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31 dic 2019

La década de las primeras veces

Sin referir un tema a cada año, he querido hacer el top 10 de cosas que han marcado la década para mí, en mi vida y en mis circunstancias. Recuerdo con claridad cuando en 1999 la gente se suicidaba y había una paranoia social con el tema de cambio de siglo, bajo esa misma lógica del año finalizado en 9 como el fin de un ciclo, agarro el cierre de la segunda década de vida.

Le llamaré a este recuento, la década de las primeras veces, porque siendo tan joven todavía, mucho de lo vivido jamás lo conocí o tuve una experimentación que me hiciera acercar con pericia, fruto de ello, las primeras veces se tiñen de lo más bello y de lo desconocido, son sonrisa y a también son lagrima.

10. La mala racha
Pocas cosas en el mundo le hacen a una aprender tanto como las cosas que salen mal, o que no salen. No es algo que haya sucedido tan solo una vez esta década, al contrario, cada año ha ido marcado de lo bueno y lo no tanto, pero es gracias a ello que cierro el período 2009 - 2019 con algo de alegría ahora. Nada se compone solo de felicidad.
Mi abuelo ha fallecido, me demoré dos años en graduarme de tercer nivel, me quedé sin trabajo, me lanzaron energías negras, me quedé sin dinero y casi al borde del colapso, mis niveles de tristeza estuvieron disparados un amplio lapso de la década. Todo esto, que ya no existe más, es parte fundamental de mi crecimiento posterior.

9. UTE: Entrada y salida
Era un 2009 que iniciaba esta década que ahora acaba, y se marcaba con el fin de mi estadía, y de mi paciencia, con la Universidad Central. No era lo que busqué y fruto de ello encontré la facultad de comunicación de la Universidad Tecnológica Equinoccial. Ingresé con mucha ilusión y aprendí, más de la vida que de Periodismo, aunque también.
Para el 2014 había egresado, con el corazón roto, con los brazos vacíos y con unos dolores en el alma que parecía que nunca se iban a ir. Esa profunda depresión me limitó de tal manera que demoré dos años en hacer la tesis; subía a la Universidad y lloraba porque los recuerdos de otros tiempos me devoraban el alma. Me gradué en 2016.
Me llevo mi paso por el teatro de la Universidad, como algo maravilloso, que me sostuvo dentro de la desequilibrante realidad que rodeaba mi carrera. A toda la gente que conocí y amé, en este fin de la década, un salud.

8. Trabajos
La falta de él, el exceso de él, las primeras veces haciendo cosas impensadas, el vínculo con áreas que nunca creí posibles. Los equipos que han sido increíbles y otros no tanto. Si bien no me inicié trabajando esta década sino en la anterior, esta es la primera en que me veo en la necesidad de hacerlo y sufro cuando no lo hago.
Destaco mi paso por HotCold en la coordinación del vacacional Xakasún, que es mi primer encuentro pseudo formal con la infancia, y la Secretaría de Cultura del DMQ que me ratifica mi amor por la gestión cultural y probablemente la utilidad de la comunicación en ello.

7. Oriente
Corría el 2009 y mi despecho de la Universidad Central me había hecho sentir que tal vez debía tomarme un tiempo, así hice. Gracias a una amiga entrañable conocí Nuevo Rocafuerte, y habité ahí, tuve un paso corto por el Coca, y mi cuerpo siempre ansía volver a esa tierra. Tena es una ciudad donde podría incluso vivir.
La conexión conmigo misma y las cientos de anécdotas que saqué de aquella experiencia en el oriente, lejos de todo, de todos, sin internet, sin periódicos incluso. Asemejo el espacio al sitio donde habita el personaje central de "El Coronel no tiene quién le escriba", solo que a mí me daba gusto que nadie en la tierra supiera donde estaba.
Mi vida dio un vuelco luego de esa experiencia, sin duda en otra vida mi sangre tuvo el veneno de las serpientes, y en otras vidas yo debo haber estado siempre en esas aguas. El Oriente ecuatoriano no tiene comparación, no es solo un bello paisaje, que también, sino que es una forma de vivir que solo cuadra con almas antiguas, como la mía.

6. Docencia de Primero BGU
Esta década está marcada para mí por el accidente más bello, encontrarme con la educación fue una búsqueda que no estaba realizando, pero me dio casi todo lo que quería, buscaba y necesitaba. Entre los centenares de estudiantes que han pasado por mis aulas, y que he recibido con todo mi corazón, están niñxs muy pequeñitxs, adolescentes, adultos. Cada grupo se queda en el corazón, o al menos alguien de todo el grupo de estudiantes, te roba un poco de amor, y te enseña mucho más de lo que puedes imaginar.
Una experiencia muy desencajante, me sucedió en 2016, cuando ingresé a una institución que me ha dado largo material de crítica a la educación, incluso en este mismo blog he despotricado sobre todas las cosas que vi mal ahí, y que se siguen practicando en muchas esferas educativas. No quiero hablar mal, tampoco tengo nada bueno que decir de ese lugar; sin embargo conocí a un grupo de estudiantes del que me enamoré perdidamente. Fui su tutora y fue el primer curso que estuvo a mi cargo enteramente, soy lo que soy en la educación, porque aprendí todo con ellos, me bauticé, me hice guerrera y perdí ahí.
Hoy son mis amigos, no terminé esa experiencia porque no pude (es aquí cuando me llegaron esas energías negras que mencioné al principio) pero luego de ello, soy una tiburona, nada me vence, nada me sorprende en la educación, y ahora sí sé cómo actuar. Así que gracias por el amor, y por las heridas.

5. Viajes
Como para marcar el cierre y el inicio de algún ciclo, los viajes dentro y fuera de Ecuador me acompañaron mucho esta década. Entre los nacionales, que no incluyen el oriente porque eso es una experiencia de vida, destaco que conocí Galápagos, un lugar mágico que me invitaba a ver sus conjuros naturales mientras calmaba mi vida. 
Pero quiero asignarle este espacio en el "top 5" a un país que fue mi sueño conocer. Cuba era un país que estaba en mi lista de prioridades en la vida y lo logré, sin imaginarlo siquiera un día solo me armé de voluntad y fui para allá. La Habana es un verdadero espacio-tiempo que no tiene explicación, y que solo terminó de añadir fuerza a esas leyendas de gallardía, de revolución, de resistencia.
Especial mención quiero hacer al Lago Titicaca, su belleza no tiene comparación, y las nubes parecen algodones que parecen ser puestas como con unas pequeñas pinzas, el helado viento que besa tu rostro es solo un abrazo de la vida que te hace respirar con los pulmones hinchados de vigor.
A la mágica Macchu Picchu, y la extrañeza del Cuzco, gracias por enseñar al mundo que nadie podrá matar la herencia inca, y por construir amaneceres y atardeceres inundados de historia, de misterios, de preguntas, de relaciones y de teorías. Máncora, y su falta de fotos porque perdí la cámara, es un tatuaje en la piel de que la alegría es un espíritu que flota por encima de las cabezas que se disponen a recibir el amor y la armonía del universo.

