas materiales. Como si un juguete llenara el amor que ellos necesitaban, o el vacío que sentían.

Llega a mi aula otro de mis pequeños, su nombre es Matías y tiene el tan popular síndrome de atención dispersa, y autismo; el sistema educativo de mi país hace que tenga que darle evaluación diferenciada y también clases personalizadas en medio de una clase para otros 20 niños. Prácticamente, tengo que tenerlo sin hacer nada, y hacerlo pasar el año –según el ministerio, y el colegio que no quiere meterse en problemas.

Matías, toma, pinta esta manzana; le paso una pintura y sigo dando mi clase a los demás niños, tiempo más tarde regreso a mirar y Matías no ha pintado la manzana; no me sorprendo porque generalmente él no hace las tareas que le encomiendo por más sencillas que sean. Le pregunto casi por hablar al aire: ¿por qué no has pintado la manzana?... porque usted me dio una pintura azul, y las manzanas no son azules, son rojas.

El día en que me despedí de mis alumnos, fue Matías el que me dio el abrazo más sincero, y sorpresivamente fue él quien se me acercó a despedirse. Aprendí entonces que otros que están mal son aquellos que encasillan a los niños en cientos de ‘enfermedades’ cuando todos los niños son diferentes y únicos, y el que no caminen o se muevan como nosotros quisiéramos, no significa que no caminen en lo absoluto.

Volví a mis niños grandes, mi trabajo en el colegio era ir y volver entre los niños a los adolescentes, y a mis jóvenes, los más grandes pero que son mis encerrados; yo los llamo así porque están en un cuerpo que no les pertenece, del que no se apropian porque todo les es nuevo, que el vello, que la voz, que las hormonas, es como si nunca nadie les hubiera explicado que es normal sentirse raro, y que la mejor forma de acostumbrarse a esos nuevos residentes en el cuerpo es conocerse y amarse profundamente.

Para este punto del año, yo les daba todas las clases, no solo inglés porque me daba cuenta que sus vacíos eran tan profundos, que me era una irresponsabilidad ética no hablar con ellos de todos esos temas. Entonces pasaba del verbo 'to be', a la ortografía, de si existe Dios o no, a los agujeros negros, de anatomía y sexualidad a los adverbios de frecuencia. A intentar enseñarles que lo más valioso son ellos mismos, aunque sientan que nadie más lo ve, aunque piensen que no son importantes para nadie.

Entre toda esa odisea llega la inspectora general un día -que me odiaba especialmente-, a advertirme que ya no quiere volver a ver a los alumnos en mi aula, que se le hace raro que mis alumnos varones pasen conmigo todo el recreo, que no entiende cómo he podido conversar con Pamela, la alumna declaradamente lesbiana del colegio, y encerrarme con ella en el aula una hora clase.

Me advierte que va a hablar con los padres de familia sobre mi cercanía con los alumnos, que a ella no le parece que yo esté ocupando mi lugar. Lo irónico es que cuando ella finalmente decide hablar con los padres, porque yo no cambié mi comportamiento, son los mismos padres los que me piden que no me aleje de sus hijos porque mi presencia les ha hecho mucho bien.

Ya no trabajo ahí. Jamás compartí su filosofía de ‘educación’. Yo renuncié, aunque me demoré mucho porque no quería dejar solos a mis muchachos, sin embargo sé que cambié sus vidas cuando la Vane me puso de despedida: Dejaste un poco de tu magia en todos nosotros. Para la administración del colegio, la historia es otra, y se encargan de repartir la idea de que yo tenía una relación sentimental con uno de mis estudiantes, menor a mí 10 años. Es la verdad con que se quedaron.

Abro los ojos la siguiente mañana después de mi despedida, y tengo un dolor tan hondo en el corazón, como un vacío venenoso y picante, que no sé decir muy bien dónde está, pero siento que se expande por todo el pecho. Lloro, me río, me duelen, me acuerdo. ¿Qué estamos haciendo por la educación en el mundo? Desde esa experiencia decidí dedicarme a la docencia, aunque no sea profesora.

Hay niños tan solos en el mundo, tan golpeados, tan rechazados, que viven sin amor. Y tiene que haber alguien, aunque sea una persona, a la que le importen. No sé si me alcance para todos… pero lo voy a intentar.

*Se han cambiado los nombres

1 nov 2018

Permítame presentarme

Comenzamos a inicios de octubre la Maestría en Políticas Culturales y Gestión de las Artes; digo comenzamos porque somos varios. Lo anecdótico es que cada vez que tenemos un nuevo o nueva docente de módulo debemos volvernos a presentar; yo sugería que hagamos un power point y que cada docente lo revise antes, para que no se nos vaya tanto tiempo en la presentación, casi es una hora cada inicio de jornada en semana nueva.

La idea no prosperó y hay toda una explicación sociológica para que se siga realizando esa práctica. En fin. Lo particular me resulta que en cada semana me cuestiono cosas nuevas y cada vez que hay que hacer la presentación ya no sé muy bien qué decir; a veces pienso que soy bastante influenciable, pero luego reveo mis posturas y he aprendido tanto que en realidad no establezco una forma estática de ser, ni de pensar, lo cual es bueno.

Entonces empiezo diciendo lo mismo: Mi nombre es Cristina Figueroa, soy Periodista, soy actriz por el Laboratorio Teatral Malayerba de Quito, docente de expresión artística, artes escénicas, arte dramático, payasería e inglés; y viene la parte en que titubeo; voy a trabajar como investigación .... (larguísima pausa) .... sé que se va a enfocar en educación, en arte, pero ya no sé muy bien cómo ni con qué fusionarlo.

