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18 nov 2021

Comunicación no violenta

Se presentaba el grupo Malayerba en su casa de teatro en una de sus obras. Como de costumbre el teatro estaba a reventar, entre medio María Fernanda, quien esa noche era la jefe de piso, hacía malabares con los invitados, las preventas, los que llegaron tarde, los que llegaron tarde pero tenían entradas, los que definitivamente no llegaron, y la gente dentro del teatro. Algo similar ocurría caóticamente en la taquilla.

Generalmente hay dos personas a cargo, el taquillero o taquillera y quien hace de jefe de piso cada noche. Usualmente con dos individuos es suficiente, mas cuando se presenta Malayerba siempre hacen falta manos así que no es sorpresivo encontrar al encargado de las luces o a uno que otro estudiante ayudando. Esta era una de esas noches.

María Fernanda salió a notificar al público atrasado que el teatro estaba lleno y que agradecían la visita de las personas que, lamentablemente, se quedaron sin entrada. Les exhortaba a acompañar en los siguientes días de la temporada la obra, y todas las cosas que gentilmente debía mencionar. En medio del enfurecido público que estaba fuera del teatro y que tenía mucho frío, porque en ese horario hace frío en El Belén, sector donde se ubica el Malayerba en Quito; había un rostro familiar, Dani.

Dani era estudiante del laboratorio, y gritaba: "Fer, Fer". María Fernanda le explicó que en serio no había espacio entonces Dani le dijo que su entrada la tenía alguien dentro del teatro. En función de que el relato sea comprensible, lo voy a escribir como suena, con el quiteñismo característico de un nativo hablante de la capital del Ecuador. "Fer, mientradalatienelabel".

La hora para empezar la función se acercaba y cada vez parecía haber más caos tanto dentro como fuera del teatro, por lo que María Fernanda, al escuchar a Dani, asintió con la cabeza y subió corriendo a la segunda planta donde Bel se encontraba. Su nombre es Belissa con B, y siempre le hemos dicho Bel. Bel estaba con su pareja que no parecía nada contenta cuando María Fernanda le dijo que Dani sostenía que ella tenía su entrada.

Para la sorpresa de todas, Bel dijo no conocer a ninguna Dani, por lo que María Fernanda tuvo que bajar a decirle a Dani que Bel decía que no la conocía. Es importante explicar que en la sierra ecuatoriana se utilizan mucho los artículos para referirse a una persona, siempre el artículo va antes del nombre y es la forma usual de trato, por lo que es normal escuchar cosas como La Rosita o El Manuel. Por lo que la información que María Fernanda le proporcionaba a Dani sonaba algo así como: "tuentradanolatienelabel", o, "dicelabelquenotienetuentrada".

Este episodio se repitió en tres oportunidades. María Fernanda bajaba a decirle a Dani que Bel decía que no la conocía y por supuesto que no tenía su entrada, a lo que Dani respondía cada vez más fúrica por el frío y la premura que "suentradalatienelabel"; finalmente María Fernanda pidió a Bel que baje para que pueda explicarle a Dani que ella no tenía su entrada, Bel así hizo.

Qué sorpresa no se llevarían las tres al darse cuenta del tremendo error de comunicación que había surgido.

Bel se presentó con Dani, a quien realmente no conocía, y le ofreció una disculpa por no tener su entrada. Dani por su parte, no comprendía el mal entendido, pues ella fue clara al decir que "suentradalatienelabel" y que tampoco conocía a la chica que se presentaba frente a sus ojos. Recalcó, esta vez más espaciadamente, que su entrada la tenía Abel.

Abel, que se encontraba en la tercera planta, ajeno totalmente a este barullo, efectivamente tenía la entrada de Dani y Dani pudo finalmente entrar al teatro.

¿Qué enseñanza nos dejó esa historia? Si bien habría sido fácil "culpar" a Dani o a María Fernanda, la realidad es que ninguna se equivocaba, Dani transmitió claramente que su entrada la tenía Abel, y María Fernanda entendió que su entrada la tenía Bel. Ambas estaban, a su modo, en lo correcto.

La comunicación no violenta, tiene que ver no con quién tiene la razón, porque probablemente, como en este ejemplo real, ambos interlocutores tienen la razón. En realidad tiene que ver con qué entendió cada quién de lo que el otro dijo. Si María Fernanda se hubiera detenido un instante a decir, te estoy entendiendo Bel, ¿es así?, Dani le habría especificado que no, que se refería a Abel. También por su lado, Dani podría haber insistido en decir, Abel, te estoy diciendo Abel. ¿Me he explicado bien?

Si bien la comunicación no violenta es algo aburrida, porque nos invita a invertir más tiempo del que acostumbramos para dejar en claro qué es lo que cada persona en la conversación recibe, es útil a la hora de evitar conflictos, inconvenientes y malos entendidos. Seguro muchos jefes y empleados, o esposos y esposas, o profesores y estudiantes evitarían cientos de conflictos de realizar esta sencilla práctica.

La próxima vez ya lo saben, cuando escuchen algo, digan a su interlocutor qué es lo que han entendido, porque puede que hayan entendido algo muy diferente a lo que quisieron decirles.

11 oct 2021

Egipto y una historia milenaria X (capítulo final)

Jornadas egipcias

Capítulo X (capítulo final)

La octava maravilla del mundo


Que duro se me hace escribir el final de mi viaje a Egipto, es como si extender el relato al blog hubiese extendido el viaje, y me hiciera estar allí todavía. No me quiero desprender y quiero que ese polvo en mi cara, las gotas de sudor en mi cuello, el inmenso calor, la sed inclemente, el viento incesante, los olores, los colores, los sonidos, que todo se quedara aquí conmigo y que al cerrar los ojos volviera a estar allí para siempre.

Luego de casi 20 días en Egipto, iba por los aeropuertos diciendo a todo mundo "Shokran", "Shokran Keteer", "shokran kulu" que seguro no se escribe así. Después de escuchar árabe por tantos días, de comer su comida y pisar ese suelo, sientes que tu alma ha encontrado ese pedacito que le faltaba. Dice la genética que todos los seres humanos, sin excepción, tenemos nuestro origen en África, yo ya he entendido que no hay nada más cierto. Vienes y te encuentras con ese origen, el origen no solo de ti, sino de la vida en sí misma.

Este capítulo cierra con El Cairo, la loca ciudad capital de Egipto, tan diferente a ninguna ciudad que haya conocido jamás, y a la vez tan parecida a Guayaquil en Ecuador, y a La Habana, en Cuba. No es ambicioso pensar así, al contrario siento un aire familiar en cada uno de estos espacios, razón por la que siento que siempre volveré al Cairo.

Todo es sorprendente en Egipto, todo es nuevo, todo es extraño, todo es como si lo tuvieras que ver y vivir dos veces porque no sabes en qué plano estás. Esta gente inventó el papel de una planta, una planta conocida como papiro, y la creó de la forma más sencilla, casi como una manualidad o un deber que te mandan en el kinder, deshilachaban el tallo del papiro, ponían intercaladas hileras de papiro y luego las ponían bajo piedras para que se juntaran. Este "papel" es resistente al agua, por lo que miles de años después puede y sigue conservando intacto su contenido.

El papiro, en Egipto y en el mundo, vale más que el oro, porque guarda los secretos de cómo se hicieron las pirámides, y guardan la sabiduría y ese misterio nunca develado de todo lo que se queda sin respuesta, lo cual es mucho.

Hace unos meses Egipto mostró el "Desfile de los faraones", donde salieron del museo egipcio 22 faraones y faraonas con el objetivo de habitar su nueva casa en el museo de civilización egipcia. Este nuevo museo abre el año que viene. En su lugar, el museo antiguo que conserva más de 52 mil piezas, sigue siendo muy atractivo, una sala se lleva todas las miradas, es la sala dedicada a los tesoros de Tut Ankh Amun, el rey niño, el faraón olvidado por los egipcios, y reencarnado a Dios por un investigador inglés que le dio fama mundial.

Tut Ankh Amun ascendió al trono egipcio a los nueve años, y murió de malaria, además tenía una afectación en los pies que le obligaba a caminar con bastones, o sujetándose de varas. Así es retratado en los artefactos que se conservan de lo que fue su reinado. Tut Ankh Amun no era un faraón importante porque, al ser un niño, y al estar siempre enfermo o débil, no representaba la imagen de lo que un faraón debía ser.

Cuando un faraón ascendía al trono, inmediatamente empezaba a preparar sus cámaras mortuorias y su última morada terrenal en el valle de los reyes, o en algún otro territorio como las pirámides. Lo cierto es que Tut Ankh Amun a penas y les dio tiempo a sus sirvientes de terminar su cámara principal cuando falleció casi de sorpresa, por lo que fue enterrado con lo que se hallaba a la mano, casi sin honores y con muy poco en relación a sus antecesores. Pasó el tiempo, y el polvo y los años hicieron que incluso los egipcios olvidaran al rey niño.

Un día, el inglés Howard Carter y lady Isabel, su sobrina, iban andando por el valle de los reyes, pues Carter había estudiado la historia de Egipto y había datos que le hacían falta, datos sobre cierto faraón que no constaba en ningún papiro, y que no tenía grandes edificaciones en ninguna parte, pero que no hacía coincidir a su antecesor y su sucesor. Parecía que la tierra se había tragado la información de algún faraón perdido. Aquel día, le pareció particular llegar a un espacio donde las patas de su camello se hundían. El desierto tiene arena, es cierto, mas el valle de los reyes tiene una arena bastante firme. El instinto y la intuición de Carter hicieron que pidiera permiso de excavación al gobierno egipcio, pero fue negado.

