13 ago 2026

Al profe Hernán, y su devoción por la virgen Dolorosa

Me acabo de enterar de la noticia del fallecimiento de mi maestro Hernán Pernett Yépez. Si bien me entero bastante tarde porque sucedió el mes anterior y yo recién recibo esta información hoy, no quisiera dejar de dedicar unas palabras a quien encontró en la escritura -igual que yo-, la manera de desahogarse y de asentar sus ideas por más que nadie creyera en ellas.

Hernán Pernett fue mi profe en la universidad, y nos daba una clase que ni siquiera recuerdo el nombre ahora, era lo que diríamos "una clase más", nada trascendental en la carrera -pensaba-, hasta que lo escuché. Su pasión, su relato vehemente, su visceralidad y poco filtro pero siempre tacto para dar su punto de vista... con los años me dirigió la tesis, porque había tenido yo un drama para graduarme. Me defendió como un león, y me gradué con un 10 general del tribunal, que sé que él había orquestado.

Cuando llegó la vida profesional, él desde la dirección de cultura, y yo como recién graduada de periodista, me dijo: "ay Cristina, si tuvieras la maestría, a ti te daría el puesto de directora del teatro" porque el director del teatro de la Universidad se acababa de jubilar.

Él no lo sabe, pero gracias a su ejemplo y su muy sutil, siempre perspicaz y atinada incordia, me motivó a hacer la maestría. No me arrepentí, porque con el tiempo, los años que todo lo ponen en su lugar hicieron que yo, efectivamente me convirtiera en la directora del teatro de esa universidad por un tiempo corto. El sueño de mi vida, al que llegué porque él me dio ese regalo mediante otras manos.

Pero lo que siempre me voy a llevar en el corazón, es una tarde en que yo no tenía trabajo y habían robado mi casa, y él me compró una funda de pan y me dijo: "para que lleves a casa".
Yo, que era una niña casi, no sabía cómo agradecerle, y procedió a contarme la historia de cómo la virgen Dolorosa de la cual él era creyente, sobre esa misma calle en que estábamos, había materializado un milagro para él que le permitió darle una cena de navidad y regalos para su familia y sus hijos todavía niños en ese entonces.

Jamás me olvido de ese relato, jamás me he olvidado de lo que me defendió y me enseñó; jamás me olvido que el terremoto del 2016 le impactó profundamente su sensibilidad, le dolía su país, se conmovía con la realidad.
Y también creía en lo que no se ve, como yo creo, y quizá por eso es que nos espejábamos tanto.

Siempre fue muy viejito, así que fue para mí como un abuelito del que sabía que algún día iba a morir. Ese día ha llegado, y lejos de llorar sonrío, porque llegó a la cumbre el que siempre mereció ver un mejor Ecuador, el que siempre creyó que podía haber un Ecuador mejor.

Lo recuerdo y pienso siempre profe Hernán, no solo hoy, y su ejemplo y gallardía siempre irán conmigo, toda la vida me voy a acordar de usted. Quiero cerrar con un enorme abrazo al cielo y con la dedicatoria que le puse en mi tesis, "al profe Hernán, y a su devoción por la virgen Dolorosa".





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