Me genera muchísima felicidad hacer la maestría, lo he soñado mucho tiempo, llevo leídos 15 de mis primeros 29 textos (y menos tiempo del que quisiera para terminarlos y entregar mis primeros foros y ensayos). Mis compañeros son muy diversos y cada uno es una enciclopedia en su campo, aprendo mucho de cada uno de sus comentarios y sus puntos de vista, en ocasiones, diametralmente opuestos al mío, me hacen construir cada semana nueva pensamientos que no sabía que tenía.

Hasta soñé con los argumentos de algunos de ellos... curioso. No quiero alargarme, solo quiero justificar mis largas ausencias del blog, y sostener aquí que sí voy a hacer una investigación relacionada al arte y vinculado a la educación, o viceversa, pero sigo sin saber nada más; lo sigo construyendo. Igual se aceptan sugerencias.

Mis compañeros construyen en mí, y yo con ellos. Mis docentes han sido grandes guías y me dejan cada vez más preguntas, supongo que entonces todo va bien.

12 jun 2018

La brújula errante

Este año ha sido indudablemente el más duro de mi vida, no me refiero al año 2018 como año calendario, sino al último año de edad. Hospitales, funerales, indecisiones, rechazos, desempleo. Realmente nunca pensé que podría tener un año así y lo más loco es que aún no acaba. Algunas personas me preguntan por qué me he desaparecido del blog, y no tengo una respuesta del todo honesta.

Una de mis alumnas más lindas y talentosas se graduará en los próximos días y se debate entre la pregunta de qué estudiar en la universidad; me cuestiona a mí por ayuda. Y yo estoy de nuevo en esa crisis existencial, no de qué seguir, porque terminé hace años la universidad en las dos carreras que estudié, pero siento que ahora el camino se me cruza con otras cosas y me encuentro sin dirección yo también.

Si volviéramos el tiempo a cuando yo salía del colegio hace 10 años, y me preguntaran de nuevo qué quieres estudiar, indudablemente volvería a contestar lo que seguí: Teatro, Comunicación. Las seguí ambas, ambas me gustan y sé que no me equivoqué porque fue lo que quise, y sé que el teatro y el arte es lo que amo. ¿Qué pasa entonces?

Que nunca me dediqué oficialmente a la comunicación sino a la educación, por acá me trajo el sendero y me acomoda, me gusta, me apasiona el trabajo con niños y adolescentes. Y llega el loco tema de buscar 'algo que hacer' y para hacer eso de 'educar' necesito ser Licenciada en Educación. Jamás me vi a mí misma estudiando eso, y sin duda no me veo haciéndolo ahora porque no me atrae estudiar 5 años de mi vida (otra vez) una carrera como esa.

Luego está el tema del teatro, lo amo, lo sigo practicando, y me encuentro con que no se hace válido en ninguna parte porque estudié en el Laboratorio Malayerba donde, por ética, no se entrega un título de Licenciatura al final de los también cuatro años de formación, sino un certificado de haber finalizado. Como nadie reconoce el 'título' entonces oficialmente, no tengo título de teatro tampoco.

Es una tara, porque lo que me ha dado de comer siempre, pero SIEMPRE, ha sido el teatro. Y me siento en la encrucijada de seguir la maestría y mi título apunta a un lugar donde mi brújula interna no quiere ir, nunca me vi reporteando, jamás me vi en un set de televisión. Me gusta escribir y amo la comunicación radial, en eso hice mi tesis y sé que me apasioné de algo que hoy en día, no utilizo.

La última búsqueda de trabajo que tuve fue muy breve, salí riéndome de mí misma.

Entré al centro educativo donde podían necesitar mis servicios y ni bien me paré en la puerta, me preguntó aquella mujer: ¿cuál es su título universitario? -Periodista- y esbocé una sonrisa, porque internamente sabía que la 'entrevista' había terminado.

No me arrepiento de lo que estudié, me gusta... pero no hallo qué hacer con esta nueva ola de sensaciones. Seguir una maestría en educación, tampoco es descabellado, pero no sé si me motiva eso. Arte sí, arte siempre y teatro es lo que haré de mi vida, jamás lo he dudado. Mientras tanto sigo en el limbo de no ser actriz porque mi título no tiene validez, sigo sin ser profesora, a pesar de que ejerzo hace 10 años de ello, porque no soy licenciada en educación, y no soy comunicadora, porque tengo el título (registrado en la senescyt y todo) pero nunca ejercí.

Estoy perdida, no sé bien si en una isla o de plano en otra galaxia, no me hallo ni encuentro una forma de salir, no estoy en depresión ni pienso suicidarme, pero estoy confundida, mareada y nerviosa, espero sepan entonces, perdonar mi ausencia del blog... es que no estoy aquí, ni en ninguna parte.

28 abr 2018

Un peu plus d'amour qui d'ordinaire

Así dice un villancico francés. Dar un poco más de amor que de lo usual, que de lo ordinario que damos al mundo. Sobre esta semana quiero compartir que no he parado de llorar al leer las noticias, de todo el mundo; parecen tan sombrías, tan negativas y son todas tan dolorosas. Mi resolución en un inicio fue no ver más esas noticias, no leer más esa información que es deprimente, humillante, injusta.

Pero dejar de ver las noticias no es una solución. La solución desde mi experiencia es educar, a los niños, a los jóvenes. Tal vez para nosotros los adultos no haya más futuro que este caos que nosotros mismos hemos creado; pero para los niños y jóvenes sí podemos aproximar un poco más de empatía y un poco más de amor.