Hizo otro tipo de excavaciones menores, algunas investigaciones, pero algo le decía que había encontrado algo más. El gobierno egipcio se negaba, puesto que el lugar donde Carter quería excavar era bajo la tumba de otro faraón, se trata de Ramsés VI y sus cámaras mortuorias son amplias y lujosas, por lo que dañarla por excavar por la intuición de un investigador, no parecía una buena idea. Carter se mudó cerca del valle de los reyes, aún hoy su casa se encuentra allí y es herencia de la familia Carter.

Luego de varios intentos, el hombre consiguió su objetivo, y llegó a dar con la tumba de lo que parecía ser un gobernante olvidado, nadie tenía datos, ni sabía nada. Las paredes no estaban decoradas, y no existía algún papiro o indicio que explicara mayor cosa. Pero no hacía falta, la tumba de Tut Ankh Amun tenía algo más, algo que le haría no solo volver a la vida, sino hacer que su nombre jamás volviera a ser olvidado: todo su ajuar mortuorio intacto.

Egipto tiene el 99% de su historia saqueada, ninguna tumba jamás fue encontrada intacta, todo lo que sabemos, lo sabemos gracias a lo que los jeroglíficos tallados en piedra dentro de las tumbas nos han contado, y lo que la imaginación invita gracias al detalle y minucia rigurosa que se encuentra en los espacios donde alguna vez, hubo tesoros. Entonces, al hallar la tumba de Tutankamón llena de oro, como la única en su especie, lo que sucedió es que abrió las posibilidades a estudiar cómo realmente se enterraba a un faraón.

El museo egipcio está repleto de piezas de todos los tamaños, incluso diminutas orfebrerías y manualidades con las que se enterró al faraón "más simple". Tanto oro, tanto, que no cabía en los ojos de quienes encontraron su tumba, y también la muerte. Se sabe que todos quienes participaron en abrir la tumba del faraón murieron en el transcurso del siguiente año, y aunque es ampliamente extendida la historia de una maldición, la realidad es que Tutankamón fue enterrado con cientos de gatos que serían sus custodios en la siguiente vida. Los gatos generan una bacteria, que es la que terminó matando a todos los exploradores.

Hoy en día se cree, que todas las tumbas de los faraones tenían casi las mismas ofrendas, así que todos quienes saquearon el oro de cada sepulcro, deben haber muerto por la misma infección. Está comprobado que no hubo maldición, y los gatos cumplieron su cometido, proteger y salvaguardar a sus faraones en esta y en todas las vidas.

No se pueden tomar fotografías donde está el sarcófago y demás piezas del sepulcro, son cientos de collares, anillos, pulseras, orfebrería, tesoros y tesoros de oro puro con incrustaciones de piedras preciosas. Lo que comparto aquí es lo que está fuera de la sala, pues todo lo hallado de Tutankamón, da para llenar todo el segundo piso del museo del Cairo, más todo lo que se llevaron a "estudiar" en otros países.

A todo esto, la razón por la que esta ciudad y este país se hicieron famosos, tiene que ver mucho con la delicadeza y el cuidado de sus sepulcros, y porque son los maestros de la magia. Si no creyeras en ella, aquí en Egipto se te pasa. Y probablemente una de las obras un tanto magia, un tanto astronomía, un tanto astrología, un tanto fe, un tanto arquitectura y muchísimo de misterio que más han afianzado la teoría de que Egipto se adelantó mucho a su época, son las reinas y señoras de todo el planeta, las pirámides de Giza.

Giza es un territorio, llamémosle barrio a las afueras de El Cairo, por lo que podríamos decir que están en el Cairo. Como el cielo tiene vasta contaminación, no es posible verlas con nitidez desde los miradores, por ejemplo en la mezquita de Saladino se ven, pero en las fotografías no sale. Cuando vas llegando a Giza, al sitio donde se hallan la esfinge y las pirámides, es imposible no derramar una lágrima, es imposible no sentirse ridícula e insignificante cerca de esta obra sin precedentes literalmente.

Cuenta la historia que había siete maravillas en el mundo antiguo, una de ellas sobrevive al tiempo y a los desastres naturales, la gran pirámide de Jufu, que probablemente no sería tan grandiosa sin sus hermanas casi gemelas Jafra y Menkaura. Son mundialmente conocidas con sus nombres griegos: Keops, Kefren y Micerinos. Esa maravilla del mundo antiguo, hoy ascendida a maravilla honorífica del mundo moderno es, sin lugar a ningún tipo de duda y con sobra de merecimiento, la octava maravilla del mundo.

 

No hay nada, en el universo entero, que se acerque a su belleza, a su perfección, a las toneladas de peso de sus bloques, a las casi cinco hectáreas que ocupa y a los millares de preguntas que vienen a tu cabeza cuando la tienes delante, a ella, y a sus hermanas. Lo mismo pasa con la esfinge, a la que es casi imposible sacar completa en una fotografía de cerca con sus más de veinte metros de alto.

La gran pirámide es la primera, pues el faraón Jufu mandó a edificar algo que estuviera a la altura de su mandato, mide 136 metros actualmente, estaba recubierta de granito y piedra caliza rosa y se cree que hay, un aproximado de 100 pirámides aún bajo tierra, si no son más. Esta ha sobrevivido 4668 años en pie. Y es la verdadera gran pirámide, porque es la que tiene más dimensión pues ocupa el espacio de cinco canchas de fútbol y un poco más, con sus 230 metros de longitud.

A Jufu la hicieron con piedras que pesan entre 2 y 8 toneladas cada una, y no existe un papiro que compruebe cómo fueron realizadas, por lo que se especula que se realizaron con rampas, con discos y palos, con mano extraterrestre, y un sin número de teorías que son solo eso. Por cierto, los egipcios no quieren ni oír la idea de que alguien mencione intervenciones "divinas" de las pirámides, ellos creen fielmente que es mano humana la que las hizo, en ese sentido, siguen en busca de papiros y se excava constantemente al encuentro de que algo confirme cómo se hicieron estos colosos.

La gran pirámide fue hecha allí porque casi colindaba con el Nilo, y estaba al poniente del sol, en el ocaso que representaba la muerte, y para resucitar a la vida siguiente en el amanecer. Es un gran reloj solar y también representa aquí en la tierra, la misma posición (hay quienes discrepan) que el cinturón de Orión.

Contrario a lo que se piensa, la gran pirámide no es "perfecta" es decir sus líneas no son perfectas, sin embargo su arquitectura y edificación sí lo son, por lo que parece simétrica y de lejos parece tener toda la formación de una pirámide intacta. La realidad es que su edificación tiene una especie de gradas, y subir a la punta puede tomarte alrededor de 4 minutos, esta actividad, por supuesto, está prohibida.


La pirámide de Jafra, o Kefren en griego, es la que siempre se confunde con la gran pirámide, en realidad es una ilusión óptica. Jafra era el hijo de Jufu, y siendo hijo de Jufu, no podía "superar" a su padre, así que no podía hacer una pirámide más alta o más grande que la de su papá. Como faraón, sin embargo, cada uno se destacaba por dejar obras para la eternidad que exaltaran lo que había sido su reinado, por lo que Jafra decidió hacer una jugada inteligente.

Mandó a construir una pirámide con la misma altura que la de su padre, pero en un terreno más alto, por lo que desde todos los puntos de vista esta pirámide, la segunda, siempre se ve y se verá más alta que sus hermanas, además su ángulo de inclinación, de 51° contribuye a que la ilusión óptica sea sobresaliente. Tiene 215 metros de longitud, y su inclinación sí la hace más empinada, esa es la razón por la que los ladrones de material de construcción, no pudieran robar el recubrimiento de la punta, que es la única que aún se conserva.

Todas las pirámides de Egipto, posteriores a Jafra, copiaron este modelo para sus pirámides, por lo que esta es realmente la pirámide más famosa, y con la que más se confunde a la maravilla del mundo. No queriendo quedarse atrás en grandeza, Jafra también mandó edificar la esfinge, que aguardiana las pirámides y que es el rostro de Jafra, visto desde el complejo de las pirámides, la esfinge se encuentra justo delante de la pirámide de Kefren.

Hace no tanto tiempo se descubrió que la pirámide del medio, es decir la de Jafra, no tiene cuatro lados como se pensaba, sino ocho, lo cual alimenta muchas teorías sobre las razones de ese tipo de construcción. Después de más de 4000 años, esas líneas divisorias de los ángulos casi no se distinguen en tierra, mas en tomas aéreas se pueden notar las ocho caras. No hay papiros que confirmen, nieguen o expliquen nada de las pirámides y sus "coincidencias" en el cielo, o sus extrañezas.


Menkaura, o Micerinos en griego, era el hijo de Jafra y a su vez nieto de Jufu. Él simplemente tenía un espacio allí para hacer su pirámide, pero su reinado no fue tan frondoso, por lo que no tenía mucho dinero para hacer una pirámide ni cercana a la de sus ancestros, lo que hizo fue una pirámide estilo Jafra, pero de 65 metros de altura y 108 metros de longitud. Tiene un gran golpe en una de sus caras porque se intentó demoler las pirámides, al percatarse de que sería muy costoso, desistieron de la idea (felizmente).

Todas las pirámides cuentan con otras pirámides anexas para las esposas y otros nobles de cada uno de los faraones allí enterrados. Las tres fueron presa de muchos robos, la gente se llevaba las piedras para construir otras edificaciones, entonces son bastante irregulares, aunque siempre se ven muy perfectas de lejos.

Hay dos entradas para el complejo de Giza, uno tiene una boletería para ir dentro de las pirámides, y por el otro ingreso, tienes acceso a la esfinge que cuenta con todo un complejo para ella sola.


