Esta entrevista en particular, fue breve, pero
al volver a analizarla, tal vez cortante se convierte en el adjetivo que mejor
la describe. Arnaldo Sicles se define a sí mismo como un artista retirado, su
arte es el grabado y no cree ser un gestor cultural, hoy trabaja en la Estampería Quiteña aunque me deja bien claro desde el inicio que nada de lo que va a manifestar lo hace a nombre de la estampería, todo es a título personal; y llegué a él porque compartió una estampa con 'Lino', Marcelo Torres de quien compartí su entrevista en la entrada dedicada al grafiti (El 'vandalismo' llamado grafiti II) y tenía una visión que me pareció importante compartir sobre la difusión de la cultura artística en la ciudad.
Al final, la sensación que queda es entre no
saber si él se molestó con el tema de la entrevista, si estaba molesto antes, o
si terminó molestándose por las cosas que a él mismo se le venían a la cabeza
mientras contestaba; a pesar de eso, sus respuestas son de utilidad porque su
extremismo refleja un área del arte que existe aún, la del artista que se cree
completamente antisistema.
Sicles, habla de lo que ve en la ciudad de Quito[1]
y considera que no sirve para nada, que a eso no se le puede llamar inversión
en el arte o en la cultura. “Esos bulevares y espacios no cambian en nada a la
ciudad, no sirve para nada, no está concatenado ni con la realidad ni con la
gente, me parece una estupidez gastar $160 mil dólares en algo que no tiene
trascendencia.”
Él trabaja ahora, en un espacio en el que ellos
mismos con apoyo de instituciones privadas, gestionan la búsqueda de escuelas o
lugares donde puedan enseñar a niños y puedan compartir con ellos lo que es el
grabado; considera que la educación es lo único que sí tiene trascendencia en
la vida de los niños, que van a ser la nueva sociedad; y la enseñanza es lo que
realmente tiene valor para él ahora que se ha retirado.
“Lo que hace el Municipio no apuntala a mejorar
la calidad de pensamiento en las personas, es más, afea el lugar” Dice que eso
se debe a que la gente de Quito vive en conflicto social, y hace referencia al
centro de la ciudad, que es donde él trabaja y habita. “Aquí hay gente
indigente, gente que aún se cree de sangre azul, gente que viene de otras
provincias a trabajar, hay mucha diversidad, hay marihuaneros y vendedores de
drogas, todos aquí mismo; ¿quién hizo un estudio para decir que esos monigotes
que ponen en los bulevares cambian en algo la realidad de estas personas?”.
Para él, las administraciones que han pasado por
Quito, y en particular la de Barrera, hacen cosas de forma y no de fondo, y se
muestra molesto al recordar más de una actividad que ha generado esa alcaldía y
que se ha hecho sin estudios previos. Habla por ejemplo de los basureros
instalados en el Bulevar 24 de Mayo, que es la cuadra donde está su taller;
dice que ahí hay restaurantes y casas que sacan cierta cantidad de basura, y
los basureros no cubren ni el 5% (según sus cifras) de la basura que sacan los
restaurantes y las casas. “...son unos estúpidos, para nada hacen estudios,
la gente tiene que estar luchando con los basureros para que entre una funda de
basura”.
Dice que no entiende lo que pasa ni con el
Alcalde ni con quienes lo asesoran, y pide “que se consigan personas
inteligentes (en el Municipio), no con PhD, sino inteligentes” porque a su
criterio, los que hay no funcionan. En este punto casi sale un poco de su
condición de artista y habla el ciudadano molesto. Con respecto al arte dice:
“A las personas deben involucrarlas, deben hacer estudios y contratar a
personas capacitadas para involucrar a la gente, no poner ahí una escultura que
no hace nada en la mente de las personas, no es coger y tapar la calle con
arte, es hacerle entender a la gente lo que el arte es, porque el arte es para
alimentarse espiritualmente, no para que estén ahí muertas las obras”.
No quiere saber absolutamente nada de pedir nada
a los gobiernos o a las leyes. Cree fervientemente que el artista debe valerse
por sí solo y a través de su trabajo, generar el dinero con el que seguir
trabajando por más difícil que sea.
Al plantearle la conversación sostenida con
Miguel Mora[2] y
comentarle que él habla de los espacios que se asignan desde la Secretaría
para todos, sin que eso implique necesariamente perder la independencia, porque
desde la Secretaría no se injiere en los contenidos de los artistas, Sicles se
molesta. “Yo no soy un niño, Miguel se vende cada vez que tiene la oportunidad,
cómo puede decir él que no se pierde independencia, si comerse ya un almuerzo
con los poderes debe ser detestable, asqueroso y repugnante para un artista, y
él lo hace todo el tiempo”.
Este ejemplo del almuerzo, después se planteó en
casi todas las entrevistas, por considerarlo bastante extremo. Al final, parece
que las extremas, fueron estas respuestas.
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