Nuestros medios de comunicación nos abarrotan con titulares llenos de adjetivos, a mí en la escuela de periodismo me enseñaron que jamás hay que adjetivar una noticia, y leo TODO lleno de cosas como:... la inusual respuesta que dio.... la impactante fotografía.... la reinvidicativa posición sobre tal tema... la tenebrosa historia de.... Eso; sépanlo: NO ES PERIODISMO.

No se informa así, luego veo cómo la gente es cada vez más morbosa y publica imágenes en primer plano de los ataques de ácido, de las violaciones, de los asesinatos, de los suicidios; con contar la noticia ya estamos haciendo un suficiente daño a la mente de nuestros lectores, pero con la imagen, que consideramos que suma, lo que hacemos es insensibilizar a la gente.

Leer que bebés son violados, ya se vuelve común, que niñas son violadas, se vuelve común, que mujeres son arrojadas ácido en plena vía pública, se vuelve común, que los sicarios cometieron asesinato a plena luz del día, se vuelve común.

¿Qué nos sorprende? Ya nada nos sensibiliza, ya nada nos mueve. No es posible que escuche a gente diciendo: 'A estos dos nuevos secuestrados (en Ecuador frontera, por el frente Oliver Sinisterra) también ya los han de haber matado', como si de sacar pan del horno se tratara.

Por favor más empatía en el mundo, menos banalización de las noticias, un poco más de ponerse un segundo en los zapatos de las víctimas y del dolor de sus familias. Tómese un tiempo para preguntarse, qué pasaría si yo lo viviera, si esa fuera mi familia, si fuera yo la persona atacada.

Por favor, estamos creando un mundo de basura, en el que nada nos conmueve. En el que justificamos la violencia y culpamos a las víctimas. Es de horror. Nosotros construimos nuestra sociedad, si usted ve ese tipo de imágenes NO las comparta, si usted oye esos comentarios, NO los aplauda ni los respalde.

Sea cordial, amable con quienes están a su alrededor, ame un poco más, pregunte a su familia ¿cómo les fue?, no asuma que las malas noticias son las únicas noticias que podemos construir. Haga algo desde su casa, por favor enseñe a amar, enseñe a no violentar contra nadie y contra nada. Es terrible en verdad abrir el buscador y leer solo cosas horribles.

Un poco más de amor por favor.

28 oct 2017

Lo que "sí" está bien, y lo que "no" está bien

Para Ecuador... (y seguramente para el mundo):

-SÍ ESTÁ BIEN que haya decenas de niños violados, contagiados de SIDA por abusos sexuales. Pero NO ESTÁ BIEN que haya dos hombres caminando de la mano.

-SÍ ESTÁ BIEN que una mujer sea violada, maltratada, humillada, asesinada por su esposo. Pero NO ESTÁ BIEN que esté más de cinco minutos en una habitación junto a otra.

-SÍ ESTÁ BIEN que se abandone niños en la basura o que sus familias los maltraten y renieguen de ellos porque no los quieren tener. Pero NO ESTÁ BIEN que una pareja del mismo sexo quiera darles un hogar.

-SÍ ESTÁ BIEN que las niñas sean obligadas a recibir como un insulto la etiqueta "lo haces como niña", pero NO ESTÁ BIEN que los niños cocinen o los hombres sean padres solteros.

-SÍ ESTÁ BIEN que una alta autoridad robe al país de forma probada, que haya testigos y evidencia. Pero NO ESTÁ BIEN que se defienda el Yasuní.

-SÍ ESTÁ BIEN que una alta autoridad (la misma) les diga "histéricas" a mujeres que dan su opinión y ejercen su trabajo y su derecho. Pero NO ESTÁ BIEN que esas misma mujeres hayan sido reinas de belleza.

-SÍ ESTÁ BIEN que la televisión se pase horas hablando de la vida de las personas en programas de farándula banales y vacíos, pero NO ESTÁ BIEN que haya un documental o programa educativo porque es muy aburrido.

Puedo seguir con una lista interminable.

La impotencia y el dolor es tal al ver las noticias, que sigo sin entender cómo nos hemos preguntado tantas veces el por qué somos un país en vías de desarrollo, si las pruebas las tenemos nosotros mismos con nuestras actitudes. No entiendo, y nunca, NUNCA JAMÁS voy a entender que en este país como en tantos otros, se prime la violencia y no se defienda el amor. Que en este país prefieran ver el dolor y la sangre, la muerte y las lágrimas como hechos naturalizados, pero no se puedan conmover cuando hay una manifestación afectiva entre dos seres que confiesan amarse, sean como sean, y en las condiciones que ellas tengan.

Somos unos atrasados como país, somos unos desalmados como personas.

Una persona, en este caso un pueblo, que prefiere ver como "normales" y como hechos que sí están bien, los que priman la maldad sobre la inocencia, y desafían cualquier empatía, cualquier filantropía, no puede ser más que una persona y un pueblo misántropo, odiador del género humano. Eso es lo que no está bien, eso es lo que es antinatural.

Ojalá la estupidez no nos consuma.

6 oct 2017

La "educación" del siglo XXI

Soy maestra por casualidad desde que tenía 19 años, ni bien salí del colegio y pasé un par de cosas más y me inmiscuí en este precioso oficio en el que llevo ya casi una década. Todas las cosas han cambiado desde entonces, desde los estatutos de educación, hasta los propios estudiantes, sean estos niños, adolescentes o adultos; pero tal vez con el cambio más brusco con el que me encuentro, es con el cambio que han tenido los padres.