4. Malayerba y sus raíces que son alas
Me cuestioné por horas si Malayerba debía o no ir directamente en mi podio de la década, porque el 90% de mí, de lo que soy, de lo que replico, de lo que entrego al mundo, de cómo me relaciono con las personas y las cosas, lleva el sello de mi Laboratorio, que irónicamente fue mi escuela.
Otro debate lo tenía con el bronce de esta lista, porque es la maestría la que me hace dudar mucho más que tener certezas; por eso entre el número 4 y 3 de esta lista se entrecruzan, pero creo que es bueno irle dando espacio al tiempo para que pueda hacer de Malayerba mis alas, porque es mi raíz.
Debo a Malayerba casi todos los contactos que tengo en la vida, casi todos los trabajos que he tenido en la vida, y por Malayerba puedo dar clases porque aprendí ahí todo lo que sé, en Malayerba me humanicé y mi ser tiene un antes y un después de ingresar y salir de esas salas. Tanto llanto, tanta alegría y tanta fuerza solo podían haber sido inyectadas ahí. Gracias a Malayerba viví la experiencia del Festival Mujeres en Escena por la Paz en Bogotá de 2013, y los otros tantos festivales a los que he tenido la oportunidad de asistir solo por el amor eterno al teatro. Mi última función se me inflaba el pecho del orgullo y la felicidad, porque hacer lo que amo, y poder dirigir (otra primera vez en la década) son gracias a mis maestros, y a sus enseñanzas.
Me quedo con el rastro de esas huellas, que por cierto me dieron beca en la universidad para estudiar, el teatro que me lo ha dado todo, todo todo; me invita en esta nueva década al proyecto más demandante de mi carrera, y me ha obligado a lanzarme a la dirección con una vehemencia tan propia de las tablas que no tengo más que dar gracias al arte, que me permite conocerme, y encontrarme con la vida en su expresión más amplia.

3. Maestría y su gente
La medalla de bronce, se la merece mi maestría, que me ha despertado, abierto los ojos, cambiado, conmovido, cuestionado, vapuleado, vilipendiado internamente, ha sacado la mejor versión de mí, y me cierra la década con un reconocimiento de parte de mis compañerxs que es la cereza a una vida de gestión política desde los rincones, porque nunca he querido nada para mí.
A todxs valoro, respeto, aprendo, admiro. De cada una de las personas de la maestría he aprendido algo y me he maravillado escuchando sus disertaciones y comprendiendo nuevas y mejores maneras de gestionar las artes. Gente tan linda de la que ya pronto me deberé despedir, pero que la vida unió como capricho del azar.
Me cuestiono todas las formas de proceder que tengo ahora, me pregunto a quién sirvo y de quién soy servil; qué me sigue colonizando y cómo combato esas formas. Tengo la posibilidad de dialogar con tanta heterogeneidad sin intención de homogeneizar, y de escuchar porque me inclino.
La educación pública, gratuita y de calidad en artes, es un derecho, y por ese derecho trabajaré hasta la muerte.

2. Amigxs
Tuve un lapso de aproximadamente dos años, donde la mala racha que tocaba en el punto 10, no me dejaba de respirar en la nuca. Como familia nos pasaron cosas terribles, a título personal andaba de capa caída y no encontraba trabajo, el desamor me rodeaba, tuve una tras otra de cosas negativas y de un aura muy oscura que parecía no querer irse de mí. Solo la vida sabe cómo pude salir de esa época que parecía no tener fin.
Probablemente, una de las principales cosas que me permitieron resistir e incluso sobrevivir a tan mal tiempo, fueron mis amistades, venidas de todas partes, que incluso me prestaban dinero, que no me dejaron caer, que siempre tuvieron un plato de comida, una mano amiga, o incluso una palabra de aliento. Sin estas personas maravillosas, durante toda esta década, no lo habría logrado, y ese es un tesoro que agradezco profundamente poder tener.

1. Familia
Cuando las cosas marchan mal, lo único que queda es unirte con tu círculo más íntimo y confiar unos en otros. Mi núcleo familiar más cercano se hizo impenetrable en esta década. Mi hermana partió, mi hermano también, mi prima también está lejos, pero como familia somos indestructibles, ahora más que nunca conocemos el significado del acero, porque es en ello en lo que nos hemos convertido.

Recibo con amor el año que viene, y la década que comienza, cambio de edad y de piso, pero me mantengo en lo que ha sido digno de emular, y lo que me ha ayudado a crecer.
Por lo que fue gracias, por lo que viene amén.

29 dic 2019

Cartografías Paganas

Una de las curiosidades en materia artístico cultural este año, la abrió "Cartografías Paganas", una Bienal de Arte urbano que trajo al museo varias preguntas mediante su exposición. Artistas urbanos de Colombia y de Ecuador formaron parte de este trabajo, que contó con la curaduría de un hombre y una mujer. Aquella, quien fue docente de quien escribe, relata que en varias oportunidades a quien se veía como "el curador" y la figura de autoridad, era a su par colombiano.

Es la primera vez que ingresa al museo el arte urbano, y es la primera vez que para el público en general se toma el muralismo, el grafiti, el tag, el stencil, etc. Como una propuesta no vandálica (y sí), al exhibirla en el museo. Incluso en las paredes se encontraban varios glosarios de términos que permitían que la gente conociera de qué hablaba cuando se refería a algún concepto del que se desconoce su definición.

 En lo personal me gustó mucho la primera parte del espacio, donde se encontraba el chapeteo, que es un lenguaje inventado únicamente en Guayaquil. Como es una ciudad tan represiva con el arte en general, el chapeteo nació como un mecanismo de comunicarse que posteriormente fue replicado en el resto del país, pero que es originario de Guayaquil; lo cual hace pensar que el arte urbano a penas está en ciernes en la ciudad Perla.

