14 sept 2026

Los princesos que me rodearon - Anécdota II

Por allá por el 2015 mi mejor amiga de la época me llevó a conocer a su grupo de amigos, yo empaté rápidamente con todos y realmente me agradaron. En poco tiempo me volví infaltable en sus reuniones y, aunque no eran mis amigos, me sumé y disfruté cada instante con esas personas. Fue una buena época y recuerdo ese capítulo de mi vida como uno feliz.

Desde el primer día que llegué a su grupo me hablaban de una persona que ahora mismo bautizaré como Andrés aunque no se llame así para proteger su privacidad. Andrés parecía, en las palabras de los otros, la persona perfecta. Esa primera reunión recuerdo que hablaron como una hora de este Andrés que no estaba presente: Andrés está acá, se fue para allá, hizo tal cosa, hizo tal otra... él era el tema de conversación general. En algún momento uno de los chicos me dice "te va a caer súper bien, seguro que van a simpatizar porque le gustan las artes, tiene tema de conversación, etc.".

Con los años que han pasado puedo identificar que esas palabras tuvieron un altísimo impacto en mí y, aunque no me considero una persona fácil de manipular, creo que mi inconsciente se quedó con toda la información que compartieron de ese Andrés aquel primer día. Hablaron siempre bien de él, finalmente eran sus amigos.

La segunda vez que salí con estas personas otra vez Andrés no estaba ahí, nuevamente había viajado, o había hecho tal cosa, se había ido con tal persona... tenía una vida que me encantaba por lo que escuchaba, me hacía confirmar esto de que cuando no estás en un lugar te vuelves protagonista. Esta vez no hablaron de Andrés una hora, pero sí lo suficiente para que yo me quede "picada" por conocerlo. Una de las chicas me dijo algo como "me encantaría que lo conozcas, se van a llevar bien porque son muy parecidos".

Llegó la tercera vez que me encontré con estas personas y hoy Andrés estaba allí, como todos habían vaticinado, fue cuestión de un segundo hacer click y compaginar completa y absolutamente con él, hasta sentí que me gustaba físicamente (ahora me doy cuenta que fue un efecto más de la manipulación social inconsciente que tenía sobre mí). Hablamos toda la reunión, en efecto me cayó súper bien y nos hicimos buenos amigos.

Salimos unas cuantas veces luego de eso, y en medio de esas salidas algo dentro de mí no terminaba de convencerse de que él fuera lo bastante "perfecto" como todos decían. No sentía mariposas, ni nervios, ni nada relacionado a que realmente me gustara, incluso cuando hablábamos yo me daba cuenta de que decía cosas con las que yo no coincidía o que no me parecían y él, notando esos "desacuerdos" modificaba su discurso para mostrarse como alguien ideal que pensaba como yo.

Empecé a espaciar nuestros encuentros, mucho mucho mucho. Un día le pedí que me acompañe a un evento cultural en otra ciudad porque yo no conocía, y en medio de ese viaje como si una varita mágica me hubiera "deshechizado" me di cuenta de que no me gustaba, no me interesaba y no le entendía. Esa tarde entendí que lo que me había pasado es que la presión social o el "boca a boca" me habían hecho creer en una publicidad que en la vida real no era tal para mí.

La verdadera historia empieza ahora. Llevábamos años sin vernos y quedamos para tomar un café; ese día yo llegaba molesta porque había ido a la ginecóloga y me habían tratado fatal, él me pregunta que qué pasó y yo le cuento todo a lo que él responde "yo tengo una amiga ginecóloga 'holística', si quieres, te la puedo presentar"; yo contesto con un rotundo y tajante no.

Más adelante en esa reunión me dice en plan vecina chismosa de la peor calaña "viste que la nosecuantita está saliendo con un man en silla de ruedas", refiriéndose a la amiga que nos presentó y que ya no era mi amiga, pero sí amiga de él todavía. No sé qué cara puse yo ante tan pero tan pero taaaaan desubicado comentario que él, viendo mi cara, dice: "no no no, no me malentiendas, lo que pasa es que me preocupa porque antes estuvo con un hombre mucho mayor que ella, un viejo", como si el primer comentario no fuera ya suficientemente fuera de lugar.

Yo, luego de mi amplio shock le digo "pues no me importa, es una mujer adulta y puede hacer y estar con quien quiera, además ya no somos amigas". Pero eso ya me dejó una sensación muy incómoda porque se supone que ellos sí son amigos todavía.

Más tarde lo vi complicado con pagar lo que yo había pedido, no tuve problema en pagar yo porque realmente no quería que él pensara que me estaba invitando o que yo le debo algo por pagar mis alitas así que pagué yo mi comida sin problemas, su incomodidad ante la cuenta me incomodó un poco pero no le di demasiada importancia.

Saliendo de allí me dice que me podía ir a dejar a mi casa si yo lo acompañaba a su casa a ver el carro, y yo acepto (Error). En medio del camino se nos acerca lo que se diría un "enganchador" cubano, ellos son estas personas que te ven en la calle y te dicen "vengan, tres cervezas por 5 dólares en este bar", es decir que era una persona que hacía su trabajo. Al escuchar el acento del enganchador a Andrés le da la heroicidad y se pone en medio de mí y del enganchador gritando "no, no le hagas nada, no te le acerques", un cuadro grotescamente ridículo.

Aprovecha para pasarme la mano por la nuca y la parte inferior del cuello como queriéndome abrazar y "proteger" y yo entro en histeria porque me parecía ya el colmo su reacción; procedo a decirle que se ubique, que yo venía de vivir, trabajar y estudiar en Guayaquil y no me asustaba un pobre hombre que estaba haciendo su trabajo. Él se disculpa diciendo que se asustó pero que no fue su intención asustarme a mí; yo no estaba asustada sino molesta.

Si bien pasaron otras cosas esa noche, me gustaría cerrar con lo que hizo que definitivamente lo bloqueara y sacara de mi vida, para no alargar más el cuento.

Llega el martes siguiente a ese nefasto encuentro y me pone un mensaje en instagram diciendo "le hablé a mi amiga ginecóloga de tu caso, me dijo que le escribas cuando quieras". Luego de haberle dicho rotunda y tajantemente que no el día que me lo propuso, me parece hasta ahora una falta de respeto que hablara con ella de "mi caso", ¿¿¿cuál era mi caso??? quién le dio derecho al sujeto de hablar de mi vagina con otra persona.

Ahí entendí que sale muy caro dejarse convencer por los otros, que sale caro no frenar a la primera algo que te incomoda de inmediato, que sale muy caro dejar a los otros opinar sobre lo que a ti te gustaría o te convendría. Ojalá no dudáramos las mujeres de nuestro poder y no desconfiáramos de la intuición.

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