El ministerio de educación cambió muchas cosas, ahora no se les manda deberes, ahora no se les puede hablar feo, ahora no se les puede dar órdenes; simplemente ahora los estudiantes tienen el poder, lo cual ha cambiado la forma en que se ve la educación, ahora somos los maestros quienes debemos tener miedo de que la pobre criatura no se queje, porque si alguno de ellos se queja, nos sacan a nosotros de nuestros trabajos.

En este tiempo en la educación me he encontrado con todo tipo de casos; desde los niños que lo tienen todo, menos el amor y tiempo de sus padres, hasta los niños que no tienen nada, ni siquiera padres. Me centro mucho en los padres de familia porque pienso -y el ejercicio profesional me ha demostrado que no me equivoco- que en el quehacer de los padres radica el éxito o el fracaso de un niño.

Si los chicos no aprenden, enseguida vienen los padres de familia a reclamar a los profesores sobre su poca satisfacción con las notas. Cualquiera en su lugar haría lo mismo. Lo que los padres no saben es que nosotros damos las clases, pero la verdadera educación se origina en casa. Cuando venían los reportes de mis estudiantes dirigidos, yo no podía más que preguntarme: ¿qué hicieron los padres? Y los llamaba a reuniones de curso y ellos no sabían hasta qué hora sus hijos se quedaban en las redes sociales, no sabían cómo les fue a sus hijos en el colegio, no sabían si de verdad no tenían deberes (porque los chicos siempre contestan 'nada' cuando los padres preguntan ¿qué te mandaron en el colegio?), no sabían ni siquiera con qué uniforme iban al otro día sus hijos.

Lo que siempre les dije fue: nosotros podemos 'controlarlos' las horas que están aquí, pero cuando no están aquí ¿qué hacen ustedes?. No todo es darle dinero a los hijos. Fuera de todas (o casi) las instituciones educativas del país hay gente inescrupulosa que conoce qué niños están solos, y les ofrecen drogas, y los siguen hasta que ellos acepten esas drogas que obviamente no les muestran así, sino a modo de caramelos o algo que llame la atención sobre todo de los adolescentes. ¿Los padres saben eso? Tal vez algunos sí, pero piensan que nunca va a pasarle a su familia.

Con lo que sucede en las altas esferas de gobierno, ser profesor se vuelve una tarea cada vez más dura, y se complica cuando los padres se ponen del lado de sus hijos siempre sin conocer la otra versión de los hechos. Es absolutamente normal que defiendan a sus hijos señores, pero por lo menos conozca el lado B, el lobo siempre será el malo si solo escuchamos a caperucita.

Algo realmente molesto es que los estudiantes ahora conocen ese poder que el ministerio de educación les ha asignado. Es molesto no porque nosotros maltratemos a los chicos, se supone que estamos en este oficio (o así debería ser) porque amamos educar, y nuestros estudiantes son nuestra razón de ser. Lo que genera verdadera molestia es la cultura de facilismo que se inculca desde cada vez más jóvenes.

El futuro de un país radica en la educación de sus ciudadanos, y si esos ciudadanos son formados para quejarse ante cualquier intento de realmente educarlos, entonces como país estaremos generando unas generaciones deficientes que no sean capaces de resolver problemas, como dice el currículo integrador, sino que dejan los problemas en manos del alboroto y se lavan las manos sin conocer los alcances de su accionar.

No les podemos enviar deberes, tampoco podemos pedirles que atiendan en clase porque es agredirlos, entonces cuando tienen malos exámenes y la culpa es nuestra, ¿contra quién van los padres?. No es una cosa nueva en la educación, lo que sí es nuevo es el rol de los padres que tampoco hacen nada con el tiempo 'libre' de sus hijos en casa. Antes por lo menos uno de los padres -generalmente en nuestra machista sociedad, la madre- se quedaba en casa viendo que su hijo permanezca ahí, haga deberes, almuerce y luego se duerma temprano.

Ahora, ambos padres trabajan, los chicos pasan solos en casa, y solo Dios sabe si comen, si duermen, si hacen deberes o con quién están, porque es fácil decir por celular: estoy en la casa, cuando realmente están bebiendo o haciéndose amigos de esos expendedores de droga, o alguna otra actividad muy alejada a los fines educativos. Todos los hijos son fruto de lo que sus padres han hecho de ellos.

Este escrito lo hago a razón de mi último conflicto como maestra. Ya en educación superior, lo cual hace este testimonio todavía más lamentable porque hablamos de una persona adulta, a la que el sistema y su familia jamás enseñaron lo que es la verdadera educación.

Soy maestra de la carrera de educación inicial, ¿saben lo que es eso? una formadora de futuras maestras que trabajarán con niños de 0 a 5 años, es decir los más chiquititos de nuestra sociedad. Esta alumna, a la que nunca podría llamar estudiante, me presente un deber con plagio, probado y todavía más, sacado del rincón del vago; como los alumnos piensan que los profesores en realidad somos estúpidos y no vamos a revisar, ella pensó que yo no iba ni a leer y le iba a poner 10. Yo supongo que en su vida estudiantil, porque estamos hablando de una alumna de sexto semestre, muchos de sus profesores sí hicieron eso, solo recibir el trabajo y ponerle 10.