Adicionalmente la exposición se hizo en el MAAC, que es un museo nacional, y que invita a otros acercamientos y a otras miradas para toda la ciudad (en teoría), por lo que es un intento buenísimo de poder acercarse sin temor a estas miradas otras, y a estos tipos de trabajo otros, con los que el poder hegemónico nos insiste en desencontrarnos, y al que prácticamente, busca exterminar.

Queda preguntarse en la ciudad de Guayaquil, ¿por qué el museo recibe arte urbano?, más que como algo decorativo, precisamente por el deseo ornamental de la municipalidad. ¿por qué no hay grafiti en la ciudad, en las calles, en las paredes, en las puertas? Guayaquil reprime y maltrata al artista, pero al artista urbano, ni siquiera le categoriza como tal.



 El mismo artista que grafiteó el metro de Quito, y tiene un proceso legal en su contra, es el autor de este trabajo expuesto en MAAC.
 El conflicto armado, tiene amplia cobertura desde el arte urbano con varias formas de prácticas. Los rostros hacen una referencia a lo vivido en las zonas militarizadas que parecieran deshumanizar a los habitantes.

Este mural, realizado por un artista lojano, cubrías toda una pared en la exposición, y era una forma de entender lo colaborativo de la muestra. Muchos de los murales no fueron hechos por un solo artista, lo que habla de que las expresiones del arte urbano son asociativas.

La pared de pósters es la que más fotografías recibía por la creatividad e irreverencia de ciertos escritos, quizá una de las más fotografiadas, fue esta imagen.

26 may 2019

El perro del hortelano

¿Por qué se hizo el Festival de Artes Vivas en Loja? ¿Por qué la Universidad de las Artes se hizo en Guayaquil? ¿Por qué Pichincha siempre tiene más fondos que el resto de provincias? ¿Por qué tú sí y yo no? Somos seres con la incapacidad de ver lo que el otro me propone, lo que el otro me ofrece. Vivimos ante la imposibilidad de auto observarse y de cuestionarse a uno mismo tanto como cuestionamos a los otros

No hay manera de salvarse, en este siglo estamos ante la mirada juzgona de todo el mundo. Todos somos expertos en todo, nosotros somos perfectos; los que están mal son los otros, los que fallan son los otros, los que se equivocan siempre y no hacen, dicen, piensan o son nada válido son los otros. Los malos son los otros, los tontos son los otros, yo no. Yo no soy tonto, ni malo, ni incapaz, ni me equivoco, ni digo, pienso, ni soy nada incorrecto. Recordemos que yo soy la encarnación de la perfección.

Esa fábula de Esopo, la del perro del hortelano, ejemplifica a todas luces la sociedad actual en el terreno del arte con  la moraleja siempre clara, ni comemos ni dejamos comer. Es chistoso porque los artistas en Quito piensan mucho que tienen la razón, que lo que los otros hacen está feo o mal, y que lo que yo hago es perfecto. No aprendemos a mirar el arte desde la propuesta, no tratando de ver lo que yo pienso replicado en otros, sino justamente los diversos puntos de vista aunque me den vuelta al estómago y me revienten la bilis.

Me doy cuenta ahora, que viajo a Guayaquil cada quince días, cómo en Quito todavía existe este aire de ciudad superior, este aire de ‘los monos no hacen arte’, ‘los monos no tienen arte’, ‘¿qué saben los monos de arte?’. Pero es todavía más triste que eso pase en Quito; donde por poner un ejemplo, solo el teatro de la Universidad Central es válido. Los demás, no importa cuánto ni dónde hayamos estudiado, jamás tendremos técnica frente a los actores salidos de la Universidad Central.

Yo quiero reflexionar sobre lo que he visto en Guayaquil, un arte urbano contestatario y protestante, con un trasfondo político, súper reprimido por supuesto, pero existente. En Quito los ‘artistas urbanos’ solo firman, solo vandalizan. Y me atrevo a usar esa palabra tan escandalosa, porque sí considero vandalismo, que no haya un discurso político detrás de más del 80% de grafitis en Quito.

Si los mal llamados ‘grafiteros’ de Quito, conocieran la historia del grafiti, la razón de ser del grafiti, el nacimiento y contexto que dio origen a que el grafiti fuera una forma de expresión increíblemente urbana, y que hace de la calle la más nueva galería de arte, se dejarían de estar perdiendo spray y perdiendo paredes al realizar labores sin nada de contenido y sin nada de propuestas.

Acá en Quito se confundió el concepto de arte. Acá en Quito se confunde la libertad de expresión con haga lo que se le dé la gana sobre el trabajo de otros. El arte de la calle es efímero y es su regla tácita, sé que lo que yo hago muy pronto lo va a cubrir otro arte. Y así doy espacio a que todos seamos visibles, mi propuesta y tu propuesta. En Quito eso no pasa. Quito se cree una diosa intocable, y no mira que sus ciudades hermanas, como Guayaquil o Loja, a las que tanto critica y reclama, nos llevan años luz de apuesta cultural, de formación artística crítica.

Eso pasa en todas las artes en esta ciudad, y por eso es tan difícil crear colectivos o hermanar a las artes para que hagamos una contrapropuesta de ley, o aprobemos entre artistas la que tenemos, o generemos nuevos espacios de diálogo y debate; porque no escuchamos para entender, sino para contestar. Entre nosotros mismos nos hundimos, entre nosotros mismos intentamos ahogar al otro.

En el arte, hay una relevancia infinita de tomar en cuenta lo que el otro me propone, porque me enriquece, porque me cuestiona. Hasta para decir yo no quiero hacer eso hay que verlo. Y sería increíble que al ver un trabajo malo, podamos mencionarlo desde la construcción y decir: estuvo flojo, pero voy a volver a venir para que mejores tu trabajo, y pido que levantes la vara, pero yo te ayudo a levantarla.

Habría que despojarse de esos eurocéntricos ideales estéticos en que nos queremos parecer a lo perfecto. Habría que mirar más hacia adentro y notar que las artes tienen colores, todos los colores, no solo los que nos gustan a nosotros como individuales. Habría que notar que todos tenemos espectros variopintos y que todos son válidos. Habría que legitimarnos entre todos. La razón de que el universo artístico cultural en Quito no sea un universo sino un barrio, se debe a nuestras actitudes egocéntricas que reprimen las ofertas ajenas.