No puedo cerrar aquí sin mencionar que algunos temas han quedado inconclusos, así que concluyo todos los capítulos aquí y en una posterior edición haré un epílogo del viaje. Abrazo con mi corazón esta tierra preciosa, increíble, extraña y apasionante y les invito a que hagan la visita a Egipto que es muy económico y realmente lo vale, cada segundo y cada milímetro recorrido se marca en su piel a fuego.

27 sept 2021

Egipto y una historia milenaria I

 Jornadas egipcias

Capítulo I

La llegada


He de comenzar esta serie de entregas sobre el país mágico contando cómo se genera un viaje a tan lejano lugar de manera tan repentina. En el año 2015 una amiga había decidido viajar a Egipto con posteriores retornos en 2017 y 2019. Siempre yo le comentaba sobre la posibilidad de que me avisara cuando se volviera a ir porque era un sueño conocer la tierra de los faraones. Así es como unas tres semanas antes del viaje ella me comenta que se va a ir de nuevo y yo le digo que me encantaría mas no me es posible de inmediato, luego de sortear todas las posibles excusas que una misma se autoimpone, en dos semanas y un poco más estaba armado el plan.

La primera lección: Confía en que las cosas suceden cuando deben suceder, y no van a pasar ni como ni cuando tú quisieras, así que toma la oportunidad, tómala que no es coincidencia que llegue a ti aquí y ahora.

Los pasajes de avión me costaron 940 euros ida y vuelta, es un valor bastante económico, el sacrificio es la maleta, sin embargo es perfectamente posible, viajé con una maleta de mano y mi cartera, una maleta de mano que fue una mochila y albergaba todo lo necesario para 15 días, así que decidí hacer el "menos es más" y aún así hay cosas que no utilicé.

La PCR me costó en Ecuador $35, que es el valor más barato del mercado, se demoran 24 horas en entregar los resultados y te los dan en inglés y en español, aparte de ellos, el único documento que debes tener es la fiebre amarilla, me refiero a la vacuna contra ella, que es de dosis única y sirve para toda la vida, es gratuita en los centros de salud. Jamás me la pidieron en ningún lado, así que ese trámite podríamos decir que no fue indispensable. Los certificados de vacunación del virus, no son requisito para ningún país, la PCR negativa sí, te lo piden en todas partes y a la entrada y salida de cada avión.

El valor de mi vuelo tenía una desventaja, aunque yo lo disfruté, mas es bueno que sepan que para alguien que de pronto no sienta que es su forma de viajar, es mejor que compre vuelos directos, hay vuelos que haciendo escala en Estados Unidos, van directo al Cairo y te ahorras mucho tiempo. Yo no hice eso porque no tengo visa americana, en Ecuador la embajada solo está atendiendo renovaciones. Así que mi vuelo tenía tres escalas, con un total de 42 horas de viaje a la ida, y 33 horas de viaje al retorno.

Las escalas eran de 20 minutos en Panamá (sí, fue torear a la suerte y no debo hacerlo nunca más), 16 horas en Sao Paulo (me conozco mejor el aeropuerto que cualquier brasilero), una hora en Estambul, que casi me hace perder el vuelo porque te revisan de todo en Estambul, y llegada al Cairo.

Mi recomendación es que hagan vuelo lo más directo posible, o que sus escalas tengan tiempos holgados, pues tanto en Panamá como en Estambul, llegué con las justas a la puerta de embarque y si no fuera porque el universo siempre conspira a mi favor, capaz me quedaba de los aviones. Así que reconsideren los vuelos. Tomen en cuenta que los países pueden hacerles pasar nuevamente por migración o por check-in y eso realmente requiere tiempo.

Sobre las medidas de seguridad, jamás tienes permitido quitarte la mascarilla, todo el tiempo te desinfectan, toman la temperatura, revisan tu PCR y así constantemente, el vuelo de Turkish Airlines que era el más largo, te da mascarillas para que te cambies la que tienes.

El aeropuerto de Estambul, debo decir, es el maracaná de los aeropuertos, así que corrí como nunca en mi vida, es un aeropuerto sumamente enorme; te revisan de todo de todo de todo. Al parecer ahí perdí mi PCR en inglés, pues al llegar al aeropuerto del Cairo, no encontraba mi PCR sino en español, y me daba mucha angustia.

La fila del aeropuerto en el Cairo, para poder entrar a migración era tan grande que me di cuenta enseguida que algo sucedía. Cuando llegué al mostrador y enseñé mi pasaporte, a mi derecha había todo un universo de seres con rasgos familiares; todos latinos.

Todo viajero proveniente de cualquier lugar de América Latina, o de la India, debe hacerse de manera mandatoria una PCR al llegar a suelo egipcio por $65 que debe pagar en el Banco de Egipto (Misr) y con el recibo venir a que te tomen la muestra. Ahí te das cuenta de que estás en otro continente y que no te auxilia nadie, porque el idioma no lo entiendes, porque el inglés lo hablan muy rústicamente y porque es un negociado tremendo ya que nadie te da certificado de esa "nueva prueba" que además te entrega "resultados" en 15 minutos.

Eso cambió mi genio completamente, pues me parecía una falta de respeto en todo sentido, ya que te retienen el pasaporte y se van con tu pasaporte sin explicarte nada, debes ir corriendo detrás del individuo. Lo cierto es que aparece un egipcio muy amable (son amables, casi todos son bastante amables) y me dice que vive en Ecuador hace 13 años, que está casado con una ecuatoriana y que si deseo, él puede traducirme lo que me dice el tipo de mi pasaporte. Fue mi primer ángel egipcio, me enteré que tiene un restaurante en Bucay que se llama El Árabe, así que iré sin duda a visitarle.

Después de un tiempo de caos completamente, donde argentinos, colombianos, brasileros (que son mayoría de turistas en todas partes de Egipto), peruanos, chilenos, mexicanos, ecuatorianos y egipcios damos muestras de por qué no nos consideran primer mundo, aparece un tipo que me dice: ¿tú eres Cristina?, soy Ohmar, tu representante de viaje.

A todo esto no les conté que viajé con mi amiga la que ya ha ido varias veces a Egipto, ella habla un poco de árabe y ella es la que organizó todo para que el viaje saliera espléndido. Yo no podía comunicarme con ella o con nadie porque el aeropuerto del Cairo no tiene wifi, así que ver a Ohmar me dio un poco de calma, hasta que descubrí que si no me ponía pilas él también iba a ser oportunista.

Llegué como a las 19h30 al Cairo, muy mareada después de tantos aviones. Eran las 22h45 y no salía del aeropuerto por la bendita PCR, así que Ohmar me dice: te vamos a cobrar otros $40 por esta espera. Ahí salió toda mi furia ecuatoriana y él lo notó en mi voz y mi actitud, obviamente le dije que no iba a pagarle ni un centavo, y luego nuestro verdadero guía en Egipto, Sarhan, me dijo: claro, me ha hecho quedar muy mal, porque él jamás debió decirte algo así.

Pero de Sarhan, nuestro guía oficial, les hablaré en las siguientes entradas, el verdadero ángel de la guarda en Egipto.

Lo cierto es que por fin me devolvieron el pasaporte, obviamente "salió negativa" mi prueba, pero no hay nada que avale eso. Luego debes ir a comprar la visa egipcia que tiene un costo de $25. Una vez hecho eso pasas por migración y sales a vivir el calor de la noche árabe, noches del Cairo.

Fuera del aeropuerto hay cientos de personas; unas esperan a sus familiares, otros son uber o taxis que quieren hacerte una carrera, nadie tiene permitido ingresar al aeropuerto, solo el viajero y algún que otro guía autorizado.

Luego de 42 horas de vuelo, sin quitarte la mascarilla, más 4 horas de lidiar con la ineptitud de los funcionarios que en todos lados parecen reproducir su inoperancia, terminé agotada, y al encontrarme con mis compañeras de viaje, llegamos al hotel (porque a ellas les pasó lo mismo y salieron a la misma hora que yo, llegando a las 17h00) lo único que queríamos era dormir y descansar. Estábamos fundidas y necesitábamos, de urgencia, una ducha.

* Los videos sobre el viaje se encuentran todos en mi instagram, tanto en historias destacadas como en el feed.

31 may 2020

Había una vez, en la selva

Cuando estudiaba en la Universidad Central, mi profesor de Historia de las Civilizaciones, hoy decano de la facultad donde estudiaba, y por cierto muy bueno en su área, nos envió la tarea de convivir con una comunidad originaria por una semana y luego hacer un informe de la experiencia.

A esa edad y con esa ingenuidad, lo más sencillo que se nos ocurrió hacer fue ir a "convivir" en la comunidad Shiripuno, más por novelería que por hacer el trabajo. No conocía el oriente, y esa fue la puerta abierta del inicio a las mejores experiencias de mi vida*.
Cuando llegamos ahí, coincidía que las fiestas de Misahuallí estaban en curso, Misahuallí es el poblado que alberga a todas estas personas que viven en gran parte del turismo que se hace con la visita a sus comunas, aunque hoy se sabe que es más un montaje que una realidad, sin embargo sigue llamando mucho la atención.

Nuestro guía, al que le decíamos "Teo", sabía que habíamos ido a quedarnos, así que nos debía llevar como aretes todo el día. Hasta las 6 de la tarde no hubo problema, a esa hora la comunidad acaba su jornada y se va a sus verdaderas casas, pero para nosotras la verdadera casa estaba ahí, así que Teo tuvo que llevarnos a las fiestas de Misahuallí, fuimos a pie con unas linternas que él nos dio y que funcionaban a manivela.

Vimos todo el espectáculo, todo fue muy interesante y divertido, pero estábamos cansadas del viaje y ya queríamos volver, Teo se había dedicado a tomar chicha y cuando le dijimos que queríamos ya irnos nos dijo: "ah ya, vayan no más". Quizá ahora mi respuesta hubiera sido ¿cómo que vayan no más?, si tú nos trajiste pues tú nos llevas; pero esa noche, en ese cansancio, y tal vez por la inexperiencia y lo sorpresivo de la respuesta, no dijimos nada.