Lamentablemente para ella, yo sí leo y reviso cada palabra y cada letra, y cada falta de ortografía, por lo que detecté enseguida el plagio y la chica se quedó a supletorio (obra del ministerio de educación, que no permita que ninguna de las 'criaturas' pierda el año o el semestre directamente; ahora hay que hacer solicitud para perder el año). En el supletorio, ella le rejura a la dirección de carrera que yo le he dicho: "con tal de que me presentes, haz copy y paste"; para más cinismo, se lo dice frente a mí, para que yo tenga que aceptarlo. Por supuesto nunca hubo tal orden.

La alumna se queda a supletorio y lo pierde, pues debía sacar 7 puntos, de los cuales obtiene 4.5; le devuelvo el examen para que revise por si tiene algún reclamo, y me regresa el examen con las respuestas adulteradas para alcanzar al 6 y que yo le regale un punto (lo cual jamás haría). Después de rogarme que le crea, porque según ella no adulteró las respuestas, le confiesa a su tutora que sí lo hizo porque estaba desesperada.

Al día de hoy, la plagiadora perdió el semestre como es natural, pero fue a quejarse sobre mí al rector de la institución diciendo que yo la maltrataba, comía en clase, no daba clase, solo me pasaba en el celular y otras muchas cosas. El señor rector no escucha mi versión, solo la de ella.

El plagio se castiga con cárcel, pero en este país, como los estudiantes tienen el poder, ella seguirá estudiando normalmente, y a mí, me despidieron del trabajo. Viva la educación del siglo XXI.

9 sept 2016

El mundo del arte

Cuando le realicé esta entrevista al escultor Mario García, docente de la carrera de artes plásticas en la Facultad de Artes de la UCE, se quedó en mí este conflicto de no saber si coincidir en que los códigos del arte no están al alcance de todos, porque eso significaría reconocer que a pesar de todo el trabajo en gestión para que la sociedad tenga un acercamiento al arte, este sigue siendo un privilegio de las élites.

Ser artista es una decisión íntima para Mario, y dice que en otros países los artistas son respetados. Según él, en Ecuador no pasa eso, porque es una sociedad que prioriza el dinero, y como los artistas no cumplen con ese estereotipo, entonces no funcionan. Claro que considera que la comparación es exigente, ya que acá poco a poco el artista simbólicamente se ha empobrecido con sus contenidos.

En cuanto a leyes, Mario cree que el problema no es la teoría, sino su aplicación; incluso menciona que en las leyes dice que la Academia como institución debe integrar a todas las artes desde el inicio de la educación y eso no es real. Continúa hablando de que los gobiernos no generan un verdadero interés por el arte, porque se toma como prescindible y eso es poco serio.

Se refiere a lo que exponen los medios como algo que no llega al pueblo, porque el pueblo no comprende el arte culto, por eso le llega el arte popular; y si no comprenden esos códigos del arte, es porque no se los enseñaron. Adicionalmente, sí ve como vandalismo el atropello del trabajo del artista por sobre el de otro, pero cree que también puede significar una reacción política al decir, no me reconozco en esto, por eso lo agredo, para que veas que no es mío y no me identifico.

El hecho, pienso, no es que los públicos no solo que no entiendan, sino que todos: medios, sociedad, artistas y espectadores nos hemos quedado aplastados, enquistados, casi consumidos por las propuestas fáciles y desde ningún área se hace un esfuerzo real por comprometer al país con el arte, y eso pasa casi en la mayor parte por la fuerza que arrastra el dinero, pues con ese dinero que paga la gente yendo al cine, que a veces ni eso, no come sino el centro comercial que alberga al cine y no todo el equipo que hay detrás de una producción; ni qué decir cuando se habla de otro tipo de espectáculo.

Mi solicitud a las autoridades nuevamente, a que hagan del arte una experiencia con la que se conviva a diario y no se aleje más y más de la creatividad, de la criticidad, del discernimiento que comprende ser y hacer cultura artística.

La república análoga - Grupo de Teatro Malayerba

6 sept 2016

Periodistas en resistencia

La labor periodística, vista desde el ojo de una mujer fuerte, y con ella, la incomprensión de esa palabra ¿qué es ser fuerte? y la respuesta, ser fuerte es ser Diana Borja, directora teatral con una trayectoria riquísima en tablas, llena de estudios pero de mucho mayor andar sobre el mundo del arte, de la expresión vocal, musical, actoral y corporal como medio para ser lo que ella es, una mujer fuerte.

Me cuestioné por mucho tiempo el dedicarme al periodismo y al teatro, Diana me dio el empuje, sin ella saberlo, de continuar, porque esa es la idea del periodismo, meterse ahí donde los periodistas cómodos no se meten, donde no llegan porque no les interesa y saben poco del tema. Así, llegué a ser la que soy hoy, y por eso los invito a consolidar conmigo esta idea, la de los periodistas en resistencia.

Este trabajo de recoger puntos de vista, de entrevistar para comprender, para conocer, para analizar observaciones que a veces una no tiene, se transforma en el más ligero, porque aunque requirió de mucho trabajo, también las gratificaciones han sido grandes; nacieron encuentros con personas muy sencillas, muy lindas y también muy firmes. Una de esas personas es Diana Borja, de quien prometo compartir luego otra entrada, porque es tan grande esta mujer, y tan ínfimas estas líneas, que solo un espacio no basta.