Propongo grandes mesas de trabajo, mesas de diálogo donde se le dé la palabra a todos y todos la usen con respeto y proyectemos todos, una apuesta conjunta por el arte. Si nuestro amor por el arte es tan grande como predicamos en redes o en nuestros discursos casa adentro, seamos capaces de hacer réplica de ello conversando con los otros, con los diferentes, con los desiguales, con los subalternos. La gestión cultural se hace desde todos los frentes, aprendamos a mirarlos.

23 may 2019

Derechos de autor

En el año 1983 una mujer llamada Rigoberta Menchú, contó a una antropóloga los innumerables vejámenes y maltratos a los que los indígenas eran sometidos en Guatemala. Elisabeth Burgos, escribe un libro con las más de 20 horas de duración de la entrevista que realizó a Menchú, y con ese contenido da pie a un nuevo género periodístico, el testimonio.

Burgos no habría podido escribir ese libro sin el relato de Menchú, pero hasta la fecha ‘Me llamo Rigoberta Menchú, y así me nació la conciencia’ es un libro autobiográfico atribuido a Menchú con Burgos como autora, aunque Menchú no lo escribió. ¿A quién tenemos que atribuir la autoría de ese texto?

En México, tiempo después de que el rodaje de la comedia ‘El chavo del 8’ terminara, los actores Carlos Villagrán y María Antonieta de las Nieves, iniciaron acciones legales contra Chespirito atribuyéndose la pertenencia de los personajes Kiko y Chilindrina respectivamente. ¿De quién es la creación?

Vamos a Youtube, y subimos un video de una obra de teatro. Al poco tiempo, Youtube prohíbe el video porque no tienes derechos de autor sobre la música que lleva tu video. Santiago Arbeláez, contaba en el Ecuador Jazz realizado en Quito el año 2015, que hay una delgada línea entre piratear contenido, y ser difusor cultural. ¿Qué es piratear? ¿Qué es difundir? ¿Por qué uno es legal y el otro penado por la ley? ¿Quién define esas categorías?

En el mundo del arte, los derechos de autor son sumamente complicados de definir, se llaman derechos de autor, porque la propiedad intelectual les queda corta. No es lo mismo que patentar una marca, o una medicina, o un objeto. La creación, la autoría, el verdadero ‘dueño’ del arte es más difícil de establecer porque en su definición influyen: el público, el medio de difusión, influye el gestor de la idea, el ejecutor de la misma. ¿Quién es dueño de qué?

Considero de principal relevancia este debate, porque en cuanto a políticas culturales se refiere, las leyes de derecho de autor no saben bien a quién proteger, porque tampoco los artistas sabemos. Si un músico hace un cover, las sociedades de gestión colectiva[1] pueden quedarse con el cobro de ese cover, si el músico al que se le ha versionado no registró nunca su trabajo. No le entregan el dinero ni al autor, ni al versionador.

Ciertos artistas no registran sus derechos de autor, porque al ser ‘antisistema’ creen que hacen un acto subversivo, sin conocer que lo que generan es mayor lucro con su trabajo y no lo saben. Un ejemplo muy loco al respecto es la canción utilizada como barra-himno de Barcelona Sporting Club. El autor no registró la canción, y hoy la institución hace uso indiscriminado de su éxito, cobra miles de dólares a los medios por reproducirla, y ahora que el autor quiere reclamar sus derechos no puede. Jamás pensó que la canción llegaría a tanto.

Así puedo continuar largamente con decenas de ejemplos de ese estilo.

Este último fin de semana[2], Patricio Alarcón y Juan Fernando Velasco, Presidentes de la Cámara de Comercio de Quito y de la Sociedad de Autores y Compositores del Ecuador (SAYCE) respectivamente, protagonizan uno de los debates que más debiera importarle al mundo del arte. ¿Qué están haciendo las sociedades de gestión colectiva con los derechos de autor? ¿Es en verdad un “atropello al comercio” como dice Alarcón? Hay que tomar una postura, porque el desenlace de ese debate recaerá sobre todas las industrias creativas.

Para añadir emoción a este torbellino de puntos de vista, sería bueno que nos tomemos un momento para pensar sobre los derechos de autor extranjeros, por ejemplo, cuánto se paga por una “canción” de Bad Bunny, que suena 30 veces en el día, y cuánto se paga a un artista nacional, que a penas y alcanza a hacer sonar su canción 3 o 4 veces en el día. Las reglas de juego son diametralmente opuestas para la creación nacional y la extranjera, y no solo depende del dinero.

Te vas un fin de semana al cine en familia. ¿Qué eliges de cartelera? Están entre las opciones: una película ecuatoriana, de la que no has escuchado ni visto ni sabido nada, versus los avengers, que aunque no sea mucho de tu estilo, sabes que tiene una fórmula predecible y casi infalible de entretención donde toda tu familia va a entender, y al menos saciará el ansia de canguil y coca cola. Añadido a esos elementos, Avengers está en el bus, en las vallas publicitarias, en las loncheras, en cada comercial, en el periódico, en todas partes. Es un ejemplo referencial, pero las condiciones en que se desenvuelven las dos películas, no son las mismas.

Los derechos de creación en Ecuador, ciertamente no tienen los mismos parámetros que los derechos de creación de los contenidos extranjeros. Estos escritos no pretenden dar mayor punto de vista que el poner en cuestión cosas que son obvias, pero que ningún artista reclama, si los artistas hiciéramos un plantón nacional, simplemente para hacer estas sencillas preguntas, mucho de lo que está en las leyes y no se ejecuta, daría la vuelta a nuestro favor. Pero nadie se cuestiona, y los que nos cuestionamos, no generamos debate, o tal vez no en las palestras correctas.

Ahí dejo una vez más un tema de análisis, para que leas, compartas, critiques y te preguntes. Al final no es decir lo que ya todos sabemos, es hacer algo con ello, en colectivo, por la izquierda y desde abajo.



[1] Agrupaciones que se encargan de cobrar las regalías de un artista o agrupación musical a todas las emisoras que difundan su contenido, y luego entregan esas regalías al artista.
[2] Artículo escrito el 02 de marzo de 2019.

