La semana anterior tuve que acudir a una audiencia de mediación porque un descriteriado me puso una denuncia, todavía no lo supero: ni la rapidez, ni la forma, ni los motivos; así que decido compartirlo acá además sumado a otro episodio del pasado en que me tocó en carne propia vivir los embates de la era de los princesos que pensé que jamás me tocaría vivir a mí, que se supone que he cuidado mi círculo.
Hace unos meses atrás conocí a una persona por medio de una convocatoria pública que hice porque requería actores en mi grupo de teatro. Él llegó por un estado de whatsapp diciendo que estaba interesado y nos conocimos y conversamos hasta llegar al acuerdo de que él tomaría el personaje. Yo no lo conocía de nada y no era mi amigo, pero teníamos nuestros números en común porque el sector artístico de Quito es muy minúsculo y todos sabemos algo de todos.
Cuando él llega al grupo de teatro, firma una serie de acuerdos que firman todas las personas que ingresan a formar parte de los colaboradores invitados; en esos documentos se aclara que, si por algún motivo la persona no llega a presentar la escena al menos una vez, debe devolverme todo lo que yo invertí en la escena. Quiero especificar que tengo 4 años con el grupo y jamás hemos tenido ningún inconveniente con estos acuerdos.
Este año, incluí en los acuerdos el protocolo por violencia de género, porque tuvimos hace unos años un episodio muy triste y doloroso, así que este año ese nuevo documento se incorporó a los acuerdos. Básicamente ese documento dice que no se tolerará ningún irrespeto, abuso, acto de violencia de cualquier índole hacia nadie pero principalmente hacia las personas GLBTIQ+ y mujeres.
Todo funcionó con normalidad por varios meses, él incluso me ofreció sus servicios como uber aparte de lo teatral para llevarme y traerme del que, en ese tiempo, era mi trabajo. Hizo esos traslados e incluso compró las rosas de Anhelos para una función. Todo esto, fue pagado completamente hacia él y, aunque yo lo consideré también un acto de buena voluntad, me generó confianza y fue ganando un espacio en mi circuito de personas.
Recalco que todo lo realizado como la compra de las rosas, los traslados a mi trabajo y cualquier otro traslado menor fue pagado por mí hacia él, porque es ese el motivo por el que esta persona me denuncia después. Yo cuento con comprobantes de pago de todo.
En medio de todo el tiempo que tuvimos para conocernos y conversar, le cuento que tengo una obra que se llama Mujeres de Andil y que eso me interpela a viajar con frecuencia al cantón Jipijapa en la provincia de Manabí; él me dice que tiene una historia con Manabí y, luego de varias conversaciones, quedamos que él me llevaba a mí y a mi equipo a Jipijapa.
Dudé un poco porque ir en uber no es lo mismo que ir en bus sobretodo por lo económico, pero accedo porque acordamos que yo podía pagarle a fin de mes, acordamos $210. Fuimos, estuvimos y volvió el equipo con él. Estando en Jipijapa él me dice que el valor no incluía el traslado dentro del cantón sino la ida y la vuelta y yo acepto.
Cuando estuvimos en Jipijapa, él exacerbó una conducta que ya venía presentando, esto es minimizaciones hacia mí, infravaloraciones de mi trabajo, violencia psicológica pasiva agresiva que (debo reconocer) yo no identifiqué hasta cuando las cosas escalaban al punto de volverse groserías.
Me decía cosas sumamente desagradables y ofensivas, sexualmente inapropiadas... yo no le había dado la confianza para tratarme de esa manera, pero confiaba en que una vez que presentáramos la escena que preparábamos, él podría seguir con su camino y yo podría agradecerle por haber tomado el reto pero apelando al protocolo de violencia, iba a solicitar que se apartara. Ahora sé que ese fue mi más grande error.
Yo me quedé en Jipijapa una semana más, el equipo de la obra y él volvieron a Quito; todo ese tiempo me quedé pensando en qué era lo correcto hacer, la decisión estaba tomada, una vez presentara yo solicitaría amablemente que se fuera. Estábamos a dos semanas de la función.
Faltando una semana, él pone un mensaje (parafraseo): "como nadie dice nada, aquí queda esta pendejada", yo le digo que el coreógrafo me confirmó ensayo al siguiente día y él procede a escribirme improperios, yo solicito que me trate con respeto y que revise cómo se refiere a mí, él pierde los estribos y me insulta a lo cual procedo yo a decirle que esa es la última falta de respeto que yo tolero de su parte y que gracias por sus servicios.
Tres días más tarde, este sujeto aparece en mi sala de ensayos con una patrulla de policía a notificarme de una denuncia por despido intempestivo donde él me pide: décimos, vacaciones, iess, etc. Me asesoro con cinco abogados y abogadas, todos coinciden en que no hay motivo alguno para la denuncia y mucho menos para llegar con patrulla.
El día de la audiencia, él se comporta como un verdadero desadaptado con el inspector de trabajo, le bota las hojas en la cara y le dice: "esta es mi denuncia", el inspector le pide que por favor le explique con sus palabras qué es lo que pide y él contesta "lo que dice la ley", es decir que desperdició completamente su posibilidad de explicarle al inspector qué era lo que pasaba, usó su tiempo para no decir nada.
Cuando me tocaba a mí responder, llega mi abogado y dice que no hay relación laboral, Luego de 10 minutos por reloj, salimos de allí; yo habiendo ganado, y él como una persona que no tiene ninguna manera de probar que tuviera una relación laboral o de dependencia conmigo por lo que no procedía su "solicitud",
Siento que su narcisismo no le permite ver lo que hace mal, y jamás va a reconocer que se comportó como un patán conmigo. Mis abogados recomendaron que le ponga una denuncia por violencia psicológica y así lo hice, pero me gustaría tener un 1% de su seguridad.
Me apena que las cosas terminaran así pero también entiendo que cuando alguien busca humillarte desde el primer instante debes frenar su proceder y pedirle que se aleje de ti, porque él siempre me pensó como una tonta inferior a él, y ahora es él el que perdió y está denunciado.
Eso decantó en mí un episodio menos violento pero igual de cuestionable en que me vi enfrentada a un hombre que cree 100% que tiene la razón y que su manera de probarlo es infravalorándote a ti, o imponiendo su machismo obsoleto sobre tu persona. He enfrentado gente que me ha dicho: "no estoy hablando contigo" cuando doy mi opinión incluso cuando soy yo la que pago o la que está a cargo.
Me ha pasado varias veces que, siendo yo la directora del grupo de teatro, hablan con los actores hombres y no conmigo.
No se pierdan el episodio II, donde cuento sobre esos "amigos" que no se dan cuenta de su proceder impropio ni porque se lo restriegues en la cara.
Y sirva este escrito para dejar en claro que no les daré la comodidad de mi silencio.
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