Nos subieron a una camioneta, Teo le dice al chofer: "déjalas al final del camino para que regresen a la comunidad". Estábamos tan cansadas que solo nos subimos casi adormitadas, cuando llegamos al final de la carretera apta para vehículos el chofer nos dice: "ya, de aquí cojan el camino largo hasta el final y ahí ya llegan". Nos bajó de la camioneta y nos dejó botadas en medio de la selva.

Era aproximadamente la 1 de la mañana, y en la selva no se ven más que las estrellas. Empezamos a darle manivela a las linternas, que era lo único que llevábamos. Caminamos largamente hasta que nos encontramos con una enorme culebra blanca en medio del camino, con la cabeza erguida y atravesaba todo el sendero. Estábamos aterradas porque no íbamos a poder pasar así que esperamos a que ella pasara primero, nosotras estábamos un tanto lejos, así que esperábamos que no notara nuestra presencia.

Pasaron aproximadamente 20 minutos y la culebra no se movió, nosotras nos caíamos del sueño pero no podíamos avanzar por el miedo a un ataque. Nos comenzamos a acercar, y cuando estuvimos lo suficientemente cerca, nos percatamos que no era ninguna culebra, si no unas piedras que a la falta de luz, y con el miedo encima, nos habían jugado una mala pasada por medio de una ilusión óptica. Avanzamos todo el resto del sendero que nos tomaría al menos otra hora más, y llegamos a nuestra cabaña.

Cuando todo parecía haber terminado, empieza a sonar un bufido muy fuerte, como un animal refunfuñando, que tambaleaba toda la cabaña, en el oriente las casas de caña son más altas que las de la costa, y nosotras estábamos ahí arriba. Pero este animal, que nunca supimos si fue un cerdo, un oso, o qué rayos, estaba muy enojado y movía todo. Esa noche, comenzó una aventura para mí que duró varios años, y de la que siempre guardo los más chistosos, nostálgicos y locos recuerdos...

*A raíz del audiolibro de "Había una vez en la selva", esta serie de relatos reales van a dar la antesala a la transcripción al Kichwa y al cuento original de Ortiz de Villalba, que son la razón por la que he decidido que todos deberían tener acceder a esa bellísima historia.

31 dic 2019

La década de las primeras veces

Sin referir un tema a cada año, he querido hacer el top 10 de cosas que han marcado la década para mí, en mi vida y en mis circunstancias. Recuerdo con claridad cuando en 1999 la gente se suicidaba y había una paranoia social con el tema de cambio de siglo, bajo esa misma lógica del año finalizado en 9 como el fin de un ciclo, agarro el cierre de la segunda década de vida.

Le llamaré a este recuento, la década de las primeras veces, porque siendo tan joven todavía, mucho de lo vivido jamás lo conocí o tuve una experimentación que me hiciera acercar con pericia, fruto de ello, las primeras veces se tiñen de lo más bello y de lo desconocido, son sonrisa y a también son lagrima.

10. La mala racha
Pocas cosas en el mundo le hacen a una aprender tanto como las cosas que salen mal, o que no salen. No es algo que haya sucedido tan solo una vez esta década, al contrario, cada año ha ido marcado de lo bueno y lo no tanto, pero es gracias a ello que cierro el período 2009 - 2019 con algo de alegría ahora. Nada se compone solo de felicidad.
Mi abuelo ha fallecido, me demoré dos años en graduarme de tercer nivel, me quedé sin trabajo, me lanzaron energías negras, me quedé sin dinero y casi al borde del colapso, mis niveles de tristeza estuvieron disparados un amplio lapso de la década. Todo esto, que ya no existe más, es parte fundamental de mi crecimiento posterior.

9. UTE: Entrada y salida
Era un 2009 que iniciaba esta década que ahora acaba, y se marcaba con el fin de mi estadía, y de mi paciencia, con la Universidad Central. No era lo que busqué y fruto de ello encontré la facultad de comunicación de la Universidad Tecnológica Equinoccial. Ingresé con mucha ilusión y aprendí, más de la vida que de Periodismo, aunque también.
Para el 2014 había egresado, con el corazón roto, con los brazos vacíos y con unos dolores en el alma que parecía que nunca se iban a ir. Esa profunda depresión me limitó de tal manera que demoré dos años en hacer la tesis; subía a la Universidad y lloraba porque los recuerdos de otros tiempos me devoraban el alma. Me gradué en 2016.
Me llevo mi paso por el teatro de la Universidad, como algo maravilloso, que me sostuvo dentro de la desequilibrante realidad que rodeaba mi carrera. A toda la gente que conocí y amé, en este fin de la década, un salud.

8. Trabajos
La falta de él, el exceso de él, las primeras veces haciendo cosas impensadas, el vínculo con áreas que nunca creí posibles. Los equipos que han sido increíbles y otros no tanto. Si bien no me inicié trabajando esta década sino en la anterior, esta es la primera en que me veo en la necesidad de hacerlo y sufro cuando no lo hago.
Destaco mi paso por HotCold en la coordinación del vacacional Xakasún, que es mi primer encuentro pseudo formal con la infancia, y la Secretaría de Cultura del DMQ que me ratifica mi amor por la gestión cultural y probablemente la utilidad de la comunicación en ello.

7. Oriente
Corría el 2009 y mi despecho de la Universidad Central me había hecho sentir que tal vez debía tomarme un tiempo, así hice. Gracias a una amiga entrañable conocí Nuevo Rocafuerte, y habité ahí, tuve un paso corto por el Coca, y mi cuerpo siempre ansía volver a esa tierra. Tena es una ciudad donde podría incluso vivir.
La conexión conmigo misma y las cientos de anécdotas que saqué de aquella experiencia en el oriente, lejos de todo, de todos, sin internet, sin periódicos incluso. Asemejo el espacio al sitio donde habita el personaje central de "El Coronel no tiene quién le escriba", solo que a mí me daba gusto que nadie en la tierra supiera donde estaba.
Mi vida dio un vuelco luego de esa experiencia, sin duda en otra vida mi sangre tuvo el veneno de las serpientes, y en otras vidas yo debo haber estado siempre en esas aguas. El Oriente ecuatoriano no tiene comparación, no es solo un bello paisaje, que también, sino que es una forma de vivir que solo cuadra con almas antiguas, como la mía.

6. Docencia de Primero BGU
Esta década está marcada para mí por el accidente más bello, encontrarme con la educación fue una búsqueda que no estaba realizando, pero me dio casi todo lo que quería, buscaba y necesitaba. Entre los centenares de estudiantes que han pasado por mis aulas, y que he recibido con todo mi corazón, están niñxs muy pequeñitxs, adolescentes, adultos. Cada grupo se queda en el corazón, o al menos alguien de todo el grupo de estudiantes, te roba un poco de amor, y te enseña mucho más de lo que puedes imaginar.
Una experiencia muy desencajante, me sucedió en 2016, cuando ingresé a una institución que me ha dado largo material de crítica a la educación, incluso en este mismo blog he despotricado sobre todas las cosas que vi mal ahí, y que se siguen practicando en muchas esferas educativas. No quiero hablar mal, tampoco tengo nada bueno que decir de ese lugar; sin embargo conocí a un grupo de estudiantes del que me enamoré perdidamente. Fui su tutora y fue el primer curso que estuvo a mi cargo enteramente, soy lo que soy en la educación, porque aprendí todo con ellos, me bauticé, me hice guerrera y perdí ahí.
Hoy son mis amigos, no terminé esa experiencia porque no pude (es aquí cuando me llegaron esas energías negras que mencioné al principio) pero luego de ello, soy una tiburona, nada me vence, nada me sorprende en la educación, y ahora sí sé cómo actuar. Así que gracias por el amor, y por las heridas.

5. Viajes
Como para marcar el cierre y el inicio de algún ciclo, los viajes dentro y fuera de Ecuador me acompañaron mucho esta década. Entre los nacionales, que no incluyen el oriente porque eso es una experiencia de vida, destaco que conocí Galápagos, un lugar mágico que me invitaba a ver sus conjuros naturales mientras calmaba mi vida. 
Pero quiero asignarle este espacio en el "top 5" a un país que fue mi sueño conocer. Cuba era un país que estaba en mi lista de prioridades en la vida y lo logré, sin imaginarlo siquiera un día solo me armé de voluntad y fui para allá. La Habana es un verdadero espacio-tiempo que no tiene explicación, y que solo terminó de añadir fuerza a esas leyendas de gallardía, de revolución, de resistencia.
Especial mención quiero hacer al Lago Titicaca, su belleza no tiene comparación, y las nubes parecen algodones que parecen ser puestas como con unas pequeñas pinzas, el helado viento que besa tu rostro es solo un abrazo de la vida que te hace respirar con los pulmones hinchados de vigor.
A la mágica Macchu Picchu, y la extrañeza del Cuzco, gracias por enseñar al mundo que nadie podrá matar la herencia inca, y por construir amaneceres y atardeceres inundados de historia, de misterios, de preguntas, de relaciones y de teorías. Máncora, y su falta de fotos porque perdí la cámara, es un tatuaje en la piel de que la alegría es un espíritu que flota por encima de las cabezas que se disponen a recibir el amor y la armonía del universo.