Diana también cree como América (de la entrevista anterior: Azul, naranja, verde y espuma) en la economía sustentable, y le da una palabra que describe mejor lo que significa vivir así, digna. No oculta que es duro vivir sin dinero, pero dice que el mismo arte no te permite morir. “A veces viene la gente y te deja la contribución voluntaria que son $5, pero vienen otros que dejan $10, u otros dicen no tengo, toma $1, pero compartimos lo que yo tengo para ofrecer; y quienes se presentan aquí me traen arroz, o de pronto alguien se pone el atún, pero no todos están dispuestos a vivir así”.

Diana es la “creadora” del espacio cultural independiente, Casa Teatro Babilón, que es su propia casa, esta idea de prestar la sala de su casa para que ahí se haga, presente y fomente el teatro nació de que no habían espacios donde presentarse para los artistas, y ella no se iba a quedar cruzada de brazos comiéndose la camiseta hasta que del cielo le bajara una solución. Para Diana, su intención es humanizar el teatro y bajarlo de la nube en la que se intenta meter a los artistas.

“Cuando la obra termina, la gente se queda y ve como el artista se desmaquilla, mientras conversan, y nos quedamos tomando café todos hasta las diez de la noche, y por ahí sale algún arquitecto con una idea, y así nace una conversación”. Diana cree que el papel de los espectadores en el mundo del arte siempre es subestimado, que se los discrimina por considerarlos “incultos” pero que eso sucede porque no se los incluye en el mundo del arte.

Para ella el arte es un acto de resistencia y por eso es anarquista en casi todo lo que puede, defiende su postura diciendo “no puedes regular una metáfora, y el arte es una metáfora”; además cree que la existencia del arte se da como algo natural, porque es una contradicción armónica, mientras exista el poder va a existir un contrapoder.

Sostiene que Quito está en una adolescencia cultural, de la que espera salir pronto, y que la inmadurez social que existe como ciudad es la que genera las peleas entre gestores y entre los poderes, luego de reflexionar un poco también considera que a los poderes no les interesa tener unidos a los revoltosos, porque eso generaría una resistencia de caos. Divide y vencerás es lo que ha llevado a los artistas a ser todos distantes entre ellos mismos.

Se apasiona sin disimular cuando habla sobre el graffiti, y cuenta con amplia sonrisa que muchos años de su vida se dedicó a esa labor; incluso casi da una clase sobre el graffiti y sus inicios, cuando Eugenio Espejo pintó la palabra libertad y fue considerado el primer graffiti en Quito; hasta la evolución al graffiti político.

Al cuestionarle sobre los graffitis encima de otras obras de arte, ella defiende a los suyos y dice que deben generarse otras lecturas al respecto, que no significa que detrás de esos hechos haya vandalismo, a veces prueban material – dice – y por otro lado, puede ser que no estén conformes con lo que viven o con lo que pasa, por eso el graffiti es reaccionario, “la gente en su necesidad de expresión inventa mecanismos”.

Sobre los medios, opina que la prensa y la radio todavía son medios saludables para la cultura, aunque cree que de a poco la radio va cayendo en la industria cultural, de la que sí tiene claro, ya la televisión no puede salir, dice que la televisión es la causante de que la cultura del espectáculo se haya mezclado, e incluso confundido con la cultura del arte, y habla de cómo ahora salir en televisión ya te vuelve artista.

Sobre los periodistas, cree que les falta profundizar, pero da una razón para ello: “no les interesan los procesos, porque se encontrarán procesos putrefactos” y dice que los pocos periodistas que se dedican a cubrir lo cultural y el ala artística, también son periodistas en resistencia. Dice que a veces, las medidas son drásticas, como los periodistas de dictadura que tuvieron que salir de sus países y desde fuera tuvieron que hacer resistencia; así ve ella una buena labor periodística, yéndose en contra también de lo que se ha establecido como correcto en un medio de comunicación.

4 sept 2016

Jerusalem

Estos días me he dedicado mucho a salir, a pasear, a conocer o reconocer sitios de que pueda recomendar. Cuando tenía 11 años visité el Parque Jerusalem, un bosque protegido que es el único en su especie en la Provincia de Pichincha, vía Guayllabamba por Tabacundo. Este fin de semana, volví a visitarlo mientras acampaba, y ese es el primer dato, yo al igual que muchos, no sabía que se puede acampar ahí.

El bosque protegido Jerusalén, o Jerusalem para diferenciarlo del sitio santo, aporta con 22 toneladas de oxígeno puro enviado a la atmósfera, significa que toma 22 toneladas de CO2 y contrarresta desde este pequeño rinconcito a protegernos del calentamiento global. Se hace un trabajo de refuerzo con los niños para que aprendan que antes la comunicación no era vía twitter ni whatsapp y nos cuentan las propiedades de cada planta, de algunas de ellas salen los colores de los ponchos con los que trabajan y visten los Otavaleños, y nos cuentan de la farmacia natural que componen estas 110 hectáreas del único bosque seco protegido del mundo.

Este paraje era hábitat del cóndor andino, pero como siempre, la mano humana le ha ahuyentado muchos metros para arriba y ya van a la altura de la reserva Mojanda - Cochasquí de la que les hablaré en otra oportunidad. La visita a Jerusalem tiene un valor de 1 dólar y si su deseo es acampar debe pagar otro dólar más. La experiencia de acampada es preciosa por lo maravilloso de la vista de estrellas en la tola natural que tienen en medio de uno de los senderos que cruza la zona dos de camping.