21 dic 2018

Libros ojeados de fin de año


Llevaba varios meses leyendo un poco y otro poco de este conglomerado de textos. La bufanda del sol de editorial La palabra, de hecho es una antología de varios textos anteriores de la misma edición y llegó a mis manos como un regalo que me dio Sharián Sáez por una participación en una improvisación por el 10 de agosto. Un pago justo, creí.

Imagínense, de agosto a acá, es mucho, pero lo acabé un poco antes, solo que no había tenido tiempo de sentarme a escribir. La selección de los mejores cuentos desde 1970 a 1990 en el Ecuador, trajo hacia mí unas joyas literarias que no había reparado. Triple salto fue el que más me gustó. Recojo El guardaespaldas como un cuento también muy bueno. Recordé esta noticia de que en una feria del libro, el representante de Ecuador había dicho que la literatura del país poco y más había muerto en la década de los 70.

'El guardián' y 'la puerta cerrada' de Abdón Ubidia, 'la señorita Xerox' y 'Este Merino' de Raúl Pérez Torres, 'Los otros' y 'La escafandra' de Francisco Proaño, 'El viaje' y 'Un hombre de apellido Carrascos' de Pablo Barriga, 'El prisionero' de Vladimiro Rivas, 'Las evasiones cotidianas' de Fernando Tinajero, 'La tincada' de Fausto Arellano, 'El uno, el otro' de Ulises Estrella, 'El accidente del martes' de Iván Carvajal; entre otros, son varios de los cuentos que recoge esta antología.

Me ha llamado mucho la atención la forma de narrar de cada autor, pareciera a ratos que ‘está mal’ porque sale de los cánones de cómo usualmente se lee y se narra. Luego está esta escritura reproductora de las onomatopeyas que es bastante interesante, muy ecuatorianos ciertos cuentos. Transportadores de las realidades desde donde fueron escritos. Pareciera que se sienten hasta los climas costeros en los cuentos que salieron de allá.

Cada cierto tiempo, la vida me regala una caricia bonita en la figura de un libro. Fue mi amiga Luisa la que se iba al baño una tarde de café, y me dijo, lee este libro hasta que vuelva. Me enganchó y como no lo acabé de leer hasta que regresara del baño, se lo pedí prestado y me enamoró.

El taller, el templo y el hogar, de William Ospina, es un libro colombiano que, como no puede ser de otra manera en la herencia literaria colombiana, es un canto a la vida pero con cifras, datos, estadísticas y bastantes cachetazos de sentido común que harán a cualquier lector, abrir los ojos sobre el enorme daño que le estamos haciendo al planeta en todos los sentidos. A los humanos, por enfriar nuestras relaciones en el abuso de la tecnología, a los animales y plantas por creernos superiores a ellos y creer que están a nuestra merced, a nosotros mismos cuando accedemos a vivir en este sistema lleno de cosas, que no nos deja libertad.

Nos invita a reflexionar sobre el papel que tenemos como consumidores, y lo dañino que es nuestro sistema escolar, lo enfermos que están los medios de comunicación y lo que hemos hecho todos nosotros para seguir repitiendo unos patrones de conducta que nos llevan cada vez más cerca de la infelicidad, de la intolerancia, del irrespeto, del abuso entero de nuestro conocimiento. Sabemos más, pero también dañamos más. Tenemos más cosas, pero somos cada vez menos sensitivos.

Algunas de las citas más interesantes del libro (las que me alcanzaban realmente) las compartí en twitter, pero lo que es digno de compartir es el libro. El mundo sagrado (lo material) vs. La sacralidad del espíritu. Elegir la pobreza en vez de la opulencia (pero no entendida la pobreza como algo malo). La importancia de creer en lo absurdo (y por lo tanto de acercarse al arte). Y ser la única especie que ha hecho diccionarios para clasificar, haciendo de las clasificaciones, palabras útiles solo para cubrir las ignorancias. Digamos que en eso se resume el libro. Pero siempre hay mucho más.

Este tercer libro es una lectura 'de placer' que nos enviaron en la universidad. Dicen por los palos que quien realmente escribió este libro fue Claribel Alegría sola, pero fue obligada a incluir el nombre de su esposo. (Que raro, algo nunca visto). Está narrada en primera persona, femenina.

Narra de forma cruel, crudísima, sensitiva y reinvindicativa, los horrores de la revuelta del '32 en El Salvador, en medio de la explosión del volcán Izalco, en las inmediaciones del pueblo de Santa Ana.

La historia viaja por la muerte de Isabel, una mujer que ha dejado a su hija Carmen, un diario de vida donde se esconden los secretos de su pasado, mientras comenta todas las formas de vida que se sucedían en ese poblado. Ella, como esposa ejemplar, y repetidora del papel que la mujer latinoamericana 'debe cumplir' es un ama de casa, madre, y mujer que se carcome con el tiempo en un matrimonio que no la hace feliz, hasta la llegada de Frank, un extranjero que le ofrece la posibilidad de otro mundo.

Pero la historia de amor no es algo que nos deba engañar. Puesto que la verdadera fuerza del relato, está en la claridad de las descripciones del pueblo y de su forma de habitar, de cómo comen, viven, se mueven y socializan los salvadoreños (es una literatura próxima en figura a García Márquez y sus 100 años de soledad). Un relato realmente detallado, minucioso, muy cruento y de una candidez en los sentimientos, muy puro. Atrapante texto.

1 nov 2018

Permítame presentarme

Comenzamos a inicios de octubre la Maestría en Políticas Culturales y Gestión de las Artes; digo comenzamos porque somos varios. Lo anecdótico es que cada vez que tenemos un nuevo o nueva docente de módulo debemos volvernos a presentar; yo sugería que hagamos un power point y que cada docente lo revise antes, para que no se nos vaya tanto tiempo en la presentación, casi es una hora cada inicio de jornada en semana nueva.

La idea no prosperó y hay toda una explicación sociológica para que se siga realizando esa práctica. En fin. Lo particular me resulta que en cada semana me cuestiono cosas nuevas y cada vez que hay que hacer la presentación ya no sé muy bien qué decir; a veces pienso que soy bastante influenciable, pero luego reveo mis posturas y he aprendido tanto que en realidad no establezco una forma estática de ser, ni de pensar, lo cual es bueno.