4. Malayerba y sus raíces que son alas
Me cuestioné por horas si Malayerba debía o no ir directamente en mi podio de la década, porque el 90% de mí, de lo que soy, de lo que replico, de lo que entrego al mundo, de cómo me relaciono con las personas y las cosas, lleva el sello de mi Laboratorio, que irónicamente fue mi escuela.
Otro debate lo tenía con el bronce de esta lista, porque es la maestría la que me hace dudar mucho más que tener certezas; por eso entre el número 4 y 3 de esta lista se entrecruzan, pero creo que es bueno irle dando espacio al tiempo para que pueda hacer de Malayerba mis alas, porque es mi raíz.
Debo a Malayerba casi todos los contactos que tengo en la vida, casi todos los trabajos que he tenido en la vida, y por Malayerba puedo dar clases porque aprendí ahí todo lo que sé, en Malayerba me humanicé y mi ser tiene un antes y un después de ingresar y salir de esas salas. Tanto llanto, tanta alegría y tanta fuerza solo podían haber sido inyectadas ahí. Gracias a Malayerba viví la experiencia del Festival Mujeres en Escena por la Paz en Bogotá de 2013, y los otros tantos festivales a los que he tenido la oportunidad de asistir solo por el amor eterno al teatro. Mi última función se me inflaba el pecho del orgullo y la felicidad, porque hacer lo que amo, y poder dirigir (otra primera vez en la década) son gracias a mis maestros, y a sus enseñanzas.
Me quedo con el rastro de esas huellas, que por cierto me dieron beca en la universidad para estudiar, el teatro que me lo ha dado todo, todo todo; me invita en esta nueva década al proyecto más demandante de mi carrera, y me ha obligado a lanzarme a la dirección con una vehemencia tan propia de las tablas que no tengo más que dar gracias al arte, que me permite conocerme, y encontrarme con la vida en su expresión más amplia.

3. Maestría y su gente
La medalla de bronce, se la merece mi maestría, que me ha despertado, abierto los ojos, cambiado, conmovido, cuestionado, vapuleado, vilipendiado internamente, ha sacado la mejor versión de mí, y me cierra la década con un reconocimiento de parte de mis compañerxs que es la cereza a una vida de gestión política desde los rincones, porque nunca he querido nada para mí.
A todxs valoro, respeto, aprendo, admiro. De cada una de las personas de la maestría he aprendido algo y me he maravillado escuchando sus disertaciones y comprendiendo nuevas y mejores maneras de gestionar las artes. Gente tan linda de la que ya pronto me deberé despedir, pero que la vida unió como capricho del azar.
Me cuestiono todas las formas de proceder que tengo ahora, me pregunto a quién sirvo y de quién soy servil; qué me sigue colonizando y cómo combato esas formas. Tengo la posibilidad de dialogar con tanta heterogeneidad sin intención de homogeneizar, y de escuchar porque me inclino.
La educación pública, gratuita y de calidad en artes, es un derecho, y por ese derecho trabajaré hasta la muerte.

2. Amigxs
Tuve un lapso de aproximadamente dos años, donde la mala racha que tocaba en el punto 10, no me dejaba de respirar en la nuca. Como familia nos pasaron cosas terribles, a título personal andaba de capa caída y no encontraba trabajo, el desamor me rodeaba, tuve una tras otra de cosas negativas y de un aura muy oscura que parecía no querer irse de mí. Solo la vida sabe cómo pude salir de esa época que parecía no tener fin.
Probablemente, una de las principales cosas que me permitieron resistir e incluso sobrevivir a tan mal tiempo, fueron mis amistades, venidas de todas partes, que incluso me prestaban dinero, que no me dejaron caer, que siempre tuvieron un plato de comida, una mano amiga, o incluso una palabra de aliento. Sin estas personas maravillosas, durante toda esta década, no lo habría logrado, y ese es un tesoro que agradezco profundamente poder tener.

1. Familia
Cuando las cosas marchan mal, lo único que queda es unirte con tu círculo más íntimo y confiar unos en otros. Mi núcleo familiar más cercano se hizo impenetrable en esta década. Mi hermana partió, mi hermano también, mi prima también está lejos, pero como familia somos indestructibles, ahora más que nunca conocemos el significado del acero, porque es en ello en lo que nos hemos convertido.

Recibo con amor el año que viene, y la década que comienza, cambio de edad y de piso, pero me mantengo en lo que ha sido digno de emular, y lo que me ha ayudado a crecer.
Por lo que fue gracias, por lo que viene amén.

3 jun 2019

I-NE-NA-RRA-BLE

Tengo que escribir antes de que se me borren las sensaciones del cuerpo, tengo que escribir antes de que se pierda 'la' sensación.

Me relaciono de cierta manera con cada persona y este fin de semana casi he estado ausente. Mi maestro, Arístides Vargas, quien parte su poética dramatúrgica siempre desde el exilio, dice que el exilio no es solo un país o un lugar físico. También es una sensación de no encajar, de no pertenecer, de saber que el sitio donde estás, no te incluye, que estás ahí, pero no estás, y tampoco en otro lado.

Este fin de semana me han dado un abrazo ausente, y yo di varios también, sin embargo cuando el abrazo ausente me lo dieron a mí, fue palpable lo frío y pobre que puede sentirse mi corazón cuando la otra persona, el otro par de brazos, no está.

También este fin de semana, encontré calma en el río Guayas. En este episodio de exilio que vivo, el exilio interno del que habla Arístides, fui a fundirme en el calor, en el sudor, y en las olas de colores que forman figuras en el cauce del río Guayas, siempre manso, nunca detenido, tan oscuro e impenetrable como mi alma, tan frío y movedizo como mis sueños.

El río, que es una evocación de las lágrimas de todos los que allí llegamos, sea de visita o a quedarnos; se convirtió para mí en el lugar al que acudir siendo invisible entre tanto ruido, y entre tanta gente. 

Nada más cercano al exilio que rodearte de cientos de personas, y sentir que no ves a nadie, y que nadie te mira.

Luego voy, a 'Pluma y la tempestad', de Arístides mi maestro. Montada por estudiantes que, como yo alguna vez, empiezan este camino de redescubrirse desde el exilio. Yo no fui a ver la obra, aunque sí; fui a darle las gracias a mi maestro, a darle un abrazo, estamos cerca de su cumpleaños y pienso que no le he agradecido lo suficiente por lo que él y su trabajo han hecho por mí.

Y luego vuelvo, parto de ese encuentro, llego a ese encuentro, giro alrededor de ese encuentro, y construyo un relato que me permite mirar mis relaciones interpersonales con quienes me encuentro en Guayaquil desde hace un tiempo ya. Temiblemente cercanos, más que nunca, inenarrablemente.

Y lo que siempre he visto como normal, los tratos que siempre fueron comunes; este fin de semana se volvieron íntimos, y esos espacios tantas veces caminados, se convierten en especiales. Esos ojos, esos rostros, esos tonos de voz que me habitan desde hace un tiempo que llegué a Guayaquil, se me convierten en otra cosa, en algo que no sé narrar, que no sé organizar tampoco.

Boté en el viento, con dirección al Guayas, un montón de ruido interno en forma de silencio. Callé todo lo que pude porque había tanto sonido dentro mío. Y mis oídos escucharon lo que nunca esperé escuchar, y mis ojos vieron lo que nunca busqué ver, y mi corazón sintió cosas que hace tiempo había dejado de sentir. Todo inenarrable, todo como si fuera nuevo.

No me hallo, camino inerte, pero hay vida en lo que me dan los demás, hay vida en lo que recibo. La magia de Guayaquil, es que hay tanto movimiento que tus ojos miran mucho más despiertos. A pesar de ello no he estado ni en un cuarto de energía. Pero a mí, me inyectaron todos todo lo que tenían.

Quiero dormir, o comer normalmente, ahora que ya no estoy en Guayaquil. Quiero mirar en perspectiva esos pequeños dolores que te hacen reír, quiero ser ese 'otro yo' que habita el universo quiteño como un transeúnte que no existe. Porque allá no pertenezco, y acá no me puedo mirar. Así son el amor, el sueño y el dolor. Inenarrables.

13 feb 2019

Cuerpo componiendo y descomponiendo

Martes 15 de mayo:

Hace algunas semanas me vengo sintiendo débil, luego de hacer ejercicio en lugar de sentirme mejor o con más fuerza, siento que la presión se me baja y me pongo fría como si estuviera muy enferma.

El viernes 11 de mayo era un día corriente hasta que aproximadamente a las 19h00 me dio migraña. Tengo migrañas desde que era niña, pero desde que advertimos con mi mamá que ellas se ocasionaban por el tomate de árbol, se volvieron esporádicas. Dicen que no se curan; antes me daban todos los días, así que es un avance.

Las 5 últimas migrañas que he tenido, siento, se han desencadenado después de un salto brusco involuntario, como cuando me caí de las gradas del Teatro bajando la escenografía. O luego de llegar de la academia de inglés con ese bus de Tumbaco que va a 1000 por hora.

Este viernes 11 sin embargo, no salté, ni mi cuerpo saltó involuntariamente; se desató mi migraña con las mismas características de las últimas; no viene sola y es corta. Me bota en la cama y posteriormente me hace vomitar.

Vomité en mi casa y casi desfallecida subí a mi cama de nuevo porque sabía que inmediatamente después viene una bajada de presión. Así fue, pero pasó.

Al otro día, sábado 12 de mayo, tenía que volver al trabajo en la academia de inglés; había esperado 2 semanas para volver, porque mi jefa Patricia, me había advertido que no había alumnos para comenzar un nuevo nivel los sábados, y eso significaba que yo, me quedaba sin trabajo así que, a pesar de mi migraña fui a dormir y el sábado trabajé de manera normal.

El sábado 12, todavía con jaqueca y dolor de estómago (por el vómito creía yo), fui a almorzar a un restaurant vegetariano con una amiga y luego a tomar un té. El dolor persistió todo el día, pero era soportable. Cuando llegué a casa solo comí lo que mi mamá había dejado preparado, y me fui a dormir.