Les quiero compartir esta información porque el trabajo del cuidado ambiental es cada vez más importante y ya no solo se convierte en un discurso sino en una forma de vida que tenemos que adoptar. A Jerusalem no se puede llevar ninguna mascota, porque sus sonidos perturban a las más de 60 especies de aves que habitan el lugar y se pueden hacer cabalgatas y excursión por el lugar sin costo adicional. Mucho cuidado con el fuego, se puede prender, pero hay que cuidar que siempre quede totalmente extinto, pues si alcanza al único bosque seco protegido del mundo ¿adivinen qué pasaría?

Ármese un plan de amigos para el fin de semana, lleve su sleeping, su carpa, su cobija, su comida y acampe en Jerusalem... disfrute de las estrellas y al final recuerde llevar todo lo que trajo consigo.

2 sept 2016

Inclusión es una palabra muy grande

¿Si me quedara sin visión, sin ojos, ciega... qué es lo que más extrañaría? Sin duda poder leer. Hoy empiezo septiembre con la pena de pensar en todas aquellas personas que ya no pueden, o tal vez nunca pudieron leer con sus ojos. Hay alternativas y lo sé, pero creo que como sociedad, tan indolente con el dolor ajeno y con lo que les sucede a los otros, nos falta mucho para responder empáticamente ante las necesidades de los no videntes.

Es por eso que, pensando en un artículo que leía el otro día sobre las voces de los actores que sirven para leer los clásicos y grabarse para que la gente pueda acceder a los libros, le he propuesto a la radio con la que trabajo que nos dediquemos a hacer este trabajo. A leer libros para niños, policiales, de fantasía, cómicos, dramas, romances y demás para acercar un poco más la literatura a los no videntes, no como un afán de creer que hemos inventado el agua tibia.

Pero sí con la intención de que sean muchas las radios que hagan réplica de este intento, y que se pueda pronto crear un canal para subir estos documentos en el que las personas no videntes, con ayuda de algún familiar o amigo puedan hacer play o comandarlo mediante voz como hace google, y puedan escuchar el libro leído. Alguien que te lee, tal vez es lo más cercano que podamos hacer para que esa persona sienta que está leyendo.

Entre las políticas de responsabilidad social de una empresa, debería estar el aporte en auspicios a iniciativas como estas, no nuestra en específico, pero sí a la labor que hace la radio desde siempre de ser un aporte a la imaginación y al despertar las percepciones sensoriales del cerebro mediante la audición, habría muchas personas beneficiadas que ni se imaginan los empresarios que podrían estar ayudando. Sí pienso que el estado debería ser un poco más exigente con la responsabilidad social de las grandes multinacionales por ejemplo.

Por ahora, como estamos en proceso de creación todavía no los invito a escuchar esta propuesta, pero cuando estemos ya listos con el material suficiente grabado, voy a invitarlos/as a que nos acompañen, a que nos comparten y a que se motiven y se unan si quieren como voluntarios en esta labor que es un aporte menos que diminuto, pero por algo se empieza.

30 ago 2016

Libros ojeados de agosto 2

Luego de la primera entrega de los libros de agosto (Libros ojeados de agosto) me quedé como un poco inconforme de mi propio trabajo, así que terminé dos libros más que tenía para septiembre y que pude incluir en este mes, así que les comparto. Con estos dos libros que expongo acá, completo cinco libros del mes y ya no los tres que tenía.

Primero, terminé de leer Picando la nota, que es un libro sobre noticieros juveniles por radio hecho por la fundación Chasquikom y que es de compartición libre, lastimosamente aquí no lo puedo cargar, pero si desean que se los pase, o que se los pase la fundación pueden escribir aquí o a Chasquikom que es su página web.

Este texto escrito por Harrie Derks, es una guía didáctica básica del periodismo juvenil, tomando en cuenta que vivimos en una sociedad muy intolerante con los niños y los ancianos en primera instancia, y que los adolescentes son tomados como necios sin ningún aporte, este texto les da una voz y les permite desde sus espacios crear sus contenidos, les hace saber que lo que tienen para decir es importante, y es la condensación de la carrera de periodismo en un libro.

De forma muy lúdica, los jóvenes lectores pueden capacitarse a raíz de la experiencia vivida por Derks en fundación Chasquikom con jóvenes de Quito, Guayaquil, Ambato y otras ciudades del país, este holandés y su equipo ayudaron a la formación de estos jóvenes en reporteros juveniles. Texto muy recomendado para los talleres de periodismo en los colegios o para la formación en comunicación radial de las materias de lenguaje de los colegios.

Finalmente, leí La Odisea atribuida a Homero. Mi libro favorito es la Ilíada y la he leído más de un par de ocasiones, de varias editoriales y llegar a la Odisea me hizo recordar lo mucho que me agradan este tipo de historias; desde conocer el mismísimo origen de los juegos olímpicos tan en boga hoy en día, hasta comprender un poco más de esta narración llena de calificativos para cada uno de los personajes de los que es imposible seguir el pie del árbol genealógico sin tener un documento a lado.

La Odisea, como sabrán quienes la hayan leído como quienes no, es la historia de Ulises, guerrero aqueo que lucha junto a Aquiles, Agamenón, Patroclo y otros en la guerra entre griegos y troyanos y luego de los 10 años que dura la justa en Troya, regresa (o eso intentará durante todo el libro) como uno de los pocos sobrevivientes a su tierra Ítaca de donde él es el Rey, donde le esperan su esposa Penélope y su hijo Telémaco.

Aunque es un libro muy extenso, no se torna aburrido en lo más mínimo, al contrario va una queriendo enterarse de aquellos personajes mitológicos de los que siempre hemos escuchado como Calipso, Caribdis, los cíclopes, las sirenas y demás y que nunca han estado tan cerca como en este texto. Me atrevo a decir incluso que La Odisea es más interesante que la Ilíada en cuanto la Ilíada nos cuenta (de forma excelsa) una guerra, pero La Odisea es un conjunto de historias que rodean a este personaje.