Entonces empiezo diciendo lo mismo: Mi nombre es Cristina Figueroa, soy Periodista, soy actriz por el Laboratorio Teatral Malayerba de Quito, docente de expresión artística, artes escénicas, arte dramático, payasería e inglés; y viene la parte en que titubeo; voy a trabajar como investigación .... (larguísima pausa) .... sé que se va a enfocar en educación, en arte, pero ya no sé muy bien cómo ni con qué fusionarlo.

Me genera muchísima felicidad hacer la maestría, lo he soñado mucho tiempo, llevo leídos 15 de mis primeros 29 textos (y menos tiempo del que quisiera para terminarlos y entregar mis primeros foros y ensayos). Mis compañeros son muy diversos y cada uno es una enciclopedia en su campo, aprendo mucho de cada uno de sus comentarios y sus puntos de vista, en ocasiones, diametralmente opuestos al mío, me hacen construir cada semana nueva pensamientos que no sabía que tenía.

Hasta soñé con los argumentos de algunos de ellos... curioso. No quiero alargarme, solo quiero justificar mis largas ausencias del blog, y sostener aquí que sí voy a hacer una investigación relacionada al arte y vinculado a la educación, o viceversa, pero sigo sin saber nada más; lo sigo construyendo. Igual se aceptan sugerencias.

Mis compañeros construyen en mí, y yo con ellos. Mis docentes han sido grandes guías y me dejan cada vez más preguntas, supongo que entonces todo va bien.

12 jun 2018

La brújula errante

Este año ha sido indudablemente el más duro de mi vida, no me refiero al año 2018 como año calendario, sino al último año de edad. Hospitales, funerales, indecisiones, rechazos, desempleo. Realmente nunca pensé que podría tener un año así y lo más loco es que aún no acaba. Algunas personas me preguntan por qué me he desaparecido del blog, y no tengo una respuesta del todo honesta.

Una de mis alumnas más lindas y talentosas se graduará en los próximos días y se debate entre la pregunta de qué estudiar en la universidad; me cuestiona a mí por ayuda. Y yo estoy de nuevo en esa crisis existencial, no de qué seguir, porque terminé hace años la universidad en las dos carreras que estudié, pero siento que ahora el camino se me cruza con otras cosas y me encuentro sin dirección yo también.

Si volviéramos el tiempo a cuando yo salía del colegio hace 10 años, y me preguntaran de nuevo qué quieres estudiar, indudablemente volvería a contestar lo que seguí: Teatro, Comunicación. Las seguí ambas, ambas me gustan y sé que no me equivoqué porque fue lo que quise, y sé que el teatro y el arte es lo que amo. ¿Qué pasa entonces?

Que nunca me dediqué oficialmente a la comunicación sino a la educación, por acá me trajo el sendero y me acomoda, me gusta, me apasiona el trabajo con niños y adolescentes. Y llega el loco tema de buscar 'algo que hacer' y para hacer eso de 'educar' necesito ser Licenciada en Educación. Jamás me vi a mí misma estudiando eso, y sin duda no me veo haciéndolo ahora porque no me atrae estudiar 5 años de mi vida (otra vez) una carrera como esa.

Luego está el tema del teatro, lo amo, lo sigo practicando, y me encuentro con que no se hace válido en ninguna parte porque estudié en el Laboratorio Malayerba donde, por ética, no se entrega un título de Licenciatura al final de los también cuatro años de formación, sino un certificado de haber finalizado. Como nadie reconoce el 'título' entonces oficialmente, no tengo título de teatro tampoco.

Es una tara, porque lo que me ha dado de comer siempre, pero SIEMPRE, ha sido el teatro. Y me siento en la encrucijada de seguir la maestría y mi título apunta a un lugar donde mi brújula interna no quiere ir, nunca me vi reporteando, jamás me vi en un set de televisión. Me gusta escribir y amo la comunicación radial, en eso hice mi tesis y sé que me apasioné de algo que hoy en día, no utilizo.

La última búsqueda de trabajo que tuve fue muy breve, salí riéndome de mí misma.

Entré al centro educativo donde podían necesitar mis servicios y ni bien me paré en la puerta, me preguntó aquella mujer: ¿cuál es su título universitario? -Periodista- y esbocé una sonrisa, porque internamente sabía que la 'entrevista' había terminado.

No me arrepiento de lo que estudié, me gusta... pero no hallo qué hacer con esta nueva ola de sensaciones. Seguir una maestría en educación, tampoco es descabellado, pero no sé si me motiva eso. Arte sí, arte siempre y teatro es lo que haré de mi vida, jamás lo he dudado. Mientras tanto sigo en el limbo de no ser actriz porque mi título no tiene validez, sigo sin ser profesora, a pesar de que ejerzo hace 10 años de ello, porque no soy licenciada en educación, y no soy comunicadora, porque tengo el título (registrado en la senescyt y todo) pero nunca ejercí.

Estoy perdida, no sé bien si en una isla o de plano en otra galaxia, no me hallo ni encuentro una forma de salir, no estoy en depresión ni pienso suicidarme, pero estoy confundida, mareada y nerviosa, espero sepan entonces, perdonar mi ausencia del blog... es que no estoy aquí, ni en ninguna parte.

6 mar 2018

Transgredir desde el arte

¿Si les ha pasado que parece que el mundo se moviera muy lento? ¿Que la atmósfera recorriera lentamente el espacio y el tiempo? ¿Que su vida pasara en cámara lenta sin tener ustedes el control? Eso no nos sucede siempre, pero de seguro todos alguna vez lo hemos sentido. Como si las cosas se detuvieran y de pronto pudieras recordar con más detalle ese momento particular.

Hoy tengo el tremendo y grato placer de compartirles un blog fantástico que me "encontré" el otro día, Noise by S.Chuguli, de una mujer que hace que sus días casi siempre y casi todos transcurran así como he narrado en las primeras líneas; nunca nadie había logrado poner en un blog una imagen tan propia y tan parecida. Para al autora de 'Noise', las vueltas que da el globo terráqueo siempre tienen música, y ella nos lo hace saber como primer punto de orden en sus entradas. Luego, en tonos siempre sepias o blancos y negros (como carencias de luz o exceso de oscuridad) nos comparte un poco de lo que encuentra.