Domingo 13 de mayo:

Mi vía crucis comienza a las 06:05 AM en que me despierta un fuerte golpe, como un pataso latente en la parte izquierda media, casi baja, del abdomen. Estoy sola en casa puesto que mis padres han salido de viaje, y mi hermana ha pasado la noche en casa de su novio.

Empiezo a asustarme más con el transcurrir de los minutos, porque a cada movimiento el dolor se hace más intenso; le escribo a mi hermana mientras pienso que si algo me pasa, la casa y mi cuarto están cerrados, así que me levanto a abrir, pero de aquí en adelante cada nueva ocasión en que me pongo de pie, vomito una sustancia amarilla que no sé reconocer entre mi bilis, o el jugo de naranjilla de la tarde anterior. No aguanto más, así que habiéndole avisado a mi hermana que aún no llegaba, salgo en taxi retorciéndome hacia el centro de salud.

Estando ahí me clasifican en el triaje naranja y yo vuelo al baño a vomitar otra vez. Me toman signos vitales y el doctor que me atiende resulta que no me dice nada, me manda a inyectar 75 gramos de diclofenaco y me manda a casa con 9 paracetamoles.

Subo de nuevo a casa pero el dolor no disminuye. Como conozco mi cuerpo, sabía y sé que con una evacuación de mis intestinos todo marcha a la perfección, pero eso no sucedía, los alimentos ni siquiera cruzaban el estómago y ya todo se me regresaba, así que fuimos a una clínica privada, confiando en que ahí sí me dirían algo.

Que pueden ser cálculos en el riñón, que puedo estar embarazada, que debo hacerme exámenes de sangre y de orina así como un eco para ver ‘qué mismo’, y $25 dólares a cuestas. Puse mi otra nalguita para la segunda inyección del día, esta vez, para que ya no vomite. Mis tíos se enteran de lo sucedido y llegan a mi casa para llevarme al hospital porque el dolor no pasa.

Como es el día de la madre no hay tanta gente. Resumiré las horas y el tedio de la jornada diciendo que me sacaron sangre, me tomaron muestra de orina, me pusieron un suero y me morí del hambre hasta que salieron los resultados. NADA, ni los de sangre ni los de orina arrojaron nada anormal.

La doctora que me atendió me dijo que juraba que tenía un cálculo en los riñones, pero los exámenes no lo confirmaban; no mostraban alteración de azúcar en la sangre, ni sangre en la orina, ni anemia, ni nada alarmante. Me dijo que ‘se arriesgaba’ a darme el alta porque todo estaba bien y no había qué tratar. También mencionó que puede ser estrés porque eso altera todos los órganos, y que el lugar donde me duele solo puede responder a riñones (que no) o al colon. Así que me envió un jarabe y a la casa.

Desde ahí, cualquier otro posible síntoma tiene que ser regreso inmediato al hospital. Es ahí donde comienza mi silencio y mi auto cuestionamiento.

Lunes 14 de mayo:

Me siento mejor, el dolor bajó considerablemente, pero duele a ratos, no comunico nada porque no quiero ser internada a menos de que el dolor me sea insoportable.

Tomo agua y se me pasa, no he vuelto a vomitar. Pero enseguida el dolor vuelve, así que opto por dormir lo más posible. Me sorprendo despertando de una pesadilla, lo que indica que hasta en sueños estoy tensa y con estrés. Cada hora han parecido semanas. El dolor viene y va, pero más viene que va y se incrementa si hay un factor desencadenante de la alteración de mis nervios. Llega la noche y sufro una baja de presión de nuevo, y mi escalofrío no logra vencer mis ganas de dormir. Sigo pensando que la evacuación intestinal, o que tal vez me llegue el período de una buena vez (debió llegarme el 5), despejarían la zona y ya no me dolería tanto.

Martes 15 de mayo:

El dolor no está, ha desaparecido y quedan sus sombras a ratos, puedo sentir cómo mi organismo se acogió a la idea del estrés y cada que siento una cosa tensionante, percibo que la molestia regresa, pero en términos generales, todo va bien. Hoy ya pude bañarme y caminar sin dolor. Y hasta comí cosas sólidas. Sin duda me siento mucho mejor. Sin embargo presento fiebre, (que detectó mi tía y yo fingí estar bien para no ir a parar de nuevo a la clínica) y tengo síntomas de que va a darme gripe.

En menos de una semana mi cuerpo simplemente ha colapsado de todas las maneras que conoce y por eso me animé a escribir, porque aunque creo que lo peor ya pasó, cada nuevo día con cada hora que pasa, siento que hay una novedad en mi salud. Por eso escribo, con el afán de que quede registro de lo que sentía por si yo un día ya no puedo contarlo.

Mañana abandono la casa de mis tíos, me auto ‘di de alta’, porque el dolor abdominal no está y ya evacué, pero si en estos 5 días he aprendido algo, es que una hora se compone de momentos muuuuuy largos, y de que cada día puede aparecer algo nuevo, como un nuevo dolor.

Espero equivocarme y que esta fiebre ya baje.

00:55 AM, Miércoles 16 de mayo.

31 mar 2018

Libros ojeados de marzo

He estado leyendo tres libros, pero acabé solo uno y ese es el que voy a compartir. El nombre de este libro es Don Camilo del autor italiano Giovanni Guareschi; el personaje de Don Camilo se convirtió en el más famoso del autor y tan querido por los lectores que Guareschi terminó escribiendo cinco libros más versionando la vida del cura católico.

Este primer libro de Guareschi, que se llama a secas Don Camilo, nos presenta al cura de un poblado que nunca se llega a especificar, y su accionar frente al Alcalde de este sitio, a quien se le conoce como 'Pepón' quien es un comunista que llegó al poder según Don Camilo, por medios fascistas, mientras que Pepón acusa a la iglesia de ser la fascista.

A pesar de que el personaje de Don Camilo se retrata como un hombre de Dios, que nadie se engañe, pues es más grande y fuerte que Pepón, más peleón que Pepón y el pueblo le tiene más pueblo al padre que al Alcalde. El único que puede hacer entrar en razón al pintoresco Don Camilo, es el mismo Cristo del altar, ante el cual Don Camilo siempre deberá pasar para hacer sus fechorías.

En el prólogo ya nos introduce el autor lo que leeremos con tres relatos distantes de la vida de un pueblo como cualquier otro, el primero de un bebé que está enfermo, y el padre de él acude a la iglesia amenazando al cura sobre que el bebé debe curarse esa noche o hará arder la iglesia, finalmente el bebé se salva. El segundo relato sobre un niño que crece enamorado de una chica mayor a él, y aunque la molesta y atosiga como niño, nunca deja que ella sea 'de otro' más que de él, incluso cuando es mayor. El último relato habla de un perro que es asesinado por un consorcio que construye a nombre del estado las vías del ferrocarril; luego de morir el animal, todo consorcio se aleja para siempre de construir nada, pues han afectado una vida.

Recomendadísimo libro, muy divertido retrato de la vida de un cura muy humano, nada de lo que esperaríamos sin agredir mayormente a la iglesia católica. Y de esos pueblitos que todos hemos conocido alguna vez pero no podríamos nombrar solamente uno. Pepón, un Alcalde rojo, pero no por ello mala persona, y el Cristo del Altar que lejos de ser conciencia, es sentido común.

5 feb 2018

Buenas tardes damitas y caballeros

Son las 15:13 de la tarde y me dispongo a ocupar una de las unidades de transporte público metro bus en la ciudad de Quito; hay seis colas. Tres de ellas pertenecen a la ruta Ofelia - Marín y las otras tres lo propio para la ruta Ofelia - IESS. ¿Problemas? Ninguno.

Lo que sucede luego es que estas filas, sobre las que reza una señalética que pide que se hagan dos hileras, se transforman en cuatro, luego en una bola de gente. En el acceso número dos, que también tienen una señalética que indica que ese acceso es de uso exclusivo de mujeres, personas con niños en brazos, embarazadas, personas con capacidades especiales, y personas de la tercera edad, se encuentra un muro de medio metro interrumpiendo el paso.

Ninguna persona no vidente podría pasar por esta puerta esquivando este muro sin dificultad, y mucho menos podríamos decir algo de quienes tienen sillas de ruedas, que no pasarían por esa puerta que se supone, les corresponde.

Son las 15:15 y todos tratamos de un solo empujón de entrar en la unidad. Una vez dentro la encarnizada guerra por conseguir un asiento se convierte en nula, cuando una mujer se sube de manera tardía con un bebé en brazos, y al observar la falta de modales de los caballeros, es una misma la que debe ceder el asiento que ha esperado con tanta ansiedad.

El trayecto no tiene nada nuevo, frenazos, aceleraciones, si no te agarras bien vas a dar al suelo; vendedores a cada parada y el clásico "caramelito, caumal, claritas, moritas, almendra, chomelos" que no falta por lo menos en las primeras tres paradas. Luego uno que otro no vidente cantor, del que no estamos exentos de dudar de su condición. El enfermo terminal que pide ayuda para costear su vida y enfermedad; el niño de los hermanitos quemados en Zámbiza.

15:45 Hemos llegado al Playón de la Marín, última parada del sistema integrado metro bus de la capital, alertados por la recomendación del conductor de tomar precauciones con las pertenencias sobre todo en las puertas, y agradeciendo que ya no debemos escuchar el hip hop a todo volumen, del que disfrutaba nuestro compañero de asiento, quien iba convencido de que también amamos la melodía; así termina la jornada, aprendida por todos.

Queda preguntarse si los modales no existen en los buses, queda preguntarse si nosotros hacemos algo por cambiar los trayectos de los demás, si emitimos una sonrisa o ponemos menos mala cara. Lo cierto es que no conozco a nadie que ame hacer estos recorridos en ninguno de los corredores que tiene la ciudad, pero supongo que todos podemos aguantarlos porque nadie se queja; asuma que el día en que pongamos un alto seguramente el gran sueño de entender que el progreso no está en que todos tengan carro, si no en que todos viajen en sistema público, por fin será posible.