Además es una buena continuación para conocer qué pasó con los griegos una vez tomaron Troya y volvieron a sus lugares de origen, la siguiente de la trilogía es la Eneida, que trata de Enéas, quien continúa con los sobrevivientes a la toma de Troya pero desde las filas de los troyanos. En fin, eso será próximamente.

25 ago 2016

La nostalgia sonriente del pasado musical

Entre risas, en una conversación con un tinte de confianza que parece que existiera de toda la vida, conversamos con Esteban Cruz; productor musical que escogió como su rama a trabajar, el rap.

Lo ameno de la conversación, dio para que la creatividad de Esteban aportara a tal punto, que se escogió su sugerencia para el nombre de la propuesta de programa de radio que está próxima a salir (¡atentos!), porque a cada momento la atención se desviaba hacia las palomas citadinas o algún otro factor imposible de controlar. Generó que esa frase ‘regresando al punto’ fuera la referencia de sentir de nuevo lo importante, que es el arte, y que lo denotó en cada parte de esta conversación.

Casi no hubo entrevista, fue todo muy jovial y humano. Esteban cuenta cómo era en el tiempo en que para poder ser artista musical, se debía grabar en cinta de cassette, y que debía esperar a que el locutor de una radio se callara para poder grabar la canción que gustaba, y luego correr a aplastar el botón donde grabara en un cassette vacío, esa canción. Cuenta que así hacían antes las pistas los artistas, y que incluso así antes se presentaban. Que escuchar eso hoy, da nostalgia y risa, porque atrás se oyen los ecos “y corrías a grabar en el baño, donde había más silencio, con el micrófono de karaoke, además no sabías a qué hora iban a pasar lo que querías escuchar, entonces era todo un día de ponerte pilas para no perderte lo que querías”.

Luego vinieron los discmans, y luego youtube, y otras herramientas. Para ser hoy productor musical, Esteban tuvo que aprender a usar todas esas herramientas sin alguien que le enseñe, y sin manuales, y considera que eso es lo lindo de un artista que, como él, se considera independiente, porque tiene que hacer “todo uno mismo” y al tanteo aprender a utilizar todas las plataformas, incluso una consola de radio. Por eso había risas en esa conversación, porque para hacer mi programa, entre los diferentes talleres y cursos, también se aprendió a manejar una consola de radio, y pasó lo mismo, al inicio los errores, las equivocaciones, que se manda antes la pista, que se prenden los micrófonos tarde, etc. Aprender así, es muy humano, muy real.

Aunque Esteban es joven aún, su condición socioeconómica es la que le obligó a trabajar así, pero sabe que tiene más cosas que contar, que los artistas nuevos que nunca tuvieron que pasar por esas dificultades. Para él, todos los seres humanos nacen siendo artistas, pero es en la escuela donde poco a poco van restringiendo esa condición hasta matar la creatividad.

No cree en las ayudas políticas, sino en la búsqueda del propio gestor de las oportunidades, “hay que tocar mil puertas, y de esas mil, se abrirá una y para eso gastaste plata, tiempo; pero después la gratificación es mucho más grande y eso compensa”. Dice que vivir como artista independiente es posible, pero es duro, “porque así como hay momentos en los que te pagan por un show de 30 minutos más de un sueldo básico, cosa que es muy buena, hay meses enteros en que no cobras nada y vivir esperando es duro, porque así como ganas gastas”.

Sin embargo asegura, que para un artista independiente, el pago no se trata de dinero, porque un artista puede vivir “hasta limpiando baños”, sino de lo que llena el corazón, que hace aguantar toda clase de tempestad en este oficio. Cuando se refiere a lo que la gente opina de los artistas por su vestimenta (Esteban en particular, utiliza gorra y camisetas anchas) dice que para que la gente ya no juzgue han estado luchando y lo seguirán haciendo, sabe que es duro, y cuenta con gracia cómo a veces en el bus, cuando la gente ve cómo va vestido, prefieren no sentarse a su lado, incluso algunos prefieren ir parados aunque el bus vaya lleno.

La diferencia que tienen los artistas independientes de los artistas pro industria, para Esteban está en el dinero, porque menciona que un artista pro industria puede pagar por publicidad, y darse el lujo de rechazar contratos o espacios porque no les pagan lo que ellos quieren, mientras que para un artista independiente, lo importante es darse a conocer, y le choca que hayan en la actualidad, personas que se dedican a lo mismo que él, pero porque son amigos del productor o gestor importante hacen de esto su profesión sin tener ni ganas, ni talento.

“Como artista independiente, te lanzas al mar a veces, sin saber nadar; y si llegas a 4 personas de 4000 es bueno, es gratificante” También dice que no dejaría de ser artista independiente porque el artista independiente hace “lo que se le da la gana” y no tiene que regirse ni a contratos, ni a horarios de ensayos. Además cierra diciendo que el artista de ahora, en cualquier área, debe disfrutar su momento, porque la sociedad le da un boom a los artistas, pero luego llega otro mejor, y se olvida para siempre del anterior, “como le pasó a Fausto Miño”.

La prueba viva, de que puede existir una entrevista con la que no se esté de acuerdo en todo, que no tiene que ser tensa, ni seria al punto de convertirse en aburrida. Déjenme saber lo que piensan, siempre es bueno leerlos.