¿Por qué es genial? Porque nos lleva de la mano casi sin darnos cuenta, y flotando por las muestras de arte independiente de la ciudad, por la escena underground de la vida y de los encuentros desde el arte. En especial me llama la atención una entrada muy familiar que hace sobre su propia familia, y que nos identifica un poco a todos porque ¿quién no ha sentido alguna vez que no encaja en su familia? y al final del día los amas y te das cuenta que eres arte con ellos y por ellos, y que ellos son arte porque es tu lente el que los retrata.

Me gusta porque Steph*, nos lleva a su universo interno que no difiere tanto del nuestro, aunque sí. Me gusta porque vemos una tarde cálida y muy muy lenta recorrer nuestro espacio mientras imaginamos-vivimos el mismo escenario que ella retrata, con la banda sonora, con los colores en pasteles y con la lúgubre forma de sonreír ante este desconcertante escenario que es el Quito psicodélico, el escondido, el que está y nadie quiere mirar.

Hace unos días también compartí una narración que hice sobre la autora, y ahora recuerdo más que siempre que esa autora tenía y tiene una teoría de resistencia, y de cambio del mundo. Transgredir desde el arte.

18 ene 2018

Seguir caminando, desde el arte

Dicen que el secreto de la inmortalidad no está en vivir para siempre, sino en saber vivir contigo misma para siempre. En medio de ese infierno interno que es el ser humano, está el artista que saca todo ese fuego, o ese hielo y lo exterioriza, para darse cuenta una vez fuera, que hay quienes se reconocen en esos extremos, en esos climas, en esas vidas. Ser artista es la suma de todos los seres a la vez.

Llegué al teatro y conocí la capacidad de mi cuerpo de poder representarlo todo, de poder hacerlo todo, justo al mismo tiempo que descubría que era el miedo el que impedía que ese ‘todo’ fuera en efecto, puesto en práctica. Al inicio era vanidad, verme en el camerino, maquillarme, que todos vieran lo que hacía. Rápidamente esa sensación se desvanece, porque es tan efímera como el teatro.

Un día me di cuenta que está muy bien pensar en una misma, que está muy bien hacer teatro para que la gente se ría, o se divierta y se entretenga conmigo en escena. Pero hacer lo que está bien porque no hace daño a nadie, hace que olvidemos que es más importante ser útil, y por lo tanto hacer teatro se volvió un compromiso porque tiene una responsabilidad de cargar con la memoria de los pueblos.

Hacer teatro ahora es entregar mi corporeidad a una lucha silenciosa, el arte está para cuestionarnos, para que no hallemos precisamente respuestas sino que nos sigamos preguntando por qué cosas como el dolor, el odio, la violencia, sigan aconteciendo como algo natural; y lo que es realmente natural se ha banalizado al punto de volvernos un ‘like’, una cantidad, un porcentaje.

La gran problemática es que ahora los artistas también estamos un poco perdidos, y la única forma de encontrarnos es en esos espacios donde no hay nada más que silencio, porque es justo ahí donde están nuestros ‘yo’ niños que nos dan la seguridad de simplemente ser, sin esperar o pretender nada, nuestros espacios creativos son los que nos dan la oportunidad de no parecer. Somos –irónicamente representando a otros- los que exponemos nuestros seres y denotamos que entre esa fantasía nos reconocemos todos porque somos todos iguales.

Ya no se comunica desde la sensibilidad del arte para ser observado, sino para invitar a otros a observarse, y eso vale más que cualquier otro número. Te da la paz de dormir tranquila, porque sabes que no ha muerto el día sin que haya muerto también algo de tu miedo, y haya nacido en el mismo instante, alguien que como espectador se va preguntándose ¿por qué?

Ese es el logro del arte, que te permita sentir en tu propia fibra el dolor del otro, el sentir de otro que quizás no conozcas pero no dista tanto de ti. O tal vez sí, y eso mismo te lleve a conocer por qué es tan desigual. Yo estoy agradecida, porque entre todos los muertos el arte me permite estar viva, porque entre tanta soledad e ira, violencia, represión y muerte, yo puedo tener la capacidad de seguir amando y seguirme jugando por confiar en los otros, sabiendo que va a dolerme nuevamente, pero admitiendo que es la única manera que tengo de vivir. Seguir y seguir caminando, desde el arte.

30 nov 2017

Escenarios jóvenes

La tarde de ayer terminamos las funciones de Escenario Joven 2017 con el grupo Malayerba, en esta edición (habíamos venido con LaTomaDeLaEscuela en 2013) es interesante reconocer en los jóvenes una lectura de las obras teatrales muy diferente a la de cualquier otro tipo de público.

En una de las funciones -la última- no hubo moderador, y la indisciplina de los muchachos fue evidente, mucha bulla, irrespeto y relajo, celulares prendidos, en fin.... desastre. Cuando hubo moderador y les dio la bienvenida a los chicos y les invitó a acompañarnos, y les pidió silencio, los muchachos se sintieron identificados con ese trato, como una suerte de 'te respeto si me respetas'.

Los foros que hicimos en todas las funciones (menos en la última porque realmente la indisciplina era tenaz, y además no hubo moderador) nos hacen percatarnos de la naturalidad del público y recuerdo algo que mencionaba un grupo de teatro peruano de cuyo nombre no me acuerdo ahora. Decían "nos hemos dedicado a educar a los actores, a los sonidistas, a los técnicos de luz, a los directores, y nos hemos olvidado de educar a un grupo importantísimo en el teatro y en el arte, nos hemos olvidado de educar al público".

Pienso que los chicos todavía son muy lejanos al arte y pasa porque en este tipo de proyectos como el escenario joven, que es una excelente iniciativa, participan los mismos colegios año tras año y hay cientos que se quedan fuera porque sus autoridades no se interesan por asistir a eventos gratuitos que enriquezcan el bagaje artístico de los chicos.

Estoy en proceso de escribir un libro sobre los estudiantes y el trato desde el arte y con el arte en ese fragmento de la vida que es la infancia y la adolescencia, pero quería mencionar que ellos han naturalizado la violencia, han naturalizado las noticias rojas, amarillas, calamitosas. Y lo que es importante es que ellos empiecen a reconocer estos episodios de violencia -que era el tema que 'Francisco de Cariamanga' tocaba- y empiecen a transgredir esa historia para que no se repita.

Una vez más, somos los adultos los que no les damos la oportunidad a los jóvenes de cambiar sus realidades, y de seguir repitiendo esos círculos de vicio y de soledad, de lejanía, de contacto solo con sus teléfonos celulares. Somos nosotros los que no nos acercamos de manera adecuada.