30 ene 2018

Una mochila llena de nada*

Ya sus pisadas vagas e inconscientes me hacen saber que es ella. Se ha comprometido este año a ya no ser impuntual y como nunca, llega a tiempo, son veinte para las tres de la tarde y veo de lejos su mochila azul.
Siempre tuvo un aspecto de floja, y su pinta de niña dark o punki no se reconoce bien sino a los ojos de quienes la conocemos. Mide aproximadamente 1.60 de estatura, calza 37, su color favorito es el negro con rosa, porque para ella es uno solo, como el de funki fish.
Su melena negra azabache que sostuvo por siete semestres ha cambiado en esta ocasión por un corte que no le convence por su irregularidad y por su “diferencia” como ella misma lo llama. Nunca le gustó maquillarse mucho, lo necesario fue siempre una dosis de delineador en el párpado superior con mucho rímel en el par de grupos de pestañas que rodean el ojo. Eso sí, mucho rubor, porque le da clase a una mujer que, como ella, aprecia el estilo vintage.
Esta tarde luce un pantalón a cuadros tubo rojo, con su clásico buzo negro que le acompaña a todo tipo de ocasión, suele rotar a veces con chaqueta de cuero, saco de lana o chompa rompevientos, todo negro. Sus tenis no están desgastados, pero tienen la apariencia de fieles compañeros por largo tiempo, cubren unas medias diminutas color blanco hueso, que no es el mismo blanco de hospital frío y silencioso.
Jamás sale de casa sin accesorios, que por sutiles - llamativos, van encabezados por el anillo de búho cobrizo que costó tres dólares en el espiral y por el cual casi arranca la mano al dependiente de la tienda. Este anillo venía con un par de aretes de buhitos que también se ha puesto hoy. Aunque me ha pedido que no hable de su manicure francés ya cansado de pasear por sus manos, lo anoto para tener en claro que a su modo, Stephanie, viene muy arreglada.
La mochila azul es solo pura pinta, hoy no tiene clases pero ha accedido a ser mi entrevistada esta tarde mientras devoramos a la par unos panes de yuca con yogurt que en respuesta al hambre, saben espectacular. Volviendo a la mochila, es enorme, pero va llena de nada.
Comenzamos la conversación sin mayor preámbulo, y luego de risas, panes de yuca y un agua con gas que es la peor que ha comprado en su vida, procedo como me corresponde, a preguntarle qué es lo que piensa de la Patria.
Esa es la última pregunta que le debo hacer, pero a mí me importaba más que la primera; la respuesta sin embargo, mejora en la segunda pregunta. No sin antes un breve quejido por ver aproximarse una entrevista de política a lo que responde con una fruncida de nariz, tan clásica en sus expresiones.
Me cuenta que la Patria es para ella un pedazo de tierra que tenemos los seres humanos para compartir y convivir sin matarnos, es algo que no elegimos. Cuando le hago referencia a lo que piensa de su patria, afirma que este pedazo de tierra se va aprendiendo a querer porque es tuyo, “…esto es la base de tus sentimientos, por eso aprendes a querer lo que tiene…” Termina fulminando con que es la Patria la que hace que crees tu forma de vivir y a partir de este concepto, cómo te desarrollas con otros.
La democracia le crea mayor conflicto cuando se la pregunto, piensa un microsegundo en que parece encontrar en un cuarto de su memoria la respuesta y en una exhalación dice que la democracia cada quien la entiende como quiere. Confía, por el mundo en el que le ha tocado vivir, que es una palabra cargada de poder que el mismo poder usa a su conveniencia.
Es más firme en esta repuesta, diciendo que la democracia es una idea visionaria, sin embargo en su criterio, este concepto es tan manipulado por las masas que se llega a prostituir perdiendo todo su valor, cree firmemente que la democracia funciona, pero baila siempre al son que le tocan quienes la tienen en la mano.
Son las 15h28 y hemos terminado con el encuentro. Con los vasos vacíos y el corazón un poco más lleno, Stephanie toma su mochila, con el aire cansado y la mirada iluminada. Su sonrisa triste esconde la revelación que me haría más tarde, su interés de terminar la universidad le brota por los poros, todo será nuevo dentro de poco, también para ella la política y su corte de pelo.
Ha pensado en ponerse extensiones, y mientras medita profunda va por el camino de funki fish, que la ve despedirse con su pantalón rojo, su buzo negro y su búho en la mano.
*Texto publicado originalmente el 29 de marzo de 2013. Entrevista a Stephanie Chugulí.

31 oct 2017

Siempre podré guiarme por el resplandor de La Habana

Ernest Hemingway escribió esa frase en su libro El viejo y el mar; Hemingway vivió 7 años en Cuba y se inspiró en su malecón para narrar la historia de este anciano que se enfrenta con el océano y con el peso de los años. No se trata del libro este escrito, que releí con pretexto justamente de mi viaje a Cuba, del cual procedo a relatar cada paso.

Cometí el error de hacer el viaje en tour, por lo demás un error con mayúscula, me ganó la ansiedad de el destino y por supuesto que lo terminé pagando muy caro, literalmente. Al volar hacia Panamá, primera escala hasta La Habana, la tipa que nos había dado la información cometió el error de darnos equivocadamente el número de gate (puerta de salida) del avión y me percaté 10 minutos antes, porque no había nadie en nuestra sala de espera (viajé con mi hermana).

Afortunadamente después de correr por medio aeropuerto de Tucumén, que es el más grande de América Latina, nosotras estábamos en el gate 17 y el verdadero gate era el 31, llegamos a tiempo.

Una vez en La Habana, yo había visto previamente que el clima iba a ser desfavorable, recordemos que hace no mucho Cuba fue azotado por el huracán Irma, del cual quedaban estragos aún, por lo que ya la meteorología (en la que nunca se debe confiar, comprobado) decía que íbamos a tener días lluviosos. Así que al llegar llovía, pausadamente, pero llovía. Nuevamente de forma feliz, no llovió ninguno de los demás días del viaje.

Ese día, a penas pusimos las maletas en el cuarto, salimos a recorrer la ciudad; por un boleto de 10 CUC, la moneda convertible de Cuba, se puede recorrer la ciudad varias veces con el mismo boleto y bajar donde una desee. El cambio es bien empobrecedor porque generalmente nosotras estábamos acostumbradas a que en América Latina el dólar (moneda que usamos en Ecuador) es súper poderoso porque nos dan el doble o triple del valor a cambiar, lo cual no sucede allá en Cuba, es decir, por cada cantidad que cambias, recibes un 10% menos.

Conocimos enseguida la plaza de la revolución, que no es como la pintan, es muuucho mejor. El mausoleo a José Martí que es ridículamente menos famoso que las imágenes del 'Che' o de Camilo Cienfuegos, pero es de una belleza incluso mayor; vista desde arriba, forma la única estrella de la bandera de Cuba. Ahí junto a la plaza, a un costado, hay una especie de parqueadero donde desfilan todo tipo de autos clásicos, realmente es muy entretenido ver cada modelo, diseño, dueño y contexto alrededor de cada vehículo; luego nos explicaría una de nuestras guías, que así llegara alguien a comprar con todo el dinero del mundo los autos allá en Cuba, ellos muy amablemente les dirían: 'No, gracias'. 

Pasamos del patrimonio automovilístico, al primer rayo de sol que apareció ese día, paró de llover pero seguía un poco triste el día, a pesar de ello el clima estuvo siempre cálido, no sofocante pero sí abrigado. En Cuba las edificaciones son rústicas, no sé si mencionar viejas sería un buen adjetivo, se conservan de una manera muy digna, y probablemente eso las hace el centro de atención, porque todas tienen arquitecturas que son de otra época, como si viajáramos en el tiempo a una década que ya no está más, o a un tiempo que ya no reconocemos.

El malecón de La Habana es de una belleza sin igual, tanto de día como de noche, probablemente es lo más lindo que hay, no sé si no le hago honor a La Habana vieja, pero el malecón me pareció realmente bello. El trago es impresionantemente barato, no solo el ron sino todos los licores, son de valores inverosímiles, un sueño para cualquier bebedor compulsivo, además que son riquísimos todos. Yo casi no bebo, pero las cosas obvias que probé (el daiquirí en el Floridita y el mojito en La Bodeguita, como manda Hemingway) fueron de una delicia sin igual.

Tropicana y Parisien son famosos, pero conservan poco de su legado original, hoy por hoy la gente prefiere otra alternativa, porque Cuba se reconoce mucho por su son, su mambo, su guaracha, su guaguancó y por todos los ritmos tropicales que de estos derivan; así que Tropicana y Parisien están bien para ver, pero para vivir realmente los lugareños nos recomendaron ir a un espectáculo llamado Los legendarios del Guajirito, donde están entre otras figuras, varios de los fundadores de la extinta banda Buena Vista Social Club.

Vale la pena, cada centavo y cada segundo, ellos ponen todo el ambiente, no permiten que nadie se quede en las sillas, es una cena, pero luego de la cena está el fiestón, a lo grande, y te hacen jugar, bailar, saltar y divertirte, si realmente quieres disfrutar de la magnitud de la alegría cubana, es realmente recomendable. Además que las leyendas musicales que están ahí, son sumamente lindos y se dejan tomar fotos y la gozan y la disfrutan tanto o más que los turistas. Fue una experiencia realmente muy grata.

Los helados Coppelia tienen una cola súper injusta, son famosos porque son deliciosos, pero los turistas acceden enseguida mientras que a los habitantes se les hace esperar por horas; "estamos acostumbrados" dicen ellos con una sonrisa en la cara, porque eso sí que es innegable, su calidez humana, su sabor, su sonrisa, jamás le faltará ninguna de esas tres cualidades a ningún cubano. Los buses son súper baratos, pero demoran más de una hora entre unidad y unidad, jamás los cubanos llegan puntuales a ninguna parte porque el sistema de transporte no abastece para la cantidad de gente. Olviden las bicicletas, el calor es sofocante como para usarlas más de una cuadra.

Visitamos el callejón Hamel que nos habían recomendado mucho, es una calle muy pequeña y llena de santeros, brujos, magia y dicen por ahí, los mejores mojitos, pero pasamos rápidamente, primero porque el espacio es pequeñito (es un callejón) y porque hay una cantidad inusitada de niños pidiendo monedas, o de algún 'vivo' que te quiere dar un recorrido o información, pero siempre a cambio de dinero. El lugar es precioso, pero es atosigante porque está en un barrio en el que es evidente que los turistas son carne fresca. No lo visitaría otra vez.

La gente de Cuba no vive mal, pero algunos se empeñan en hacerte ver como si su vida fuera mala, todo el tiempo te van a pedir que les regales lo que llevas, o el agua, o algún producto tuyo (en el hotel por ejemplo), pero no porque se estén muriendo del hambre, o vivan en la pobreza, simplemente que es un deseo como de adquirir mejores cosas de las que tienen.
Nuestra guía, fue maravillosa, ella nos explicó sin pelos en la lengua cada cosa que le preguntamos sin tapujos. Nos contó que en Cuba todas las personas tienen una cartilla donde mencionan cuántos son en cada casa, a cada miembro independientemente de si tiene 0 meses o 100 años, se le entrega la misma ración de alimentos y de productos básicos, que obviamente no alcanzan, por eso la gente rellena sus oficios con el sector turístico, porque de cualquier propina sacan más de lo que ganan. El turismo es la primera actividad generadora de dinero para Cuba.

Liz (la guía), nos contó que en Cuba el sueldo promedio es de 35 CUC, algunos ganan un poquito más y otros un poquito menos dependiendo del oficio, por ejemplo los médicos que se supone ganan más, pero es muy poquito, 40 o 45, es decir tampoco es un gran aumento. Los vehículos y las casas son heredados, nadie puede irse a vivir solo porque el estado cubre que tú debes vivir con tu familia. Si te casas, pues deben decidir si viven en casa del novio, o de la novia, pero esa casa solo pasa a ser tuya, cuando tus papás mueren. Lo mismo con el carro, así que si tú y tu hermano necesitan el carro, pues a ponerse de acuerdo, o a pelear. 

Las casas, como son muy viejas y no se construyen más, solo pueden cambiarse si la edificación se ha caído, y ahí el gobierno te asigna un cuarto en algún lugar construido para ese mismo fin, mientras eso te puedes ir a un albergue, pero tú y toda tu familia, es decir, esa casa, o ese cuarto no son solo para ti.

Los turistas sostienen a Cuba, así que casi todas las edificaciones estaban en remodelación, porque lo que se tiene se utiliza para inversión en turismo, luego vendrá lo demás, pero el turismo es primero para ellos. Y el trato es espectacular, nunca tienen una mala cara o un desgano, siempre están atentos y muy muy pero muy amables. La gente de Cuba en verdad es muy linda.

Tal vez haya quienes critiquen mucho la forma de vida de Cuba, pero ellos aprendieron a no despilfarrar y a vivir con poco, a cambio tienen la más sólida formación en salud de toda América Latina. Cuba es el único país del mundo, donde si la madre está contagiada de SIDA, el bebé nace sin contagio. Acabaron con los malestares oculares y tienen los mejores oftalmólogos de la región, hace unos años, cuando vivía Hugo Chávez, se llegó a un acuerdo para crear la operación 'Milagro' que hace que los médicos cubanos lleguen, operen, y mejoren la vida de las personas en territorio boliviano entregando a todos una nueva visión. Cuba no tiene analfabetismo. No tienen riquezas materiales, pero tienen todo lo que necesitan. 

Para una persona fuera de la Isla, eso es duro de presenciar, porque nosotros estamos acostumbrados a vivir a expensas de todo, gastar y malgastar todo, allá todo se ahorra y se conserva. Creo que es un modo muy digno de vivir, el que Cuba haya permanecido de esa manera por más de medio siglo, habla muy bien de la cultura que tiene la gente, la cultura de vida.

La Habana es más que preciosa, fuimos a la ceremonia del Cañonazo que desde 1810 se hace todos y cada uno de los días del año, sin excepción. Cuando hay mal tiempo, se da el cañonazo sin ceremonia, pero nunca falta y es siempre muy puntual. Liz nos dijo ciertamente: si tu reloj da las nueve y no has oído el cañonazo, es tu reloj el que está mal. La fortaleza de San Carlos de la Cabaña era parte de las murallas que dividían La Habana, en tiempos antiguos, se daban dos cañonazos, uno para abrir las murallas a las 7 de la mañana, y otro para cerrar las murallas a las 8 de la noche. Todavía hay pedazos de esa muralla por toda La Habana. 

Con el tiempo y por turismo se dejó solo un cañonazo al día, y seleccionaron las 9 de la noche, porque para los cubanos es justo ahí cuando la noche recién comienza. Si te quedabas dentro o fuera de las murallas, debías esperar al otro día para retornar a tu sitio, fuera de las murallas habitaban las personas de oficios, los trabajadores, podríamos decir la gente con menos recursos. Dentro de las murallas habitaban los hacendados, dueños de tierras o gente más adinerada; no era una ley, pero sí era así en su mayoría.

La ceremonia es realmente lindísima, llena de mística y se puede presenciar lo imponente y temible que debe haber sido un cañón en guerra. El cañón que se utiliza para la ceremonia es real, la bala obviamente no. Pero por toda la fortaleza hay balas de cañón auténticas y cañones de esa época para que se puedan apreciar.

Conocimos el Floridita, la bodeguita y el hotel Ambos Mundos, donde vivió Hemingway, que tiene una vista preciosa de La Habana. Además ahí se puede apreciar un atardecer bellísimamente naranja. La ropa vieja es uno de los platos tradicionales en Cuba, y aunque todo el mundo sabe que se come mucho arroz con frijoles negros, les puedo asegurar que no hay ninguno como los hechos en Cuba. No sé qué le ponen, pero es demasiado delicioso, ni siquiera necesitas la carne, ya con el arroz quedas más que feliz y satisfecha. Me imagino que comerlo a diario será otra cosa, pero para una que va de pasada, es el sabor de la gloria.

En la Bodeguita puedes rayar en las paredes, y tomarte el mojito, realmente el reto es encontrar dónde escribir porque todo está escrito, incluso las paredes de fuera. Y el mojito es fuerte, el verdadero mojito cubano. Toda La Habana vieja parece salida de un cuento, es un verdadero sueño estar ahí y poder recorrer esas calles, explorar, perderte por ahí. La felicidad en su máximo esplendor. 

Me llamó muchísimo la atención el mar, no sé si era ignorancia mía, pero siempre pensé que el mar de La Habana era un mar en el que no se podía nadar, como nunca ha sido famoso precisamente por su mar sino por lo que está en tierra, entonces no se me ocurría que fuera posible. Pues nuestro hotel tenía salida al mar y podíamos nadar tranquilamente, el agua es riquísima, calientita todo el año, no tan calmada pero sí nadable y absolutamente azul, nada de contaminación, se ve perfectamente el fondo del mar.

También van a ver muchísima gente vestida de blanco completo, nos dijo Liz que la religión oficial en Cuba es el catolicismo, pero que va en descenso mientras que la religión afro cubana ha ido ganando cada vez más adeptos, entonces que el primer año de conversión a la religión les exige que se cubran la cabeza y se vistan de blanco, entre otras ofrendas que deben realizar dependiendo de lo que le corresponda a cada quien; hay cierta temporada del año en que el mar está lleno de sacrificios a Yemayá la diosa del mar, entonces ahí se mata animales, o se arroja algún fruto al océano.

Luego de unos días divinos en La Habana, en los que yo solo recomiendo recorrer y recorrer y recorrer; visitamos Varadero, es una playa de lujo y dicen que solo los turistas van allá, la gente de Varadero se dedica en un 98% al turismo, casi todos trabajan en algún espacio destinado a recibir gente. Viajar hasta allá es una experiencia que creería que no se vive en otra parte, el mar de lado y lado, súper turquesa, clarito, transparente, cálido, un paisaje lleno de palmeras y lugares preciosos por conocer.

Hablando de la palma real, es el árbol nacional en Cuba, porque representa a los cubanos, se mueve para un lado y para el otro, pero nunca se cae.

El mar parece una piscina, en todo momento. Varadero es todo turismo, las playas son exclusivas de los hoteles, el mar estaba un poco picado porque por el otro lado comenzaba a pasar la tormenta Nate, que no iba a pasar cerca de Cuba, pero es el mismo mar, así que eso hacía que el agua esté intranquila, eso nos lo explicaron los trabajadores, porque dicen que el mar es más que estático. El primer día pudimos nadar, porque estaba muy mansito, pero el resto de día ya estaba más intenso. A pesar de ello el agua es cristalina, verde, turquesa y azul, en ese orden. Ideal para relajarse.

Me quedo con La Habana, todo es hermoso ahí, llegamos en el 50 aniversario de la muerte del 'Che' Guevara, así que en Santa Clara se estaban haciendo todo tipo de homenajes, también por radio. En La Habana solamente en la plaza de la revolución. Recomiendo mucho que se visite este increíble destino. Todo el calor del trópico y toda la fuerza de la historia en un país que sabe lo que es sostenerse de pie en la cuerda floja. El mejor viaje que he hecho en mi vida, sin duda alguna.