Tanto que falta en este mundo, para poder hacernos y formarnos más humanos.

1 jul 2017

¿Cuántos años tengo?

¿Cuántos años tengo?
José Saramago

¿Que cuántos años tengo?

¡Qué importa eso! ¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo:
Gritar sin miedo lo que pienso…

Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido…

Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!

Pues unos dicen que ya soy viejo,

y otras que “estoy en el apogeo”.

Pero no es la edad que tengo,
ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,

rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás! ¡Estás muy viejo, ya no podrás!
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,

pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,

a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse

en el fuego de una pasión deseada y otras…

es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Que cuántos años tengo?

No necesito marcarlos con un número,

pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos,

las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cuarenta, cincuenta o más!

Pues lo que importa: ¡Es la edad que asiento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero,

pues llevo conmigo, la experiencia adquirida

y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuántos años tengo?

¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo

y hacer lo que quiero y siento.

Qué importa cuántos años,

¿cuántos tengo, o cuántos espero?

Si con los años que tengo…

¡Aprendí a querer lo necesario y a tomar sólo lo bueno!

26 jun 2017

Pétalo sonoro*

Magnolia: Llegué de la clínica esa tarde sin parar de preguntarme en dónde me había equivocado, lloraba, me faltaba la respiración, no hallaba qué hacer, me quedé de pie detrás de la puerta y poco a poco empecé a desvanecerme hasta quedar de rodillas frente a ese enorme espejo que había en el lobby de mi apartamento. Cáncer, esa maldita palabra que nos genera pánico a todos los que amamos vivir, ahora yo la padecía a pesar de mis incontables intentos por ser siempre sana; mi organismo a modo de protesta por la  vida que había vivido, mandaba esa enfermedad contra la que ya no me podía proteger.

Al fondo, donde siempre estaba, el espejo largo que colgaba de la pared contraria, reflejaba una figura demacrada, acabada, destruida, arruinada... esa, esa era mi propia imagen que mostraba mi reflejo externo, tan humillado y pobre, pero reflejaba un estado interno de aún más profunda miseria; por ese aspecto pasaban los recuerdos de todos aquellos años que había vivido y reflejaba la devastación de mi sentir y recordaba esa mañana de 1996 en que jugando en el parque de la escuela, Dana, una niña más grande y mayor que yo, hacía piruetas en uno de los juegos y me retó a que hiciera lo mismo; yo acepté el reto, pero caí de cabeza y me di un golpe bajo las costillas contra una piedra. Me sentía impotente de cambiar en algo ese aspecto raído y sin vida que mostraba el espejo, sentía que nada podía hacer que me viera un poco mejor en ese reflejo tan deprimente. Nada... excepto, tal vez, el pasado... ¿Sí? Tal vez eso habría podido regresarme la sonrisa, el regresar al pasado o a alguno de los acontecimientos felices que el tiempo y los años se habían llevado. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo volver? ¿Era posible?

Siempre el maldito tiempo, que me limitaba e impedía que lograra alcanzar la felicidad aun estando bien cerca. Cuando comencé a trabajar en ese gimnasio al final de la calle, también el tiempo me jugó una mala broma y puso en mi camino a Juan. Él 16, yo 25, ¿Qué será de él ahora? ¿Dónde estará? Él me quiso, y yo no me permití quererlo a él porque los 9 años de diferencia me pesaban, prometió que iba a esperarme, pero yo seguí con mi vida y me fui a hacer la maestría... ¿me esperará todavía?

No, no, no, no... no puedo quedarme aquí perdiendo mi vida, yo también fui joven y fui feliz... tal vez si encuentro a Juan, seguro sigue viviendo en el mismo lugar, seguro aún espera por mí, 25 años más no son tantos.

(Magnolia, encuentra a Juan, pero él, ya la ha olvidado y vive una vida feliz junto a su familia, acorde a su edad).

Como si no quisiera entenderlo, como si no me diera cuenta de lo que he pasado, como si fuera otro día rutinario en que llegar y seguir llego a mi casa; esta vez, sabiéndome derrotada, sabiendo que esta vez sí cambiará mi vida, porque esta vez no estoy dispuesta a nada más; verlo a él, tan feliz, tan joven, tan lleno de vida... ¿cómo puedo yo comparar lo que yo llamo mi vida, con el paraíso que él vive? Mi tiempo no se está agotando recién ahora, sino que se agotó hace ya mucho, pero yo no me doy cuenta sino hasta ahora. Ahora nada tiene sentido, ahora abro los ojos y me percato de que no puedo retroceder el tiempo, de que las cosas pasan una sola vez en la vida y me pasaron una sola vez aunque no haya querido o no haya podido aprovecharlas.

Nunca tuve hijos, ni gatos, ni otros amores, porque a cada tiempo otra cosa era relevante y fui resolviendo mi vida desde lo urgente, no desde lo importante. Hoy que me veo aquí, entre mis cosas, las que yo adquirí con mi plata, que tanto trabajo me costó conseguir, veo que nada de esas cosas me acompaña y que yo hoy ya no soy la que era cuando compré esas cosas, y que ni siquiera ellas guardan la esencia de la que yo era cuando compré todo lo que hoy me rodea, pero no me acompaña.

Estar afuera no tiene sentido ¿para qué salir a una vida que ya no vivo? Afuera solo hay cosas que ya no disfruto; no puedo salir a tomarme un café porque mi cáncer lo tomaría como una afrenta o como un reto, y me mataría más rápido, tal vez si me quedara a merced del tiempo, de ese al que no quise nunca ceder... tal vez eso es realmente lo que él quiere, que por fin lo acepte y conviva con él por un tiempo.

¿Cómo fue que esa mujer tan feliz, tan llena de vida, tan alegre, se transformó en este esperpento que me muestra el espejo como una trampa del tiempo, que se burla porque sabe que al final soy una más que ha perdido frente a él la batalla?

Así haré, me dejaré llevar... no puedo regresar los años, y hoy estoy vieja, arrugada y sin ánimo para darle color a mi propia vida, tal vez es él mismo... el tiempo, el que me dé la respuesta, o el que me dé la vuelta, y haga que todo esto, algún día cambie.


FIN

*Texto: Cristina Figueroa P. - Pueden usar el texto, sería un honor, pero por favor, ponga los créditos. De lo contrario es un robo.